E3: Energía, Ecología, Economía

28.02.2018

La generación eléctrica en México: los riesgos de las decisiones tecnocráticas

Dr. Luca Ferrari Pedraglio
Ilustración: Jorge Alcántara 2018

En esta contribución analizaré la evolución de la generación de electricidad en México y los riesgos potenciales que conllevan los planes gubernamentales para el futuro de este sector. El consumo de electricidad en México ha crecido 28 % en la última década, lo que corresponde a una tasa media anual de 2,6 %. Esto es de por sí significativo, ya que la población ha crecido solo 14 % en el mismo periodo; sin embargo, el cambio más sustancial ha sido en el tipo de fuentes de energía con las que se produce la electricidad. No, no ha sido el crecimiento de las energías renovables, como se podría suponer viendo la iconografía del sitio web de la Secretaría de Energía. Estas fuentes de energía sólo han pasado de 14,1% en 2006 a 15,5 % al cierre de 2016, siendo la energía eólica la única que ha tenido un crecimiento importante.

 

El cambio sustancial ha sido el incremento de la generación por medio de gas natural, que ha pasado de 45 % a 54 % del total a expensas del combustóleo y otros derivados del petróleo, al tiempo que el carbón sólo ha tenido una pequeña disminución. Los planes para el futuro siguen un patrón similar. En su Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2017-2031 (PRODESEN)1 y Prospectiva del sector eléctrico 20172, la Secretaría de Energía prevé que para 2031 el consumo de electricidad se incrementará 3,0 % anual (incluso más de la tendencia histórica) y que para esa fecha el gas natural seguirá siendo la columna vertebral del sistema eléctrico con 45 % de la generación, seguido por las renovables con 32 %. Entre ellas, se prevé un crecimiento importante para la energía eólica (hasta 15 % de la generación), pero un crecimiento mucho menor para geotermia, solar y bioenergía (cada una llegando aproximadamente a 3 %) y un decrecimiento de la generación hidroeléctrica de 10 % a 8,5 %.

 

La justificación de la decisión de producir la mayoría de nuestra electricidad con gas natural es esencialmente técnica: las centrales de ciclo combinado alimentadas por gas son las más eficientes, ya que tienen un factor de planta de 67 % (cociente entre la energía real generada en un año y la energía generada si hubiera trabajado a plena carga durante ese mismo período), sólo poco inferior al carbón y nuclear, que por otro lado tienen problemas de contaminación y seguridad, respectivamente. En cambio, este valor es de 30 % para la energía eólica y de 13 % para solar fotovoltaico (datos basados en la generación en 2016). Además, a diferencia de estas fuentes renovables intermitentes, la generación por gas se puede controlar, es decir, podemos incrementarla o disminuirla para acomodar las fluctuaciones de la demanda.

 

Sin embargo, la producción de gas nacional ha venido bajando constantemente desde el pico de producción de 2009 y las importaciones de gas natural han aumentado a un ritmo de 15 % anual. En 2017 hemos llegado al punto de importar 80 % del gas que consumimos, en su gran mayoría desde Texas. De acuerdo con los planes del PRODESEN, la Secretaría de Energía prevé continuar en esta ruta por décadas. Para ello, México está terminando la construcción de una gigantesca la red de gasoductos que nos conecta con Estados Unidos con un costo total de 21 000 millones de dólares para llegar a final del año a un total de 20 230 km contra los 11 340 km que teníamos a principio de este sexenio.

 

La Secretaría de Energía, así como la de Economía y de Hacienda, está dominada por tecnócratas cuyas políticas son dictadas, al menos en el discurso, por razones exclusivamente económicas. Si bien es cierto que en este momento la generación de electricidad por gas importado de Estados Unidos es probablemente la más versátil, eficiente y barata, al tomar esta decisión no se han considerado otros aspectos como la seguridad nacional y la sostenibilidad a mediano y largo plazo.

 

El gas que importamos procede principalmente de los campos de gas shale de Texas, cuya producción ha dejado de crecer en los últimos tres años y cuya viabilidad, más allá de unos cuantos años, no es tan segura como lo presenta el gobierno de Trump3. Además, contrario a lo que se ha venido diciendo en algunos medios de comunicación, Estados Unidos no es independiente desde el punto de vista energético. Aún con el notable incremento de la producción de gas shale de los últimos años, el vecino del Norte sigue importando 3 % del gas que consume.

 

La política de generación eléctrica por gas natural y la construcción de la gran red de gasoductos ha atado a México a una fuente no renovable procedente de un país extranjero con una política cada vez menos amigable. Por otro lado, como le he comentado en otras ocasiones, la producción de gas shale en México, dejando a un lado el aspecto ambiental, va a ser aún más cara que en Estados Unidos. Prueba de ello, es que la Secretaría de Energía ha constantemente pospuesto la licitación de bloques para este recurso en las rondas 1 y 2. Por todo lo anterior, existe el riesgo de que en los próximos años México enfrente un desabasto de gas natural y, por ende, problemas para la generación eléctrica, máxime en el escenario de incremento sostenido de la demanda que plantea la Secretaría de Energía. Ojalá que este tema fuera abordado por el candidato tecnócrata, el músico poliglota y… por ya saben quién.

 

 

 

1 https://www.gob.mx/sener/acciones-y-programas/programa-de-desarrollo-del-sistema-electrico-nacional-33462 

 

2 https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/284345/Prospectiva_del_Sector_El_ctrico_2017.pdf

 

3 http://www.postcarbon.org/publications/shale-reality-check/#

Pico del petróleo: ¿por falta de demanda?

Dr. Luca Ferrari

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