27.01.2022

La eterna búsqueda del hogar perfecto

Dr. Kurt Wogau

Investigador postdoctoral en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM

Los rastreadores. Jorge Alcántara 2022

Quizás uno de los instintos más primitivos del ser humano es el de tener un espacio donde habitar, un espacio donde desarrollar su vida o, simplemente, un espacio que brinde la sensación de seguridad de manera momentánea. Debido a la creciente inseguridad en México, hoy en día, encontrar un hogar perfecto y seguro tal vez sea imposible; sin embargo, este artículo no está relacionado con las dificultades sociales que los actuales pobladores de México enfrentan en la búsqueda de su hogar. Este artículo discutirá las complejidades que los primeros pobladores de lo que hoy conocemos como México enfrentaron en la búsqueda de su hogar ideal o perfecto. Podríamos elaborar una larga lista de factores naturales o sociales que afectaron directamente esta búsqueda, pero en esta ocasión nos enfocaremos en dos aspectos importantes: el clima y el paisaje.

 

Antes que nada, sería interesante plantearnos la siguiente pregunta: ¿quiénes eran los primeros pobladores del actual territorio mexicano? ¿Cazadores-recolectores es un término familiar para usted? Los grupos o bandas de cazadores-recolectores eran menores al centenar de individuos; sus actividades principales, como su nombre lo indica, eran la caza y la recolección; y eran nómadas, es decir, se desplazaban a diferentes lugares buscando las condiciones ideales para establecer campamentos temporales, los cuales eran utilizados para diversas labores domésticas o simplemente para descansar.

 

En el actual territorio mexicano, restos de cazadores-recolectores han sido encontrados y estudiados. Nombrar y discutir cada uno de los hallazgos tal vez me tomaría varios artículos, entonces, me enfocaré en algunos que -en lo personal- me parecen relevantes.

 

La Cuenca de México ha sido testigo de varios hallazgos relacionados con la presencia de cazadores-recolectores (Acosta, 2007). Sin duda, uno de los sitios más interesantes es el de Santa Isabel Iztapan. La localidad de Santa Isabel Iztapan, actual Estado de México, revela una clara asociación entre materiales culturales y restos de mamut (Aveleyra, 1955,1956). Entonces, ¿nos encontramos ante una evidencia clara de la presencia de grupos cazadores-recolectores? Si es así, ¿conocemos la edad de ocupación del sitio? A los artefactos humanos encontrados se las ha asignado una edad carbono 14 de 9250 ±250 años. Otro fechamiento carbono 14 relacionado a desechos de talla lítica revela una edad de 9670 ±400 años (Aveleyra, 1967). Análisis arqueológicos señalan que los restos líticos encontrados en el sitio fueron utilizados para el faenamiento de fauna. Estas evidencias resultan en claros indicios de actividad relacionada a grupos cazadores-recolectores.

 

Tal vez, uno de los hallazgos arqueológicos relacionados con la presencia de cazadores-recolectores en territorio mexicano mejor documentado es el del Fin del Mundo en Sonora. El sitio se localizó en sedimentos lacustres antiguos. Puntas del tipo bifacie sugieren la presencia de la cultura Clovis. Además, estas herramientas primitivas se localizaban en la misma posición estratigráfica de restos de megafauna. Dicha evidencia arqueológica sugiere presencia humana directamente relacionada con campamentos temporales dedicados a labores domésticas (Sánchez-Morales, 2018). Una de estas labores domésticas era el destazado de megafauna, en especial de mastodontes americanos. Otro aspecto interesante sobre el sitio es sin duda su edad. Fechamientos por la técnica carbono 14 revelan que la ocupación humana ocurrió alrededor de los 11 500 años antes del presente (Sánchez-Morales, 2018).

 

Hasta este punto, me parece que el lector ya tiene una idea clara sobre a quién me refiero cuando menciono el termino de primeros pobladores o cazadores-recolectores. Entonces, pasemos a las preguntas clave del artículo: ¿cómo el clima influyó en la vida de estos cazadores-recolectores?, ¿acaso el clima les jugaba una mala pasada a estos primeros pobladores? o, todo lo contrario, ¿el clima ayudó a la evolución social de estos grupos de cazadores-recolectores?.

 

Si incluimos el paisaje como otro factor en nuestro análisis, surgen más preguntas y, sin duda, más complejas: ¿existe una relación directa clima-paisaje?, ¿cuál de los paisajes que conformaban el pasado territorio mexicano era más útil para el desarrollo de grupos de cazadores-recolectores?

