Contacto Visual

El arte ante una encrucijada III

18.10.2017

M. Carlos-Blas Galindo 

Ilustración: Jorge Alcántara 2017

 

 

Se trata de desarrollar un arte que sirva para algo más que para ser arte y, por ende, mercancía. Ese arte nuevo no tendría que depender de procesos de legitimación como los del mainstream y sus museos, galerías, ferias y curadores, sino de sistemas de valoración que descansen en principios de diversidad cultural. Ese arte por venir eludirá los linderos disciplinares.

 

Como se sabe ya existen, hoy en día, ejemplos artísticos multidisciplinares (como la videodanza y los videoclips), de transdisciplina (como el net-art u obras de realidad virtual, de postfotografía, de arte sonoro y de poesía visual) y de metadisciplina (como muchas obras de videoarte registradas con cámaras de teléfonos celulares y alojadas en sitios web de libre acceso). Pero como también se sabe, su existencia no equivale a un apartamiento del mainstream. Empero, lo no disciplinar continuará su marcha hasta que arribemos a los tiempos de un arte nuevo.

 

Ese otro arte habría de ser abierto, de modo que en él tengan cabida múltiples variantes estilísticas. Asimismo, se espera que resulte heterogeneizante, de manera que en él se reconozcan las variantes culturales, tanto de autores como de destinatarios, y que no se traten de disimular, ni menos todavía de ocultar, las improntas de época y de lugar que nutren a todas las obras de artes visuales o conceptuales.

 

El arte que sustituya al del mainstream imperante será realizado por autores que consideren a sus destinatarios; esto es, será un arte para públicos específicos, tal y como hemos aprendido del uso de los blogs y de la práctica del grafiti, por ejemplo. Relacionado con lo hasta aquí mencionado en lo que toca a las características de un arte ulterior al imperante, cabe anticipar que resultará de procesos de transculturación, de los que quepa nutrirlo de componentes de procedencias distintas, incluidas algunas rescatadas de la tradición occidental, así como de otras típicas del mainstream, mas no con una postura de sumisión ante los orígenes de tales elementos.

 

De manera convergente, quienes se ocupen de elaborar ese arte futuro habrán de escapar de la subalternidad y de lo satelital para asumirse como protagonistas de la cultura artística del tiempo que les toque vivir. Es verídico que no cabe anticipar del todo cómo podría ser el arte que llegará a ocupar el sitio que hoy detenta el arte global predominante, sin embargo, sí es posible identificar unas características más, amén de las citadas, de ese arte que desde ahora socave los basamentos del imperante. Una de ellas es la irreverencia.

 

El arte del futuro no tendría por qué ser siempre irreverente. O no todo ese arte. Pero ante la rigidez de la muy estricta canónica que en la actualidad norma al mainstream -la cual, como se sabe, es todavía más inflexible que la que regía en tiempos de las artes plásticas académicas del siglo XIX-, urgen altas dosis de irreverencia. Muchas personas le conferimos al arte elevadísimos rangos de importancia. Aun así, cabe anticipar que el arte por venir dejará de ser artecentrista para devenir cada vez más un arte humanista e, incluso, tendiente hacia lo espiritual.

 

El arte del futuro no será solo un arte de carácter público, pero retomará del grafiti y de otras manifestaciones públicas esa dualidad de estar dirigido a destinatarios específicos y de ser incluyente. Por demasiadas razones (unas que son extra-artísticas y otras que no lo son), urge ya un activismo artístico. Es de esperar que, en un futuro no muy lejano, el artivismo constituya una vía creciente para las artes visuales y conceptuales, derrotero que estará vinculado con sus aspectos solidario y comunitario.

 

Pero sin duda, lo más relevante para la existencia de un arte que no constituya la exacerbación del mainstream actual será el hecho de que ese arte habrá de ser femenino y feminista; esto es, democrático, antiautoritario y antirrepresivo, entre otras beneficiosas características.

 

En el proceso que llevará hasta una drástica transformación del campo artístico, en los circuitos instituidos para la distribución y, el consumo de artes visuales y conceptuales, inicialmente coexistirán productos del mainstream (para entonces en su fase de obsolescencia) con productos del nuevo arte. En esta fase cobrarán una importancia sin precedentes las redes distributivas y consuntivas independientes para dar cabida temporal a los productos recientemente elaborados. Tal vez las ferias subsistan pero, su carácter dictatorial ante el quehacer artístico, disminuirá drásticamente. En los tiempos por venir, tanto los curadores afines al mainstream como los que no lo somos abandonaremos esa imagen próxima a la de demiurgos, con la que se nos ha querido ver, y compartiremos las responsabilidades inherentes a contribuir al desarrollo de la cultura artística con los demás expertos de nuestro ramo. Y de manera muy especial, lo haremos con los artistas visuales y conceptuales.

 

La anticipación del futuro, si bien cuenta con amplios rangos de especulación, resulta algo que no únicamente es factible, sino que constituye un ejercicio indispensable si lo que se quiere es reflexionar acerca de las necesidades culturales de los tiempos por venir y proponer algunas posibles soluciones para subsanarlas desde ahora mismo. Ya el recientemente fallecido historiador marxista británico Eric Hobsbawm (1917-2012), quien fuera profesor en la Universidad de Londres, se ocupó de trazar diversas rutas viables, con base en el profundo conocimiento que llegó a tener de la historia del siglo XX, en la espléndida conversación que sostuvo con el italiano Antonio Polito, publicada con el título de Entrevista sobre el siglo XXI.1 Y, en lo que concierne a las artes visuales y conceptuales, el teórico y sociólogo materialista del arte Juan Acha (1916-1995), quien fuera un destacado profesor en el posgrado de nuestra entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas, escribió en 1991 su texto Nuestro futuro estético, a solicitud del también sociólogo del arte Adolfo Colombres (1944), coordinador editorial del libro América Latina: el desafío del tercer milenio2, en el que el ensayo de Acha está publicado: «Estoy convencido respecto a que el descontento con el presente ha de superar su mero rechazo y ha de evitar a toda costa el añorar alguna fase histórica anterior. Preludiar el futuro, en cambio, más que una práctica literaria del ámbito de la ficción científica, equivale a permitir que tal descontento derive en algo fructífero, para bien de nuestra sociedad. Resulta urgente e indispensable que pensemos en el arte del futuro y, sobre todo, que lo hagamos posible».

1HOBSBAWM, Eric J., Entrevista sobre el siglo XXI. Al cuidado de Antonio Polito.

Barcelona, Crítica, 2004.

2COLOMBRES, Adolfo, coord. América Latina: el desafío del tercer milenio.

Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993.

                                          El arte ante una encrucijada II

Mtro. Carlos-Blas Galindo Mendoza

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