22.08.2022
Dra. Sheila Irais Peña Corona
En colaboración con la Dra. Dinorah Vargas y la Dra. Adriana Mendoza.
La mayoría de las veces, al momento de elegir un champú, un juguete o una bebida embotellada vienen a nuestra mente razones por las cuales consumir una marca, modelo o ciertas características que preferimos en esos productos. Pocas son las ocasiones en las que nos preguntamos: ¿tendrá alguna sustancia que pueda dañarme?, ¿cuál de estos envases o productos liberará componentes nocivos que puedan entrar a mi cuerpo?
La industria de los plásticos ha crecido enormemente en las últimas décadas, debido a la demanda que implica el alto consumismo y el incremento de la población humana. Todos los días estamos en contacto con productos que fueron procesados a partir de materias primas plastificantes: envases para gaseosas y agua, fibras textiles para prendas de vestir, juguetes, artículos de limpieza, bolsas de residuos domésticos, productos de oficina, entre otros, lo cual hace que sea inevitable la ingesta de componentes plásticos, ya sea por el consumo de productos alimenticios contaminados -agua, comida enlatada- o por la absorción de plastificantes a través de la piel -manejo de papel térmico, productos de higiene y belleza-.
En general, se requiere que los plastificantes utilizados en productos de uso cotidiano cumplan con características como: alta maleabilidad y estabilidad en temperaturas altas. Ante ello, era común utilizar el bisfenol A (BPA) como monómero para la producción de dichos productos. Actualmente, es sabido que el BPA tiene efectos cancerígenos y tóxicos a nivel hormonal, por lo que se han utilizado moléculas con estructura química similar como el bisfenol S, el bisfenol AF, el bisfenol C, que prometen no provocar efectos nocivos y que tienen ventajas de uso en la industria de plásticos, como mayor resistencia al calor.
En los últimos años, el trabajo de investigadores alrededor del mundo ha comprobado que los bisfenoles «similares» al BPA provocan efectos tóxicos similares al mismo; además, hay estudios que indican que el reemplazo progresivo del uso bisfenoles alternativos al BPA ya se ha visto reflejado en poblaciones humanas, pues ambos compuestos o sus metabolitos se han encontrado en fluidos y secreciones de personas. Aunado a lo anterior, es necesario comentar que se necesitan concentraciones muy pequeñas para que los bisfenoles puedan producir un efecto tóxico, lo cual hace pensar que la ingesta, por muy baja y esporádica que sea, puede traer consecuencias graves a nuestro cuerpo.
Sin embargo, no se debe perder de vista que todo organismo biológico está preparado para metabolizar las sustancias exógenas y que, en la mayoría de las ocasiones, el trabajo que se realiza en los laboratorios de investigación se da en modelos animales que no tienen el mismo metabolismo que los humanos, además, de que las dosis administradas son mucho mayores a las que consideran altas para el consumo humano. Por supuesto que hay otros estudios en modelos animales realizados con dosis muy pequeñas, incluso menores que las establecidas para los humanos, con resultados similares.
La diversidad de efectos observados se debe a que los bisfenoles no tienen efectos dosis-respuesta lineales y que aún hace falta investigación para conocer con certeza cómo actúan dentro del cuerpo, lo que hace más complejo el entendimiento de sus efectos.
Por supuesto, no queremos minimizar el efecto que pudiesen provocar los plastificantes en varios sistemas del cuerpo humano, sino saber que -como son compuestos que se encuentran casi de manera ubicua en la vida cotidiana- debemos lidiar con ellos, tratando de disminuir en la medida de lo posible su consumo.
En nuestra experiencia con el estudio de estos compuestos consideramos que para disminuir en gran medida la ingesta de plastificantes que puedan funcionar como disruptores endocrinos:
Los bisfenoles están relacionados con alteraciones hormonales, infertilidad, diabetes mellitus, entre otras, especialmente cuando se ingieren en periodos tempranos de la vida, como la etapa perinatal, la niñez y adolescencia, cuando los organismos son susceptibles a cualquier alteración endocrina por muy pequeña que sea.
En nuestra opinión, es casi imposible evitar totalmente la ingesta de plastificantes, pero sí es sumamente importante disminuir su consumo para mejorar la calidad de vida y disminuir el riesgo que conlleva la exposición constante a éstos.