E3: ENERGÍA, ECOLOGÍA, ECONOMÍA

19.05.2022

El conflico Rusia-Ucrania: un paso más hacia un mundo multipolar y la desglobalización

Dr. Luca Ferrari

Desglobalización. Jorge Alcántara 2022
Dr. Luca Ferrari

 

Hace cuatro años, escribí un texto para esta columna1 donde mostraba que el sistema hegemónico unipolar, consecuencia de la caída de la Unión Soviética, estaba próximo a su fin. En ese entonces escribía «En los años 90… EE.UU. se levantó como la única superpotencia global. En un famoso libro, Francis Fukuyama proclamó el fin de la Historia como lucha de ideologías y el inicio de un mundo, en el que la llamada democracia liberal occidental quedaba como la única opción tras el fin de la Guerra Fría. En el lapso de un par de décadas, la Historia tomó su venganza mostrando que este concepto era efímero y simplista. El resurgimiento de Rusia como potencia energética y militar, y de China como potencia económico-comercial están nuevamente desafiando el rol dominante del imperio estadounidense».

 

Los eventos de los últimos meses y particularmente la invasión de Ucrania por parte de Rusia y la reacción de EE.UU. y sus aliados han acelerado este proceso, por lo que estamos presenciando un cambio histórico no solo a nivel geopolítico, sino particularmente en las esferas de la energía y economía.

 

La guerra tiene razones históricas que se remontan por lo menos a la Guerra Fría, la caída de la URSS y la política expansionista de la OTAN, pero no es el propósito discutirlas aquí. Independientemente de las razones de un lado y el otro, lo que es relevante es cómo mas allá de las acciones militares, las sanciones económico-financieras de EE.UU. y sus incondicionales europeos no están teniendo los efectos deseados, sino que se están revertiendo contra ellos y afectando a otros países.

 

Después de más de dos meses de duros combates, Rusia se ha apoderado de una tercera parte de Ucrania y no muestra signos de retroceder. Las sanciones del mundo occidental no han podido disuadir al gobierno ruso y no es para nada seguro que Rusia haya tenido las pérdidas económicas que se anticipaban. Estas sanciones «infernales», como las ha llamado el presidente Biden, incluyen una serie de medidas que impiden a Rusia cualquier tipo de comercio con EE.UU. y la Unión Europea. Sin embargo, es la segunda la que está siendo afectada más severamente.

 

El congelamiento de las cuentas en euros y dólares de Rusia en los bancos occidentales le hacen imposible cobrar por el gas que envía a la Unión Europea. Por esta razón, Rusia ha pedido que los países hostiles -los que le han congelado las cuentas- paguen ahora el gas en rublos bajo pena de no recibir el gas. La Unión Europea no puede sustituir el gas ruso, que representa 40 % de su consumo, con otros proveedores. Si bien Estados Unidos promete enviar más gas licuado, a un costo mucho mayor al de Rusia, esto lleva tiempo para la necesidad de construir más terminales marítimas de regasificación. En la práctica, la única manera para evitar de comprar el gas ruso es la de reducir significativamente su consumo, particularmente en el sector industrial.

 

Alemania, corazón industrial de Europa y país que más depende de las importaciones rusas, sabe que esto sería un desastre. El director ejecutivo del conglomerado industrial BASF, uno de los mayores consumidores de electricidad del país, dijo que «esto podría llevar a la economía alemana a su mayor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial2». Por otro lado, la escasez de combustible diésel y muchos otros productos básicos producidos por Rusia está provocando crisis económicas en varios países.

 

Desde el inicio de la guerra, el precio del petróleo se ha mantenido por encima de los 100 USD por barril, un precio que históricamente ha provocado recesión económica en muchos países y que ya está causando niveles de inflación de dos dígitos en muchos productos esenciales. Más preocupante aún, se avizora una escasez mundial de alimentos, ya que Rusia y Ucrania están entre los primeros tres exportadores mundiales de trigo y, además, Rusia provee al mundo buena parte de los fertilizantes.

