09.04.2020

¿Qué hace el coronavirus SARS-Cov-2 a nuestro organismo?  

Dr. Carlos M. Arróyave Hernández

Fotografía: Jorge Alcántara 2020

Cuando uno tiene fiebre, tos y dificultad para respirar, lo más seguro es que consultemos a un médico, pues la presencia del primero nos hace pensar inmediatamente en que contrajimos una infección. Casi siempre tenemos una gripa y si ésta se repite con frecuencia, es probable que tengamos una alergia. En la mayoría de los casos, usamos medicamentos caseros o algún otro que tengamos en casa y que hemos utilizado en otras ocasiones.

 

Las pequeñas partículas de líquido que se expulsan al toser pueden ser las causantes de la enfermedad, pues éstas llevan consigo al microrganismo que produce enfermedad (una bacteria o un virus). Así, los primeros sitios a donde llegan son a nuestra nariz, faringe y garganta.

 

Tratándose del coronavirus SARS-Cov-2, que tiene en su superficie formaciones semejantes a agujas, éste se engancha en la membrana de cualquier célula que encuentra a su alrededor y le hace un agujero por el que salen sustancias de su interior provocando un proceso inflamatorio, en el cual intervienen estas moléculas y otras que son atraídas al sitio lesionado de la célula.

 

Al mismo tiempo, por una de las perforaciones en la membrana de la célula, los virus entran y toman el comando de las funciones de ésta para que, en lugar de hacer su trabajo rutinario, ahora ordenen que les ayuden a multiplicarse. Cuando hay suficientes nuevos virus dentro de esa célula, ésta se revienta e infecta a las células que están a su alrededor aumentando, de esta manera, el sitio lesionado. Este proceso se inicia en nuestras fosas nasales y faringe pero, por continuidad, se extiende hacia los bronquios, donde el proceso destructivo de las mucosas impide que haya suficiente oxígeno y se inicie una respiración más frecuente.

 

Debido a la acumulación de desechos de las células destruídas en los bronquios, se presenta un acumulo de líquido en nuestros pulmones con una disminución importante de la captación de oxígeno, lo que conlleva a un cuadro de insuficiencia respiratoria. En ese momento, debido a la falta de aportación de oxígeno a nuestros tejidos, se puede utilizar una mascarilla que suministre oxígeno y aire a presión; si embargo, si la dificultad para respirar es mayor, se emplea un respirador artificial (ventilador), procedimiento realizado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), ya que si el problema es importante y no es resuelto de inmediato, puede llegar a producir la muerte del paciente.

 

El respirador artificial o ventilador es un aparato que respira por el paciente, introduce y extrae aire a presión con una concentración controlada de oxígeno; para ello, se introduce un tubo por la nariz o por la boca que, por un extremo, llega hasta la tráquea y, por el otro, se conecta al ventilador. Muchas veces es utilizado porque el paciente reporta que le es dificil respirar y esto le hace sentir muy incómodo.

 

Cuando un paciente se encuentra en una UCI para tener un mejor control de su condición respiratoria, se le monitorea la presión arterial, la frecuencia respiratoria, la frecuencia cardiaca y la saturación de oxígeno. También, se le hacen estudios de laboratorio y gabinete que ayudan en su diagnóstico integral y tratamiento. Al laboratorio se le solicita la cuantificación de gases (oxígeno y dióxido de carbono) y de gabinete, lo habitual es solicitar radiografías de tórax para evaluar la trama pulmonar.

 

El uso del ventilador no está exento de complicaciones que, si bien no se presentan siempre, hay que considerarlas. Las más importantes son:

 

  1. Infecciones por el ingreso de bacterias a través del tubo que se coloca hasta la tráquea o mediante una traqueostomía.
  2. Colapso pulmonar, debido a tejidos pulmonares débiles.
  3. Daño pulmonar, por el aire que se está introduciendo a presión.

 

Afortunadamente, en el caso de la enfermedad COVID-19, alrededor de 80 % de los pacientes tiene síntomas muy leves y no requiere ventilador. Dependiendo de muchos factores, no es más de 10% de los pacientes el que requiere de este dispositivo. El tiempo de uso de un ventilador artificial es variable y distinto en cada caso, por lo que médico tratante analiza la evolución de cada paciente.

 

Debido a que los vasos sanguíneos pueden ser dañados por la interacción entre el coronavirus SARS-Cov-2 y el sistema inmune del paciente -que trata de defenderlo por medios tanto inespecíficos como específicos-, puede presentarse un acumulo de líquido en los tejidos pulmonares, el cual cuando es importante, se observa en las radiografías de tórax como manchas blancas.

 

Lo anterior es más evidente cuando se cuenta con una tomografía computarizada de los pulmones, ya que nos permite evaluar la presencia de opacidades o consolidación tisular, número de lóbulos afectados, presencia de nódulos, derrame pleural, aumento de ganglios linfáticos y la presencia o no de patologías agregadas.

 

La primera publicación de resultados radiológicos -en febrero de 2020- menciona que estos pacientes tienen -mediante la observación de tomografías computarizadas- opacidades nodulares, el patrón de pavimentación local y una distribución periférica de la enfermedad. Algunos mostraron cavitación pulmonar, nódulos pulmonares aumentados de tamaño y derrames pleurales. Cuando se compararon los hallazgos radiológicos de neumonía de pacientes con coronavirus SARS-Cov-2 y otras enfermedades virales, los primeros presentaban una mayor distribución periférica, opacidad de vidrio despulido y engrosamiento vascular. El estudio comparativo fue estadísticamente muy significativo.

 

La evaluación integral de un paciente es la base del éxito para poder minimizar las complicaciones y, colateralmente, evitar la propagación de la enfermedad por los contactos que la persona pueda tener. Los estudios radiológicos no deben de usarse para detectar o hacer diagnóstico, están indicados en pacientes hospitalizados y son auxiliares en la evolución de la enfermedad.

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