Las vacunas contra la COVID-19  

22.01.21

Dr. Carlos M. Arróyave Hernández

Fotografía: Jorge Alcántara 2021

Este tema, aunque nuevo, ha generado una gran cantidad de comentarios que, en ocasiones, dificultan la decisión de vacunarse en algunas personas; esto debido a miedos infundados diseminados por las redes sociales y en conversaciones con personas que utilizan términos médico-científicos antes utilizados únicamente por personas calificadas.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define vacuna como una preparación destinada a generar inmunidad, o sea, protección contra una enfermedad, al estimular la producción de anticuerpos -llamados defensas- de la persona vacunada.

 

Cabe mencionar que la preparación y aprobación para uso regular de una vacuna en el siglo pasado, como la de las paperas, tomó cuatro años. La tecnología actual ha revolucionado tanto en el campo de la investigación llevado a la clínica, que los tiempos se han acortado. Tal ha sido el caso de la COVID-19. Con los adelantos tecnológicos podemos tener la secuencia genética de un virus en pocos días y, de esta manera, utilizar parte de ésta para los programas de producción de vacunas.

 

Como punto importante para la COVID-19 tenemos que en los EE.UU., al momento, hay dos vacunas aprobadas para su uso de emergencia, las correspondientes a las farmacéuticas Pfizer-BioNTech y Moderna; mientras que en fase de aprobación hay tres más, las de Astra Seneca, Janssen y Novavax.

 

Por otra parte, en investigación -alrededor de la fase preclínica con animales de experimentación- existen unas 164 vacunas y en su fase clínica, 48. Estos números, no obstante, pueden ir cambiando en el futuro. Las vacunas de CanSino y Sinovac en China y la de Gamaleya de Rusia han logrado autorización para uso de emergencia en ciertos países.

 

Un dato importante es que las vacunas han sido aprobadas para su uso de emergencia y no para su uso regular. En el caso del uso de emergencia, se requiere que en la última fase de investigación en el humano, se le de seguimiento a las personas vacunadas durante dos meses, luego haber sido inoculadas. Este tiempo está basado en el hecho de que las observaciones de efectos indeseables de las vacunas conocidas hasta hoy, aparecen cuanto mucho en un tiempo que varía de los 30 a los 45 días, por lo que se requiere para su uso de emergencia de 60 días de observación

 

El concepto de «uso de emergencia» es importante porque la cantidad de personas observadas no es tan grande en comparación con las vacunas de uso regular, las cuales han sido observadas en mucho más tiempo y, por lo tanto, en un número mayor de personas.

 

En la aprobación de la vacuna de Pfizer-BioNTech se reportaron las reacciones indeseables de una población de 44 000 personas y en la de la Moderna de 30 000. Una diferencia importante entre ambas es que la primera debe almacenarse a -75° C dentro de ultracongeladores, por un tiempo máximo de cinco días antes de caducar. La vacuna de Moderna se puede almacenar en congeladores normales, que están alrededor de -17° C, por lo que no requiere de una red especial de transporte, lo que la hace más accesible en lugares donde no se cuenta con el equipo adecuado.

 

Los requisitos fundamentales de una vacuna son:

  • Que sea segura y que no produzca efectos secundarios graves.
  • Que sea eficaz y que se pueda distribuir a cualquier lugar.
  • Que se pueda producir en gran escala.
  • Que su costo sea bajo o accesible para su uso en países en vías de desarrollo.

 

La eficacia de la vacuna de Pfizer es de 95 % y de la Moderna de 94.1 %. Ambas requieren de dos aplicaciones. En el caso de la Moderna, de 1500 participantes utilizando vacuna placebo, 185 desarrollaron la enfermedad, 30 manifestaron la forma grave de la enfermedad y uno murió. Del grupo que recibió la vacuna, 11 desarrollaron enfermedad pero ningún caso fue grave. En este grupo, 10 % fue de personas de color y 20 % fueron hispanos o latinos. En los reportes de Pfizer, de 10 % a 15 % de los sujetos inmunizados con la vacuna reportaron efectos secundarios notables.

 

¿Cuáles son los efectos indeseables de estas vacunas?

 

Dolor en el sitio de aplicación, a veces con enrojecimiento del área; cansancio; dolor de cabeza; dolor muscular; sensación de estar enfermo; escalofríos; fiebre; náusea e inflamación de ganglios. Existe la posibilidad, muy remota, de una reacción alérgica a la vacuna contra la COVID-19, la cual se presenta minutos después de su aplicación, por lo que una vez aplicada, hay que esperar un tiempo adecuado para observar si hay la presencia inmediata de alguna reacción. En estos casos, hay dificultad para respirar, edema de la cara, taquicardia -o sea, aumento del ritmo cardiaco-, ronchas distribuidas en todo el cuerpo, debilidad y mareo. Esta reacción no se presenta días después de su aplicación.