 

Para responder a estas preguntas describamos brevemente el último cambio paleoclimático más importante ocurrido hace aproximadamente 11 700 años. Globalmente, el inicio del actual Interglacial fue marcado por importantes cambios paleoclimáticos. Por ejemplo, el evento conocido como el Óptimo Climático durante el Holoceno Temprano generó paisajes particulares o únicos que en la actualidad serían difícil de imaginar. Durante este evento climático, en la región del Sahara, humedales y lagos incrementaron su área. Zonas de bosques, hoy en día localizados en el Congo, se expandieron hacia el norte (Blom et al., 2009). Este episodio fue conocido como el Green Sahara. Durante la finalización de esta anomalía climática, alrededor de los 5500 años, las condiciones climáticas se tornaron áridas. Esto generó migraciones de agricultores del desierto hacia diferentes oasis localizados en Egipto (Colin et al., 2002).

 

Otro evento climático muy particular ocurrió hace 8200 años (8,2 ka, por sus siglas en ingles). Registros paleoambientales describen este periodo como un episodio en el que la temperatura disminuyó de manera global y en zonas tropicales se caracterizó por un decremento considerable en los niveles de precipitación (Alley y Ágústsdóttir, 2005). Es muy difícil saber si este evento afectó a la población humana que habitaba nuestro planeta en esos tiempos.

 

En México, la evidencia de presencia de cazadores-recolectores alrededor de los 8200 años es insuficiente para hablar de migraciones. Más aún, pocos registros paleoambientales muestran una señal contundente de dicho evento climático. ¿Qué pasó en el Oriente Medio y el Norte de África?. El Oriente Medio y el Norte de África poseen uno de los mejores registros arqueológicos en el mundo. Debido a esta característica, el estudio de la relación hombre-clima durante el 8,2 ka se pensaría como una tarea fácil de realizar. Nada más lejano de la realidad. Mientras algunos estudios señalan migraciones masivas en el Norte de África y Medio Oriente durante el 8,2 ka, otros trabajos sugieren implementación de diversas tecnologías y cambios de estrategias de subsistencia para amortiguar los efectos climáticos (Weninger et al., 2006). En contraste, datos recientes señalan que algunas poblaciones del Medio Oriente y el Norte de África pasaron totalmente invertidas durante este evento climático (Flohr et al., 2016).

 

Ahora platiquemos brevemente del paisaje. ¿Qué es el paisaje? El paisaje se forma por diversas geoformas. Las geoformas son estructuras naturales del paisaje, por ejemplo, lagos, ríos, lagunas, pantanos, volcanes, montañas, planicies, entre otras. El clima y otras fuerzas naturales, conocidas como «fuerzas tectónicas», juegan un papel determinante en la modelación del paisaje. Por ejemplo, mientras en zonas áridas a semi-áridas las corrientes pluviales pueden ser intermitentes, es decir, que sólo existen durante la época de lluvias o durante episodios de tormenta, en zonas tropicales existen ríos caudalosos permanentemente activos. Esto tiene una repercusión importante en el tipo de flora y fauna que existe en cada región. Flora y fauna, indiscutiblemente los combustibles esenciales para los grupos de cazadores-recolectores. Por otro lado, los movimientos tectónicos como subsidencia o exhumación (levantamiento de un terreno) del relieve podrían generar cambio en la distribución de las redes de drenaje dentro de un valle o cuenca y, así, transformar el paisaje de manera radical.

 

Actualmente, 41 % del territorio mexicano presenta condiciones climáticas semi-áridas. Posiblemente, los paisajes más dominantes en el país son cuencas tectónicas, en especial, en la zona norte y el sector central. Localizadas en la zona norte de México se encuentra las cuencas de Casas Grandes, Cuenca de Conchos, Cuenca Central y Mapimí, entre los estados de Chihuahua, Zacatecas y Durango (Aranda-Gómez et al., 2018). Esta serie de elemento morfológicos forman una especie de corredor que conduce hasta el centro del país donde otras dos grandes cuencas como la Cuenca de México y Serdán Oriental se encuentran localizadas.

 

Ahora pasemos a la parte «filosófica» o hipotética del artículo. ¿Serían las cuencas tectónicas de México el hogar ideal para los grupos de cazadores-recolectores? Bajo las actuales condiciones climáticas que gobiernan dichas cuencas tectónicas, pocas bandas de cazadores-recolectores se aventurarían a establecer campamentos en esas regiones. El actual paisaje de estas cuencas está dominado por relictos de lo que algún día fueron lagos de gran volumen. Abundan suelos carbonatados o con alto contenido de sales, lo cual dificulta la siembra o germinación de plantas comestibles. La vegetación es dominada por matorrales espinosos, lo cual dificulta el movimiento y ofrece poco resguardo ante las inclemencias del tiempo. Las corrientes fluviales son efímeras, por lo que conseguir una fuente constante de agua no es posible. Todas estas características describen regiones complejas de habitar. No obstante, los paisajes naturales están sujetos a variabilidad constante.

