28.05.2022

En la búsqueda de la imagen completa del neurodesarrollo. Parte I  

Dr. Manuel Hinojosa Rodríguez

Decisión informada. Fotografía: Jorge Alcántara 2022
Dr. Manuel Hinojosa Rodríguez

La neuroimagen ha evolucionado de manera vertiginosa en las últimas décadas convirtiéndose, a nivel internacional, en una herramienta imprescindible para la práctica médica orientada a las neurociencias. El término neuroimagen hace referencia al conjunto de técnicas imagenológicas, que permiten obtener información a partir de imágenes del sistema nervioso. Dicha información puede contener desde una simple «fotografía» del cerebro hasta «mediciones» precisas de las diversas estructuras encefálicas y/o de la actividad cerebral.

 

Existen diversas técnicas de neuroimagen entre las que destacan la tomografía computarizada (CT, por sus siglas en inglés), la tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés), la tomografía computarizada por emisión de fotón único (SPECT, por sus siglas en inglés), la ultrasonografía transfontanelar (cUS, por sus siglas en inglés) y la imagen por resonancia magnética (MRI, por sus siglas en inglés). Estas dos últimas son las principales técnicas de neuroimagen utilizadas para el diagnóstico y caracterización temprana del daño cerebral perinatal.

 

En este mismo contexto, cabe la pena mencionar que el ultrasonido transfontanelar es un estudio no invasivo de bajo costo, que permite examinar al recién nacido de alto riesgo para daño neurológico sin la necesidad de movilizarlo de la unidad de cuidados intensivos neonatales. De esta manera, se pueden obtener imágenes en el periodo neonatal temprano que ayuden al médico a determinar el momento de aparición de la lesión.

 

Por otro lado, la resonancia magnética es una técnica de imagen que se realiza mediante el empleo de un campo magnético y ondas de radio (no utiliza rayos x), por lo que no produce dolor ni tiene efectos negativos a largo plazo. La resonancia magnética permite evaluar a detalle la sustancia blanca y gris encefálica, así como los vasos sanguíneos, detectar malformaciones cerebrales, estudiar el proceso de mielinización (proceso asociado a la madurez cerebral) y diagnosticar lesiones cerebrales secundarias a infartos o hemorragias (sangrados); incluso permite visualizar lesiones pequeñas en orden de milímetros.

 

La resonancia magnética es más sensible que el ultrasonido transfontanelar para detectar alteraciones encefálicas sutiles y/o difusas. Actualmente, la resonancia magnética es considerada el estándar de oro (la mejor técnica) para el análisis estructural del cerebro; sin embargo, el ultrasonido transfontanelar juega un papel fundamental en la etapa neonatal, siendo la opción de primera línea para el seguimiento del recién nacido prematuro con un estado delicado de salud en la unidad de cuidados intensivos neonatales.

 

Es importante mencionar que cada técnica de neuroimagen tiene sus ventajas y desventajas, por lo que la selección de la técnica más adecuada requiere del juicio clínico de un experto. En este sentido y de manera general, se sugiere evaluar los siguientes aspectos antes de tomar una decisión (los padres de familia o pacientes tienen el derecho a estar informados y a consultar lo siguiente):

 

a. Alcances de la técnica de neuroimagen a solicitar (ej. ¿qué puedo ver en este estudio?, ¿es mayor el beneficio en relación con el costo del estudio o al riesgo al que se someterá el paciente durante la adquisición?, ¿existen otros métodos de estudio que sean una mejor alternativa?).

 

b. Contraindicaciones o situaciones que pongan en peligro al paciente durante la adquisición (ej. alergias a medicamentos o medios de contraste, enfermedades coexistentes, presencia de implantes, claustrofobia, etc.).

 

 

c. Enfermedad sospechada (ej. ¿podemos observar esta enfermedad utilizando esta técnica de neuroimagen?, ¿podemos detectar esta enfermedad considerando la etapa en la que se encuentra actualmente?, ¿está técnica es la mejor para evaluar dicha enfermedad o tendrá que realizarse otro estudio si se confirma la sospecha?). La indicación de un estudio debe estar sustentada en criterios clínicos y científicos, jamás en la espera de hallazgos fortuitos.

 

d. Personal calificado para la adquisición, procesamiento e interpretación del estudio (ej. ¿el personal técnico tiene experiencia adquiriendo este tipo de estudios?, ¿tienen experiencia en recién nacidos y en pacientes pediátricos?, ¿el procesamiento o interpretación será realizada por personal clínico con experiencia en este campo específico?, ¿cuál es el perfil profesional ideal en este tipo de casos?, ¿quiénes son los expertos?).

 

e. Impacto e importancia de realizar el estudio (ej. ¿el estudio será de utilidad para el diagnóstico y/o establecimiento del tratamiento?).

 

Los puntos previamente mencionados presentan una óptica desde la neuroimagen, sin considerar aspectos económicos o la viabilidad de su realización en sistemas de salud precarios. Aspectos que, en muchas ocasiones, tristemente resultan ser determinantes para la toma de decisiones. Independientemente de la disponibilidad de recursos económicos o de la infraestructura, es deber del clínico informar a los padres o al paciente cuál es la técnica de neuroimagen recomendada (sustentada bajo criterios clínicos y científicos).

 

La interpretación e integración clínica de los hallazgos imagenológicos debe realizarse de manera cuidadosa por personal médico con experiencia en el campo de las neurociencias pediátricas; siempre considerando los antecedentes y la evolución clínica del paciente pediátrico, ya que la «forma» o patrón de la lesión cerebral dependerá en gran medida del momento en que se le observe (historia natural de la enfermedad), resultando ser un verdadero reto y una de las principales causas de errores diagnósticos.

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