 

En el momento actual, las vacunas están indicadas en personas mayores de 16 años de edad. Antes de aplicarse la vacuna, hay que reportar si la persona tiene algún tipo de alergia, fiebre reciente, alguna enfermedad hemorrágica, presencia de embarazo, lactación y si ha recibido alguna vacuna contra la COVID-19. En los EE.UU., a finales de enero o principios de febrero de 2021, se iniciarán las investigaciones para ampliar la cobertura a niños y adolescentes.

 

En cuanto a la duración de la protección, hay que considerar dos situaciones diferentes:

 Haber tenido la enfermedad (inmunidad natural). La duración de protección es prolongada y depende el tiempo del tipo de enfermedad y respuesta individual.

 Haber sido vacunado contra la COVID-19. El tiempo de protección aún se desconoce. En forma general, podemos decir que después de la segunda aplicación de la vacuna, debemos de esperar unos 20 días más para pensar que tenemos la inmunidad que nos asegura no desarrollar la infección. Es importante saber que si alguien con el virus nos infecta, la persona no se enferma, pero es una fuente de infección para personas susceptibles.

 

Se ha observado en algunas personas una segunda reinfección por COVID-19, pero se puede decir que es muy poco probable que suceda en los 90 días posteriores a la primera infección.

 

Si deseamos que una enfermedad infecciosa como la COVID-19 se controle por medio del uso de vacunas y poder obtener lo que se llama inmunidad de rebaño, debemos de cubrir entre 60 % y 70 % de la población susceptible. Si consideramos la inmunidad general, en la que tenemos a personas que la adquirieron por enfermedad y las vacunadas, debemos de pensar en 70 % a 85 %.

 

Si ponemos como ejemplo una ciudad que ha tenido elevada mortalidad y contagios, como es el caso de Nueva York, en el momento actual cuenta con una inmunidad de 22 %, o sea, si dejamos la gente enferme para llegar a una protección adecuada, tendrían que morir muchos. En los EE.UU., si se aplican a partir de este momento un millón de vacunas por día, será hasta el mes de septiembre cuando se tenga una cobertura adecuada.

 

¿Qué tipo de vacunas hay y qué tiene de diferente la de ARNm?

 

Las vacunas pueden ser preparadas con virus vivos atenuados o inactivados, que son las que se usan actualmente para proteger a los niños. En la preparación de estas vacunas, debemos de tener una gran producción de virus en el laboratorio. Éstas utilizan una forma debilitada del virus simulando, entonces, una infección natural y creando, así, una respuesta inmunitaria fuerte y de larga duracion (vacuna rusa Sputnik, CanSino Bilogical, Johnson &Johnson y AstraZeneca / Oxford).

 

Hay otras vacunas preparadas con subunidades proteicas, o sea, una sola secuencia de proteínas del virus, las cuales para ser efectivas requieren de ser aplicadas con un adyuvante. Las hay preparadas con virus modificados conocidos como vectores virales. Éstas se producen en cultivo de células madre, lo que hace que su preparación sea lenta, siendo este mecanismo el usado en las primeras vacunas contra la COVID-19 de los laboratorios AstraZeneca y el Centro Nacional de Investigación Epidemiológica Gamaleya en Rusia.

 

Considerando los efectos indeseables y la facilidad de tener la vacuna de ARNm pensamos que no es recomendable el uso de vacunas de virus atenuados.

 

Las técnicas más recientes utilizan ácidos nucleicos, es decir, fragmentos sintéticos hechos en el laboratorio. Estas vacunas no tienen virus o fragmentos de éstos. Este tipo de compuestos, ADN o ARNm, se han utilizado por décadas en los laboratorios de investigación teniendo la ventaja de que las preparaciones se pueden estandarizar y ampliar para el desarrollo de vacunas en muy poco tiempo.

 

La diferencia entre ADN y ARNm es que el primero es de doble cadena y el segundo de una sola cadena. El ADN siempre estará en el núcleo y el ARNm puede quedarse en el citoplasma. Este ARNm llega a los ribosomas, que son unas partículas celulares hechas de ARN y proteínas que sirven como sitio para la síntesis de proteínas de la célula, donde el ARNm es leído y las células producen las proteínas del virus sin estar en contacto con él. Cuando la célula observa que esta nueva proteína es extraña, se inicia la producción de anticuerpos. En el caso de la COVID-19, la célula codifica una estructura llamada glicoproteína del pico de la superficie del virus y, una vez que nuestras células reciben la información, las células descomponen las instrucciones del ARNm para deshacerse de ellas.

 

La OMS menciona que los científicos de todo el mundo tratan de entender mejor los cambios en el virus y su impacto social. La decisión de vacunarse con una u otra vacuna depende de cada persona, una vez que ésta haga el análisis médico-científico de las propiedades de éstas. Lo que científicamente no es justificable, es el no vacunarse.

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