E3: Energía, Ecología, Economía

Falsas Expectativas

Dr. Luca Ferrari

Es tiempo de balances del año transcurrido y de previsiones para el futuro. En materia de energía, economía y ambiente, como en la vida, no hay que hacerse falsas expectativas. La reforma energética, aprobada hace más de dos años, no ha cambiado la situación del país en este rubro. A 12 años de haber tocado su pico, la producción de crudo sigue en declive y ha llegado a ser la misma de 1980 (cerca de dos millones de barriles diarios). Se podrá argumentar que la reforma ha comenzado a involucrar las empresas internacionales en la búsqueda de nuevos yacimientos y que esto redundará más adelante en un incremento de la producción. Esto no es realista porque si bien habrá nuevos descubrimientos de petróleo, la historia reciente y la tendencia mundial nos muestra que éstos son cada vez de menor tamaño y de mayor costo de producción. Como ejemplo, basta considerar que los campos descubiertos en los últimos dos años tienen un volumen de reservas que no llega ni a 2% de lo que era Cantarell y que los costos de producción del petróleo de aguas profundas son iguales o superiores al precio actual de venta. Adicionalmente, cualquier descubrimiento tiene que compensar la caída natural de la producción existente y para 2017 se espera que el mayor campo en producción, Ku-Maloob-Zaap, empiece su declive.

 

Otro problema serio es la importación de productos refinados, que ha seguido en aumento llegando a 59% para la gasolina que consumamos. ¿Por qué? La capacidad de refinación ha caído 63% con respecto a su máximo de 1989 y la falta de desarrollo de medios de transporte público eléctricos (trenes, trolebús) hace que consumamos cada vez más gasolina y diésel. De hecho, desde octubre, la cantidad de productos refinados importados es superior a la cantidad de petróleo que exportamos: somos ya importadores netos de petrolíferos. En consecuencia, el precio de la gasolina seguramente se incrementará en 2017, ya que, por la devaluación del peso contra el dólar de los últimos meses, más de la mitad de la gasolina que consumamos ahora nos costará 25% más.

 

A nivel global, la situación no es mejor. Debido a la baja de los precios del crudo desde 2014, las empresas petroleras internacionales han bajado drásticamente la inversión en exploración y producción de nuevos campos. Como consecuencia, cuando el excedente temporal de petróleo se agote en los próximos dos a tres años, empezaremos a tener problemas de desabasto.

 

Otro aspecto en el que creo que existe una falsa expectativa es en lo referente al potencial de las fuentes de energía renovables, que algunos esperan puedan sustituir los combustibles fósiles continuando con el sistema actual. Esta sustitución será inevitable, pero requiere de grandes cambios en el sistema de producción, la transportación y el estilo de vida. Este tema lo trataremos en otras columnas, pero es cada vez más claro que las renovables sólo pueden proporcionar una fracción de la energía que consume actualmente el mundo y que el sector que más reducción va a tener es la transportación de bienes y personas.

 

Finalmente, en el tema ambiental se ha creado la falsa expectativa de poder controlar el cambio climático que, en buena medida, se ha reducido al control de las emisiones de CO2. Los científicos de la atmósfera han insistido en este punto y, en la reunión COP21 de París del año pasado, los principales gobiernos mundiales han acordado una reducción para evitar que la temperatura promedio del planeta llegue a rebasar los 2ºC en un futuro próximo. Lo que no se dice es que aún cuando la CO2 disminuya, el clima no va a regresar a la situación pre-industrial en tiempos breves. Se trata de un sistema complejo y con una gran inercia, que una vez perturbado puede continuar en su trayectoria por décadas o hasta siglos. En efecto, en 2016 las emisiones de CO2 no han aumentado por tercer año consecutivo (como lo hemos explicado en otra entrega, esto se debe al estancamiento de la economía global y, particularmente, de China). Es muy probable que esta situación continúe en los años futuros, pero no hay que esperarse un cambio de tendencia en tiempos cortos.

 

En conclusión, creo que al empezar 2017 tenemos que enfrentar la situación y hacernos a la idea de que estamos en el principio de un declive energético que, a su vez, significa una contracción del tipo de desarrollo económico producto de la revolución industrial. Además, tenemos que atender los problemas asociados con el cambio climático por muchas décadas y con una población que sigue creciendo. A pesar de todo esto no hay que deprimirse. Tendemos a pensar que el futuro nos reserva siempre algo mejor, pero no necesariamente esto tiene que ver con un crecimiento cuantitativo. A esta altura del partido, más consumo, más producción y más población, sólo significará empeorar la situación del planeta. El reto monumental es cómo manejar la contracción evitando conflictos y guerras.

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Dr. Luca Ferrari

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