E3: ENERGÍA, ECOLOGÍA, ECONOMÍA

17.06.2021

La civilización después de los combustibles fósiles

Dr. Luca Ferrari

Utopía energética: Jorge Alcántara 2021
Dr. Luca Ferrari

En las últimas semanas, agencias gubernamentales, gobiernos y grandes empresas petroleras han anunciado planes agresivos para la reducción de las emisiones de carbono y terminar con el uso de combustibles fósiles.

 

En un informe histórico, la Agencia Internacional de Energía ha declarado que el mundo debería detener, ya, cualquier nueva inversión en hidrocarburos y carbón para alcanzar la meta de cero emisiones netas para 2050. Un tribunal holandés ordenó a la petrolera Shell reducir las emisiones totales en 45 % en un plazo de diez años y otras dos grandes empresas como Exxon Mobil y Chevron anunciaron planes para reducir drásticamente sus emisiones, impulsadas por sus propios inversionistas.

 

Tanto EE.UU. como la Unión Europea están impulsando programas para reducir fuertemente las emisiones para 2030, en buena medida apostando a la electrificación del transporte y al uso del «hidrógeno verde» como almacenador de energía. Implícita o explícitamente, todos estos planes prevén continuar con el crecimiento económico y el estilo de vida consumista de una parte de la población. Esto es una ilusión que no resiste un análisis físico de la estructura de la civilización industrial, basada en fuentes concentradas y versátiles como los combustibles fósiles, que además representan todavía 79 % la matriz energética mundial.

 

Para empezar, el sector del transporte representa sólo 16 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. El sector industrial con y el sector agrícola son los que más contribuyen con 29 % y 28 %, respectivamente, seguidos por el residencial y el comercial con 18 %; es ahí, donde no hay manera de sustituir los combustibles fósiles sin hacer cambios radicales. En todo caso, la electrificación del transporte presenta retos monumentales.

 

El primer problema es la falta de materias primas. Un estudio detallado de Simon Michaux, investigador senior del Servicio Geológico de Finlandia1, indica que las reservas conocidas de minerales críticos como cobalto, litio y níquel no llegan ni a la cuarta parte de lo necesario para sustituir los vehículos terrestres de motor de combustión interna. Además, aunque existieran, con la tasa actual de extracción de estos minerales tardaríamos 57 años para extraer el níquel, 173 años para el cobalto y 221 años para el litio.

 

El otro problema es la falta de infraestructura para recargar los vehículos, que necesitan muchas horas en lugar de los cinco minutos que supone llenar un tanque de gasolina y diésel. El costo de esta infraestructura es enorme y hay obstáculos difícilmente solucionables para su construcción, especialmente en las grandes ciudades.

 

Pero esto es sólo el inicio, ya que los coches eléctricos son sólo una gota en el mar. En un libro científico recién publicado2, Alice Friedemann analiza detallada y cuantitativamente qué implicaría dejar de usar energía fósil y llega a la conclusión de que un mundo libre de petróleo y gas no sería muy distinto al que existía antes de ellos. El problema principal no resuelto es que todas las fuentes alternativas de energía requieren combustibles fósiles en cada paso de su ciclo de vida. Los vehículos eléctricos, paneles solares y turbinas eólicas no se producen con energía solar y eólica. Están hechos de metales y minerales que requieren energía fósil para la minería, el transporte, la fabricación y la distribución.

Utopía energética. Jorge Alcántara 2021

El diésel es el principal combustible para la minería, para el transporte de materias primas a las fábricas y para el envío de productos terminados por mar y tierra a los consumidores finales, y no hay alternativas a él para el transporte pesado terrestre y marítimo. No hay alternativa al carbón para producir acero y otros metales y minerales para vehículos eléctricos e infraestructura para energías renovables, ya que el mineral de hierro debe calentarse a 1250 °C y esta temperatura no se puede alcanzar de manera comercial con energía eléctrica, además de que el proceso no permite ninguna fluctuación o cortes de energía por la intermitencia de fuentes renovables. Tampoco hay alternativa a los combustibles fósiles para la producción de cemento, que se fabrica en hornos que funcionan continuamente por hasta 18 meses, primero calcinando a 1000 °C y en una segunda etapa a 1400 °C - 1500 °C. En cuanto al hidrógeno, es suficiente decir que no es una fuente de energía sino un medio de almacenar y transportar energía, y que si queremos producirlo usando fuentes renovables, considerando todas las pérdidas en las transformaciones, en el mejor de los casos, la energía final es cercana a cero y, en el peor, estamos tirando energía.

 

Todo lo anterior lleva a una sola conclusión: un menor consumo absoluto de energía es el único camino para reducir las emisiones de carbono y para sortear la creciente dificultad (y costos) de obtener combustibles fósiles. Las fuentes renovables para producción de electricidad sólo pueden ser una manera de extender por unas décadas los combustibles fósiles. Además, si se pretende continuar con el sistema de alto consumo de energía actual, un alto costo ambiental se tendría, ya que se necesitaría multiplicar la extracción de materias primas y minerales.

 

A final de cuentas, las únicas energías potencialmente sustentables con las que podemos contar después de la era de los combustibles fósiles son la biomasa, el calor solar y, la energía mecánica del viento y de los saltos de agua. Esto no se limita a la energía, sino abarca también a los materiales de la vida moderna. Hay cientos de miles de productos derivados del petróleo y gas como todos los tipos de plásticos, asfalto, insecticidas, fertilizantes, farmacéuticos, pegamentos, tintas, lubricantes, refrigerantes, etc. Algunos de éstos se pueden elaborar con materiales naturales derivados de la biomasa, pero en cantidades más pequeñas y, con tiempos y costos mucho mayores.

 

La producción de comida tendrá también que transitar del sistema agroindustrial actual, muy dependiente de combustibles fósiles, a la agroecología y permacultura, y será necesario asumir progresivamente una dieta vegetariana, ya que la producción de carne comparativamente necesita diez veces más energía y espacio.

 

Todo esto puede parecer indeseable para quien piense que el progreso está en mayores niveles de consumo; sin embargo, sólo con un estilo de vida más simple por parte de los que más consumen y una mejor repartición de los recursos podremos evitar conflictos sociales y una catástrofe ambiental. En una próxima contribución analizaré cómo puede darse este cambio.

 

 

 

Friedemann, Alice J., 2021. Life after Fossil Fuels. Lecture Notes in Energy. Springer International Publishing, 277 p.

 

Michaux, S., 2020. The Raw Material Challenges Facing the Energy Transition from Oil to Minerals. https://www.youtube.com/watch?v=n_gvvj56rzw

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