Investigación en la docencia de las artes escénicas  

Dra. Pamela Jiménez Draguicevic

Coordinadora de formación docente de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro

Ilustración: Jorge Alcántara

¿Actualmente existe investigación escénica en las escuelas de enseñanza superior? Sí existe pero, desde mi experiencia como docente en los niveles de licenciatura y posgrado en el área artística, cuento con las herramientas necesarias para expresar que ésta no es suficiente. ¿Por qué?, ¿cuáles podrían ser las causas? Una es la ausencia de motivación hacia la lectura desde la infancia: si al niño no se le inculca el placer de la lectura como recreación y divertimento -como parte de la apertura a la imaginación- y de la escritura como modo de expresión esencial del ser humano, esta conexión lectura-redacción empieza a verse como tarea y obligación, como esfuerzos abrumadores de realizar… En ese contexto llegan la mayoría de los alumnos a una licenciatura escénica y, con los años, a un posgrado.

Súmese a esto la falta de sistematización del encuentro creación artística-investigación; ¿cómo documentar y plasmar bajo un método de investigación lo creado, cuando para crear ya se está investigando en sí, pues existe una conexión indudable entre la teoría y la práctica? Ante esto, cabe responder dos aspectos contundentes: 1) la falta de costumbre hacia procesos de investigación artísticos, 2) como comenta Raúl Serrano en su libro Tesis Sobre Stanislavski: «falta la aspiración hacia una teoría general del teatro que vincule y diferencie las diversas poéticas, que estructure y jerarquice entre sí las técnicas y las poéticas. Falta, en suma, sistematización».

Pasan los años y a pesar de los grandes avances en tecnología escénica, en el aspecto mencionado por Serrano no se ha dado una mutación real. La metodología de la investigación teatral y artística, en general, toma como base los parámetros científicos. La metodología sistemática en el ámbito artístico, tanto formativo como profesional, no es un tema resuelto todavía; no existe un método de investigación artístico como tal. Nos encontramos, entonces, con que todavía estamos en la necesidad de basarnos en otros métodos de investigación y tomar, por ejemplo, aspectos del método de investigación básica en cuanto al manejo de la teoría y bibliografía, y aspectos del método de investigación de intervención para el análisis de procesos de creación.

Estos métodos han servido de ayuda y guía para llevar a cabo ciertas investigaciones en los distintos campos artísticos, pero no se ha podido llegar a la raíz del problema; se han dado acercamientos de gran valor como es el de algunos filósofos -nómbrese a Mieke Bal-, que invita a que uno se permita crear su propio marco teórico a través de los conceptos. Otro acercamiento es en el ámbito teatral, en el que se ha elaborado alrededor del término «teatrología» (indagación o estudio racional del teatro), pero hay mucho que hacer al respecto para que un método de investigación, en estos ámbitos, pueda ser tomado en cuenta formalmente.

El trabajo creativo del artista es también de investigación pues conoce construyendo, por ello, la o las técnicas, desde las que se prepara y aprende, no son recetas como tales sino caminos que lo ayudarán a resolver el entramado creativo.

Entiéndase sistema como conjunto de conocimientos o elementos relacionados entre sí, que forman un todo compuesto por una idea o principio estructurado. Estos elementos, mismos que tienen una razón de ser dentro del sistema, pueden modificar a éste pero no lo cambian completamente cada vez. Método es una operación sistemática, procedimiento que se lleva a cabo para conseguir un fin determinado. Este método debe llevar una sistematización, planteando sus propias lógicas o coherencias. Según la realidad que se intenta conocer, se establece entonces el camino a seguir: método básico, aplicado, tecnológico…

Es importante tomar en cuenta que el método es un plan de acción, no la acción misma. Para que exista una operación sistemática es porque hay una hipótesis, unos objetivos, un problema a resolver; por ende, los métodos contienen teorías y, en el caso de los métodos artísticos, los métodos contienen teorías para ser llevadas a la práctica.

Es necesario contextualizar una realidad evidente: el artista muchas veces presenta dificultades para organizar el pensamiento hacia una propuesta escrita, específica y puntual; a su vez, es cada vez más multifacético pues realiza procesos creativos, invierte tiempo y esfuerzo en la función laboral que realmente lo sostiene económicamente (llámese dar clases, trabajar en instituciones culturales, en empresas con visión artística y de entretenimiento o en algo que no tiene nada que ver con el arte), y en su vida privada. Ante esta situación, impera lo creativo sobre la documentación, lo corporal sobre lo escrito. Esta es una situación que he vivido durante años al dirigir y, asesorar investigaciones y tesis. Como consecuencia, se reafirma que no es imposible pero es difícil la entrega profunda y expedita hacia una investigación artística pues, agregado a esto, los alumnos no cuentan con becas gubernamentales o institucionales lo suficientemente decorosas como para que se dediquen a ella ciento por ciento.

Ante este panorama, ¿cuál o cuáles pueden ser las estrategias? Además de cambiar la práctica educativa desde sus bases con respecto al fomento de la lecto-escritura -aspecto que, a estas alturas, no se puede poner en duda-, ¿qué hacer desde la docencia de las artes escénicas y de posgrados artísticos, desde mi visión como investigadora y creadora?

Esto es lo realmente cuestionable porque, independientemente de los análisis necesarios sobre la situación nacional educativa artística, se requiere hacer una reflexión hacia la manera en que como profesor-guía se permite la triangulación alumno-tesis-director/asesor de investigación de manera empática y eficiente.

Al respecto, especifico tres aspectos: 1) Un enfoque es guiar y puntualizar lo que el asesorado planea desarrollar, otro muy distinto es imponer y deshacer lo que el asesorado piensa y visualiza; este último enfoque realmente no ayuda, el asesorado no es extensión del pensamiento «omnipresente y omnipotente» del culto investigador con experiencia. Es necesario que exista una comunicación y confianza mutua, que haya un respeto de igual a igual para que la dinámica sea amena y no un martirio, amén de que la mayoría de los alumnos van a sufrir bastante (por lo que se mencionó antes) a la hora de plasmar su pensamiento de forma escrita.

2) Respetar y alentar diferentes propuestas con respecto a trabajos de investigación de diversos enfoques; no todos tienen por qué basarse en aspectos teóricos, las mejores tesis e investigaciones que he asesorado parten de proyectos eminentemente prácticos, de laboratorios escénicos que tienen una viveza indescriptible porque nacieron de una necesidad de transmitir algo determinado como artistas, surgieron de una conexión orgánica práctica-teoría; no hay que olvidar que uno como asesor no tiene por qué ser más experto que el asesorado en relación con el objeto de estudio que él está trabajando.

3) Interesarse como investigador también en dicho objeto de estudio, leer más al respecto, apoyar al alumno con bibliografía, leer y corregir puntualmente sus avances, ofreciéndole, dentro de una visión general clara, objetivos precisos que pueda ir realizando sin que se sienta intimidado por la cantidad de libros que necesita leer o cantidad de hojas que necesita escribir.

Finalmente, es de reconocerse que sin un encuentro real entre asesor-asesorado y la elección de un objeto de estudio pertinente -sumándole la falta de investigación y, pasión hacia la lectura y la expresión escrita que existe actualmente en México en los diferentes niveles educativos- va a ser casi imposible que pueda elevarse el índice de titulaciones por tesis o investigación. Como investigadores y asesores tenemos mucho que hacer al respecto.

 

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