 

Como lo mencioné, el clima juega un papel importante en la modelación del paisaje. El inicio del Holoceno en México estuvo marcado por un sistema monzónico (lluvia de verano) con mayor intensidad al actual (Metcalfe et al., 2015). En otras palabras, la precipitación era mayor a la actual, inclusive en zonas semi-desérticas. Bajo dichas condiciones, una hipótesis viable sería que dentro de las cuencas tectónicas existían cuerpos lacustres de mayor volumen y, tal vez, de agua fresca. Las corrientes fluviales eran más activas que las actuales. Dicha actividad generaba constantes desbordamientos de los canales fluviales generando paisajes palustres. En estos paisajes, la alta cantidad de nutrientes favoreció el crecimiento de diversos tipos de vegetación, lo que a su vez atraía una gran cantidad de fauna. Bajo toda esta serie de características, los antiguos cazadores-recolectores encontraban regiones donde se podría practicar la cacería y también la recolección. El arreglo geográfico de las cuencas del norte y centro de México generaron amplias regiones donde estos grupos podrían ir y venir cuantas veces fuera necesario.

 

Mucho se habla de los corredores costeros como las principales regiones de colonización de lo que ahora llamamos México, sin embargo, el estudio de las cuencas tectónicas debería tomar una importancia relevante para conocer más sobre los primeros pobladores de México. Bastas áreas del país siguen inexploradas desde dicho punto de vista. ¿Qué pasaba cuando los edenes formados en cuencas tectónica eran afectados por eventos climáticos y todas las ventajas citadas líneas arriba se perdían? Los cazadores-recolectores simplemente migraban. Al no tener un sentido de pertenecía, su gran movilidad les permitía sortear dichas adversidades. Entonces, ¿existió el hogar perfecto? No lo creo. El hogar perfecto sólo perdura por un instante en el tiempo, después todas las ventajas que antes ofrecía simplemente se desvanecen. Alcanzado este punto, es claro que llega la hora de migrar. Así, la eterna búsqueda del hogar perfecto siempre nos acompañará.

Referencias

 

Acosta Ochoa, G. (2007). Las ocupaciones precerámicas de la cuenca de México. Del poblamiento a las primeras sociedades agrícolas. Arqueoweb: Revista sobre Arqueología en Internet, 8(2), 2.

 

Alley, R. B., & Ágústsdóttir, A. M. (2005). The 8k event: cause and consequences of a major Holocene abrupt climate change. Quaternary Science Reviews, 24(10-11), 1123-1149.

 

Aranda-Gómez, J. J., Carranza-Castañeda, O., Wang, X., Tseng, Z. J., & Pacheco-Castro, A. (2018). Notes on the origin of extensive endorheic regions in central and northern Mexico, and some implications for paleozoogeography. Journal of South American Earth Sciences, 83, 55-67.

 

Aveleyra,L.(1955). El segundo mamut fósil de Santa Isabel Iztapan, México y artefactos asociados, Dirección de Prehistoria, Publicación num. 1, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México D.F.

 

Aveleyra,L.(1956). The Second Mammoth and Associated Artifacts at Santa Isabel Iztapan, México American Antiquity 22 (1):12-28

 

Aveleyra,L.(1967). Los cazadores primitivos de Mesoamérica, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, México.

 

Blom, R. G., Farr, T. G., Feynmann, J., Ruzmaikin, A., & Paillou, P. (2009, May). The green Sahara: Climate change, hydrologic history and human occupation. In 2009 IEEE Radar Conference (pp. 1-4). IEEE.

 

Colin, F., Quiles, A., Schuster, M., Schwartz, D., Duvette, C., Marchand, S.,& van Heesch, J. (2020). The End of the “Green Oasis”: Chronological Bayesian Modeling of Human and Environmental Dynamics in the Bahariya Area (Egyptian Sahara) from Pharaonic Third Intermediate Period to Medieval Times. Radiocarbon, 62(1), 25-49.

 

Flohr, P., Fleitmann, D., Matthews, R., Matthews, W., & Black, S. (2016). Evidence of resilience to past climate change in Southwest Asia: Early farming communities and the 9.2 and 8.2 ka events. Quaternary Science Reviews, 136, 23-39.

 

Metcalfe, S. E., Barron, J. A., & Davies, S. J. (2015). The Holocene history of the North American Monsoon:‘known knowns’ and ‘known unknowns’ in understanding its spatial and temporal complexity. Quaternary Science Reviews, 120, 1-27.

 

Sánchez-Morales, I. (2018). The Clovis Lithic Assemblage from El Fin del Mundo, Sonora, Mexico: Evidence of Upland Campsite Localities. PaleoAmerica, 4(1), 76-81.

 

Weninger, B., Alram-Stern, E., Bauer, E., Clare, L., Danzeglocke, U., Joris, O.,Claudia, K.E., Gary, R.F., Todorova, H., van Andel, T., 2006. Climate forcing due tothe 8200 cal yr BP event observed at Early Neolithic sites in the eastern Med-iterranean. Quat. Res. 66, 401e420.

 

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