ECOLOGÍA RIZOMÁTICA HOY

Qué tanto es tantito… en ecología del paisaje, en ciencia, en Serendipia

14.10.2019

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

Rizoma. Jorge Alcántara 2019

Hace 10 años comenzó el primer tantito de otros tantos, como cantaran hace décadas grandes ídolos del pueblo mexicano; Pedro Infante y Miguel Aceves Mejía, por ejemplo: «qué tanto es tantito, en amores otra tanda...». Parece pregunta, pero no lo es; parece tautología, pero tampoco lo es; parece una frase apodíctica, pero qué creen, tampoco lo es. Entonces, ¿es una adivinanza?, ¡claro que no!, podría ser, en todo caso, un antónimo. Si tanto es mucho y tantito es poco, ¿cómo conciliar esta frase popular, consagrada en la idiosincrasia del mexicano? Frase que, por cierto, nos representa muy bien.

 

Cuentan los cronistas de México, en especial los de la Capirucha, y más en concreto los del barrio bravo de Tepito, que la frase «qué tanto es tantito» es para defender una posición, algo que se perdió y que después de llorarlo, decidimos minimizar los daños; pero también podría ser una frase del populacho para rogar que algo continúe: «Léeme un poco más, ándale; No, que es muy tarde; Andaaaa, qué tanto es tantito». O para suplicar: «Quédate, no te vayas; No, ya es muy tarde; Un ratitito, mañana es domingo y a fin de cuentas, qué tanto es tantito». Como vemos, en realidad no es una pregunta para que algo no se acabe, es una especie de exhortación para que la actividad que se realiza continúe indefinidamente, porque un tanto se compone de muchos tantitos, pero nuca se dice de cuántos.

 

Así estamos con la revista Serendipia, hace once años comenzó reportando sobre temas de ciencia y aspectos de tecnología y arte, de manera certera, pero con lenguaje accesible a la gente que no se dedica a la ciencia o, que si es científico, también aprenda de otras ramas del saber, además de la de su experiencia. Los promotores de esta idea, una pareja de universitarios queretanos, Julieta Espinosa y Jorge Alcántara, seguro que muchas veces se han dicho o pensado o tenido en su imaginario colectivo el: qué tanto es tantito. Tal vez cuando faltaba presupuesto para el próximo número: «saquemos el número y luego ajustamos lo de la lana, si de todas maneras, que qué tanto es tantito…» o, tal vez, para doblar esfuerzos y aparecer en Internet: «que si ya había mucha chamba, un poco más no se notaría, órale, a fin de cuentas, qué tanto es tantito, un rato más y tendremos el blog…» No lo sé, pero supongo que así ha sido y seguro que lo seguirá siendo, porque a pesar de todo, para que Serendipa continúe, se necesitan dos cavernarios que se repitan siempre: qué tanto es tantito, para avanzar y no claudicar.

 

La sección que tengo el gusto de redactar, comenzó como Ecología hoy. Después de un tiempo (algunos años, claro) evolucionó a Ecología del paisaje hoy. La ciencia está en movimiento, cambia, dicho de una forma biológica, evoluciona. Y traté de reflejar esa evolución en el paradigma de la ecología haciendo énfasis en que durante el siglo XX se tuvieron muchas aproximaciones para abordar estudios ecológicos, siendo las principales la descriptiva, la matemática y la de sistemas. La aproximación ecosistémica dominó durante décadas el pensamiento ecológico hasta entrado el siglo XXI. Se fusionó con la economía en los años 60 y 70; con el modelo de escalamiento ecológico en los 80 y 90; con el de gestión integrada de cuencas hidrográficas en los 90 y; con el de la geografía y sociología a inicios de los 2000.

 

Por su parte, las ciencias del paisaje tampoco son nuevas, se podría decir que su consolidación lleva una veintena de años, pero que mientras maduraba, caía del árbol la ecología ecosistémica, ya sea en su vertiente ecosocial (o socio-ecología) o en su versión más pura de una ecología evolutiva, altamente matematizada. Ciertamente los dos paradigmas permanecieron largo rato en la mente de los ecólogos (aún hoy en día coexisten, junto con las perspectivas holísticas y concilientes), debido a que no son excluyentes, sino más bien, se necesitan para alcanzar un mejor entendimiento de las complejidades de la vida y su interacción con el medio inanimado del planeta.

 

Tanta fusión hace que emerjan nuevas tendencias en ecología, unas más dedicadas a la conservación (ecología del paisaje); otras con mayor interés en humanidades y ciencias jurídicas (ecología humana); otras más, centradas en los usos del territorio (ecología del paisaje) y; la más reciente, enfocada a integrar todo, pero manteniendo la independencia de cada paradigma como si fuese un gran sistema abierto con subsistemas abiertos interactuantes entre sí, creando sistemas en red (ecología rizomática). Esta perspectiva no puede decir dónde comienza un ecosistema o un impacto ambiental, ni tampoco un antroma o la era del antropogeno, pero tampoco puede decir dónde acaba, si es que termina; o definir cómo son sus fronteras, si las tiene. Esta nueva y novedosa aproximación al estudio de las ciencias socio-biológicas es una mirada a la ecología desde adentro y desde afuera, nos hace sujetos y objetos de estudio simultáneamente. Es una ecología que recoge la metáfora de un rizoma y por ende, la llamé: Ecología rizomática. Si ya había tanta confusión de términos en ecología, biología, derecho ambiental, etc., qué tanto es tantito que aparezca un nuevo término. Y para recalcar que es lo más actual, le pondremos el adverbio de tiempo hoy.

 

Considero que a partir de ahora, la sección debe llamarse Ecología rizomática hoy, pero eso está sujeto a lo que digan los promotores de este formidable proyecto llamado Serendipia y de sus lectores, claro, porque ahora también debe participar de manera más activa el lector (sugiriendo temas y haciendo preguntas directas, por ejemplo), ya que si hay hacer un esfuerzo más para seguir modernizando la sección y dando más vida a Serendipia ¿qué tanto es tantito?

 

Rizoma (detalle). Ilustración: Jorge Alcántara 2019

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