E3: Energía, Ecología, Economía

22.01.2018

Pico del petróleo: ¿por falta de demanda?

Dr. Luca Ferrari Pedraglio
Ilustración: Jorge Alcántara 2018

Al principio de esta década, al empezar mi colaboración con Serendipia, una de las primeras contribuciones fue acerca del fin del petróleo barato (Serendipia, marzo - abril 2010). En aquel entonces, el precio del petróleo se había recuperado de la baja, producto de la crisis financiera y la recesión económica de 2008 - 2009 y rebasaba de nuevo los 100 dólares por barril (USD/b), nivel alcanzado ya justo antes de la crisis. El alza del precio venía a reconfirmar la idea de que la era de la energía barata había terminado, ya que la producción de petróleo se había estancado llegando al llamado «pico del petróleo». Por consecuencia, se vislumbraba un largo periodo de altos precios del petróleo.

 

En los años siguientes, la situación ha evolucionado de forma distinta. Los altos precios estimularon la sobreproducción del petróleo y gas no convencionales (llamado también petróleo y gas de lutitas - shale), pero también provocaron una disminución de la demanda de los países importadores como Europa occidental, Japón e, incluso, Estados Unidos. Se acumularon importantes inventarios de crudo, que finalmente provocaron la baja de los precios a partir de finales de 2014, lo que, aparentemente, ha alejado la preocupación acerca del pico del petróleo y el encarecimiento de la energía; sin embargo, es un hecho que el costo de producción del petróleo que queda en el mundo es mayor del precio actual de venta.

 

De acuerdo con un estudio de la consultora independiente Rystad Energy, para finales de 2015 el petróleo de los campos en producción tenía un precio de equilibrio promedio de 29 USD/b, pero para los nuevos campos todavía por desarrollar, este precio iba desde los 44 UDS/b para Oriente Medio hasta los 65 USD/b - 68 USD/b para las aguas profundas y el shale de Estados Unidos, para finalmente llegar a los 79 USD/b para las arenas asfálticas de Canadá1. Es por esta razón que, en los últimos tres años, la industria petrolera mundial ha disminuido drásticamente su inversión en busca de nuevos yacimientos y cancelado muchos proyecto costosos.

 

La mayor compañía petrolera privada, ExxonMobil, vio su flujo de caja libre reducirse de 24 mil millones de dólares en 2011 a poco más de mil millones en 2016, al punto que la empresa optó por usar parte de sus ingresos en recomprar sus propias acciones para subir su valor en la bolsa, en lugar de invertir en exploración y producción. La desinversión de la industria petrolera mundial hizo que en 2016 la cantidad de nuevos descubrimientos de petróleo fuera la más baja de los últimos 70 años, equivalente a sólo 7 % del petróleo que se consumió en ese año.

 

Para mediados de 2018 se prevé que la falta de inversión en exploración y desarrollo pueda provocar una disminución de la producción petrolera global, debido a que los campos actualmente en producción tienen un declive del 5 % a 6 % anual. El excedente de petróleo que se ha acumulado en los últimos años se agotaría creando un desabasto, que podría determinar un nuevo incremento de los precios; sin embargo, queda la pregunta de si la economía mundial puede permitirse un precio del petróleo superior a los 100 USD/b, ya que en el pasado un alza importante de los precios del crudo ha producido invariablemente recesiones económicas.

 

El incremento del costo de la energía implica una menor eficiencia, porque se necesitan más trabajadores y más energía para producir la misma cantidad de bienes, lo que se traduce en un estancamiento de los salarios de la gran mayoría de los trabajadores. La baja generalizada del poder adquisitivo de los salarios de la clase media y baja de los países desarrollados ha provocado una menor demanda de bienes y servicios que sólo puede ser exacerbada por una subida de los precios del petróleo.

 

De acuerdo con Gail Tveberg, analista de la relación energía-economía y autora del blog ourfiniteworld.com, ésta es precisamente la forma en que deberíamos esperar que ocurra el pico del petróleo (y el pico del gas natural, del carbón y de otros minerales). El problema no es que «acabemos» con alguno de estos combustibles, sino que los pozos de petróleo y gas, y las minas de carbón no son rentables porque los salarios no aumentan lo suficiente como para cubrir el mayor costo de extracción de los combustibles fósiles.

 

Al parecer, en el mundo real ésta es la forma en que se alcanzan los límites de la producción de energía. Los economistas parecen no entender cómo funciona el sistema. De alguna manera, creen que los precios de la energía pueden subir, aunque los salarios no lo hagan. El desajuste entre los precios de la energía y los salarios puede ser cubierto por un tiempo por un mayor gasto público y por más deuda, como de hecho ha ocurrido, pero finalmente los precios de la energía deben caer por debajo del costo que se puede permitir la sociedad en su conjunto. A su vez, esto provoca la salida del mercado de los productores que tienen los costos de producción más altos. De esta forma, vamos a alcanzar el pico del petróleo, no tanto por haber alcanzado el pico de lo técnicamente extraíble, sino por haber llegado al pico de lo que se puede permitir económicamente el mundo.

 

1  Cabe mencionar aquí, que los precios de equilibrio que reportan muchas empresas que se dedican al petróleo de lutitas de Estados Unidos de hasta 30 USD/b son una verdadera estafa para los inversionistas. Estos precios, a menudo, se refieren sólo a los mejores pozos de un área (los llamados sweespots), no incluyen los costos financieros y se basan en una producción total muy por encima de lo real: https://www.peakprosperity.com/blog/113557/great-oil-swindle.

 

Por otro lado, los avances tecnológicos no compensan la disminución de la tasa de retorno energético. Si bien las mejoras realizadas al proceso de fracking en los últimos años han permitido recuperar inicialmente un poco más de gas y petróleo, la producción a mediano plazo tiende a caer más rápidamente: http://www.artberman.com/the-beginning-of-the-end-for-the-bakken-shale-play/.

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Dr. Luca Ferrari

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