Píldoras Médicas

06.12.2021

Infección con COVID-19, asociada con deportes al aire libre y el salón de clases  

Dr. Carlos M. Arróyave Hernández

Invencible. Jorge Alcántara 2021
Dr. Carlos M. Arróyave. Fotografía: Jorge Alcántara

En China fue reportada la infección de 7324 personas por COVID-19 mientras llevaban a cabo actividades al aire libre. En un estudio, de 232 000 infecciones, se encontró sólo un caso por cada mil individuos que pudiera ser resultado de un contacto en lugares abiertos. Durante el verano de 2020, se hizo un seguimiento de diez semanas a 9100 adolescentes jugadores de futbol soccer en los EE.UU. y se tuvo un sólo caso de infección por COVID-19. Finalmente, en una escuela preparatoria se hizo el seguimiento de 30 000 atletas, que arrojó que de 23 000 infecciones reportadas, únicamente una se pudo relacionar con la actividad deportiva.

 

Otro caso. Varios jugadores de rugby no usaron cubrebocas y fueron reportados infectados con el virus; sin embargo y a pesar de que sus equipos jugaron con ellos, no se encontró que alguno de los jugadores de su equipo o del equipo adversario fueran infectados durante el juego.

 

Muchas de las infecciones por COVID-19, asociadas con deportes al aire libre, han sido resultado del contacto fuera de la actividad deportiva como tal, es decir, a través de la compartición de alimentos y durante el transporte de los jugadores en vehículos particulares, en donde ninguno de ellos usó cubrebocas o éste no fue usado en condiciones adecuadas.

 

En una escuela, los directivos son responsables de que los entrenadores modifiquen sus programas, de tal manera, que no haya mucho contacto físico entre los jugadores y que durante las prácticas se sigan las reglas de distanciamiento entre ellos:

 

  • Que la práctica se lleve a cabo con grupos pequeños.
  • Que se viaje al campo fuera de la escuela en condiciones adecuadas, usando cubrebocas.
  • Que se evite el que se toquen con la mano las superficies en donde se práctica el deporte o los equipos que se emplean.
  • Que no intercambien equipo entre los jugadores, sobre todo, si usan cascos.
  • Que durante el tiempo en el que tengan que estar en el área de vestidores, se guarde la distancia adecuada, se evite compartir alimentos y botellas con líquidos hidratantes.

 

En general, la frecuencia de infecciones reportadas durante actividades deportivas al aire libre es similar a la reportada en su comunidad de origen. El no usar cubrebocas -en la teoría y en la práctica- no representa un riesgo de contagio si se siguen las reglas mínimas, como el que los jugadores no estén infectados al inicio del juego.

 

El cubrebocas no deberá de ser usado por porristas, nadadores, gimnastas, deportistas que usan cascos que cubren parcialmente la cara -como los ciclistas- o cualquier otro deportista al que éste obstruya parcialmente la actividad visual o deportiva.

 

El cubrebocas deberá de ser usado en todo momento por entrenadores, oficiales del deporte, voluntarios y espectadores. Este último grupo deberá de seguir las reglas establecidas por la autoridad respectiva del lugar en donde se lleve a cabo la actividad deportiva.

 

Es fundamental que toda persona, sobre todos niños y adolescentes, reinicie sus actividades deportivas y físicas con la familia y amigos, ya que ambas son importantes para su desarrollo físico y psicológico.

 

Es preciso tener en consideración que la identificación de una persona adulta con cubrebocas por otro adulto es difícil. Este reconocimiento es mucho más difícil para un niño, tomando en cuenta que algunos estudios han mostrado que es alrededor de los 14 años cuando la persona es capaz de iniciar el reconocimiento de una cara en su totalidad al ver sólo una parte de ella.

 

La visualización de la cara permite a una persona poder desarrollar habilidades de socialización y comunicación sin muchas veces tener otra forma de hacerlo. Esto es más complicado cuando tratamos de observar estados emotivos a través de la expresión de la cara. Las autoridades escolares en cada sitio deberán de evaluar el potencial del desarrollo psicosocial de un niño, entre los seis y 12 años, y decidir la importancia o no del uso de cubrebocas.

 

En Inglaterra se encontró que la infección escolar más frecuente es de maestro a maestro. El Centro de Enfermedades Contagiosas de EE.UU. encontró que el portador más importante -como foco de infección- en las escuelas era el maestro. Únicamente en un caso de nueve grupos estudiados de varios maestros y alumnos, el alumno fue el portador de la infección.

 

El uso de cubrebocas no ha de interpretarse como la ausencia de riesgo, al igual que el exceso de medidas preventivas no equivale a riesgo cero. Hay que considerar que un niño necesita ser niño para poder ser un adolescente y, finalmente, un adulto normal.

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