Píldoras Médicas

28.02.2020

¿Qué sabemos de los coronavirus?

Dr. Carlos M. Arróyave Hernández

Mapa de casos de COVID-19 a nivel global por John Hopkins CSSE

Reciben el nombre de coronavirus porque de sus membranas salen unos picos que asemejan la corona del sol. Los coronavirus son una gran familia de virus aislados tanto en humanos como en animales, descubiertos en los 60, cuyo origen es desconocido. Algunos de ellos pueden producir enfermedades respiratorias, que van desde un resfriado común hasta un síndrome respiratorio agudo severo que puede terminar con la muerte de la persona que lo contrae. Como factores de alto riesgo tenemos a las personas de edad avanzada, inmunodeprimidas, con diabetes o algún padecimiento respiratorio o cardiovascular. La época del año en que son más frecuentes las infecciones son en otoño e invierno.

 

De los coronavirus conocidos que causan enfermedades respiratorias, además del COVID-19, tenemos al SRAS-CoV, que causa el síndrome respiratorio agudo grave oscilando su mortalidad entre 9 %y 12 %. El MERS-CoV en Arabia Saudita se descubrió, por su parte, en 2012 con una letalidad de 35 % y cuyo reservorio -u organismo que aloja al virus- es probable sea el camello. Por último, destacan los coronavirus asociados con el resfriado, que son el tipo 22gE y el OC43.

 

La forma de contagio es directa al tener contacto con una persona enferma, a través de gotitas de fluido que provienen de la tos, los estornudos y el habla.

 

Las medidas fundamentales para evitar un contagio siguen siendo las asumidas para cualquier enfermedad respiratoria: lavarse las manos -sobre todo si se ha estado en contacto con personas enfermas-, cubrirse la boca al estornudar, usar mascarilla si se va ha estar en contacto con personas enfermas de vías respiratorias, evitar en estos tiempos la asistencia a sitios concurridos o en los que se sepa haya personas con algún problema respiratorio fuera de lo común. En la última situación, acudir al médico lo antes posible. Es recomendable en este momento evitar el consumo de productos animales crudos o poco cocidos.

 

Con respecto al uso de la mascarilla, ésta debe de ser usada por aquellas personas que tengan tos, estornudos o algún problema respiratorio. Si la persona está sana, su utilidad es controvertida, pues el tamaño del virus es tal, que es posible pase a través de éste si se está en contacto con pacientes infectados. También hay que ser precavidos con el tocarla con las manos, pues si uno lo hace constantemente, ésta puede ser la causante de una infección. Si uno estornuda o tose y se usa un papel u otro material para cubrirse la boca y nariz, éste debe desecharse y no guardarse.

 

El espectro sintomatológico inespecífico de esta enfermedad va desde aquellos que no presentan síntoma alguno hasta los que pueden reportar: secreción y goteo nasal, tos, dolor de garganta y de cabeza, fiebre, malestar general y escalofríos.

 

En cuanto a severidad de la enfermedad, la Organización Mundial de la Salud, después de analizar 17 000 pacientes, sugiere que 82 % tiene una enfermedad leve, se agrava en 15 % y alcanza un nivel critico en sólo 3 % de los casos.

 

El virus es muy contagioso y se sabe que cada paciente infectado puede pasar el virus a dos o tres personas. Este valor hace pensar que este brote no desaparecerá fácilmente. Además, hay contagios asintomáticos que son difíciles de detectar y, por lo tanto, complican la determinación de estas fuentes importantes para detener la enfermedad. Tener en cuenta que el periodo de incubación -es decir, el tiempo que pasa entre el momento en el que una persona se infecta y aparecen los primeros síntomas- es de 14 días.

 

Los modelos matemáticos de propagación del virus sugieren que la verdadera escala del brote podría ser diez veces mayor que las cifras oficiales. Se estima que el número de casos se duplica de cada cinco a siete días.

 

Es posible que el verano ayude a detener el brote considerando las altas temperaturas y que las escuelas estarán cerradas. A la fecha, no se ha observado que el virus este mutando.

 

El diagnostico suele hacerse mediante un cultivo de nariz o garganta, o a través de un análisis de sangre. Cuando hay algún compromiso respiratorio pulmonar son verificadas, con una tomografía de tórax, las condiciones pulmonares del paciente.

 

El tratamiento suele ser sintomático, ya que no existe a la fecha vacuna para éste. Se espera que se tenga ésta para fines del presente año. Son útiles los antivirales, así como los esteroides y algún soporte de oxígeno, si lo requiere el paciente.

 

Al día 28 de febrero del presente, se ha detectado este virus en 62 diferentes países. A la misma fecha, en México se ha reportado el primer paciente que, al estudiarlo minuciosamente, se ha confirmado como portador del coronavirus COVID-19.

 

De acuerdo con el investigador Ball, deberíamos de preocuparnos no únicamente por este virus, sino por cualquiera que infecte a un ser humano, ya que una vez que se reproduce dentro de una célula, puede comenzar a generar mutaciones y permitir que se propague más fácilmente y se vuelva más peligroso.

 

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