¡SERENDIPIAS! 

¡Serendipia! Implantes dentales  

Frecuentemente empleados en la práctica odontológica actual, los implantes dentales fueron ideados a partir de un hallazgo inesperado, cuya migración a la aplicación clínica estuvo obstaculizada, durante años, por la renuencia de la comunidad científica a implementarlo.

 

Fue el cirujano ortopedista sueco, Per-Ingvar Brånemark, quien interesado en el estudio de la microcirculación de los huesos y sus problemas de cicatrización en vivo, empleó la técnica de microscopía vital por transiluminación para examinar los fémures de conejos. Todo ello a inicios de la década de los 50 del siglo pasado, en el Laboratorio de Microscopía Vital de la Universidad de Lund, Suecia, en donde Brånemark había estudiado un doctorado.

 

Dicha técnica permitía la observación de los eventos microscópicos de la cicatrización ósea, al hacer pasar la luz a través de los tejidos. Para ello, Brånemark y su equipo desarrollaron una pequeña cámara óptica, que alojaron en un cilindro de titanio para posteriormente enroscarla en el fémur de los conejos de experimentación.

 

Inspirado en ciertos dispositivos insertados en las orejas de los animales en Inglaterra, Brånemark no encontró el material del que eran fabricados en su país natal, el tantalio, por lo que decidió sustituirlo por titanio sin esperar lo que su decisión le traería.

 

Era 1952 y el estudio había transcurrido algunos meses, por lo que llegó el momento de retirar las cámaras para su reutilización y… ¡serendipia!, los cilindros estaban completamente adheridos al hueso de los animales. Sin comprender la potencialidad de su descubrimiento, Brånemark repitió el estudio pero ahora en brazos humanos de voluntarios y, al paso del tiempo, al ver cómo los tejidos blandos y duros interactuaron sin rechazo ni signos de inflación con el titanio, pensó en una posible aplicación.

 

Al fenómeno le llamó osteointegración y, a partir de ese momento y durante una década, experimentó con perros Beagle hasta que en 1965, aplicó por vez primera cuatro implantes a un hombre que padecía de una deformidad en la mandíbula y la falta de algunas piezas dentales. El resultado fue satisfactorio, sin embargo, la comunidad científica desconfió del tratamiento y le acusaron de usurpar en la odontología sin respaldo académico.

 

El Consejo Sueco de Salud encomendó a un grupo de tres odontólogos a evaluar los resultados obtenidos en los pacientes de Brånemark, mientras que éste capacitó a otro grupo de odontólogos canadienses en su tratamiento. Para entonces, era 1982 y la aceptación internacional al fin llegaría, los estudiantes canadienses de Brånemark organizaron la Conferencia de Toronto de Osteointegración en Odontología Clínica, donde fue aceptado el tratamiento con implantes existoso dentro del rigor científico mundial. A partir de entonces, los implantes dentales son una realidad en la restauración dental.

 

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