 

Es común ver estos eventos como obstáculos temporales en el camino de regreso hacia la «normalidad» y culpar por todo a la maldad de Vladimir Putin, pero se trata de evasiones tan fáciles como erróneas. Como en el caso de la pandemia, la guerra solo exacerba la crisis material y energética en la que estamos sumergidos desde más de una década3. Las restricciones al suministro de hidrocarburos eran ya presentes antes de la guerra y solo se han vuelto más severas con la salida del mercado de una parte de la producción rusa. De la misma forma, la interrupción de las cadenas de suministro globales y de insumos fundamentales, como los microchips y los fertilizantes, ya se habían manifestado en la segunda mitad del año pasado.

 

Sin embargo, las sanciones a Rusia están minando lo que probablemente es el arma más poderosa con la que desde hace 50 años Estados Unidos ha dominado el mundo: el rol del dólar como divisa de intercambio internacional, que le dio el poder de crear dinero de manera ilimitada y consumir mucho más de lo que produce su economía.

 

Como castigo por la invasión, Rusia ha sido excluida del sistema interbancario SWIFT controlado por EE.UU.; sin embargo, esta medida está acelerando el proceso de desdolarización mundial. China y ahora India, respectivamente la segunda y quinta economías más grandes del mundo, ya están teniendo arreglos comerciales directos con Rusia usando sus propias monedas o el rublo en lugar de dólares. Irán, el cuarto país con más reservas de petróleo del mundo, está haciendo lo mismo.

 

Aún peor para Washington es la noticia de que Arabia Saudita está considerando recibir la moneda china a cambio del petróleo que exporta a este país, poniendo un clavo más en el ataúd de los petrodólares. Estas acciones van acelerando el ocaso del dólar como moneda de intercambio del comercio internacional y, por ende, como divisa de reserva dominante en los bancos centrales.

 

Por otro lado, con el objetivo de respaldar el rublo, el Banco Central de Rusia ha anunciado la vinculación de la moneda con el oro a un precio fijo, lo que cambia sustancialmente el juego. Hace 50 años, EE.UU. dejó la convertibilidad fija del dólar en oro, dejando libre la Reserva Federal de crear dinero sin la necesidad de que estuviera respaldado por un bien físico. Con la movida del banco central ruso, que pronto podría ser seguido por China, se están creando nuevas monedas respaldadas por bienes físicos (oro, gas, petróleo), que evidentemente van a ser preferidas en comparación con las monedas fiduciarias, como el dólar, el euro, la libra esterlina o el yen, que no tienen ningún respaldo material.

 

Finalmente, entre las sanciones de EE.UU. está el congelamiento del oro que Rusia tenía en bancos occidentales. Esto se suma al congelamiento de las reservas áureas que ha llevado a cabo EE.UU. con Venezuela e Iraq, o el secuestro de oro físico durante las acciones militares en Libia y Afganistán. Muchos países están tomando nota de que tener reservas de oro o cuentas en dólares en EE.UU. y países aliados incondicionales de éste, implica el riesgo de perderlos. El resultado final será el progresivo abandono del dólar y demás monedas fiduciarias occidentales por parte de la mayoría de los países productores de energía, materias primas y productos finitos.

 

Lo anterior implica un riesgo muy serio de devaluación del dólar e impago de los países más endeudados -default de la deuda soberana-. Entre ellos está justamente EE.UU., Japón y varios países europeos. La deuda total de EE.UU. ya equivale a 125 % de su PIB4 y corresponde a un monto de más de 30 millones de millones de dólares, 68 veces la deuda soberana de México.

 

Hasta ahora, EE.UU. ha podido sortear la deuda creciente gracias al estatus privilegiado del dólar como moneda de reserva e intercambio internacional. El deterioro progresivo de este estatus frente a monedas respaldadas por oro y bienes físicos puede llevar a una hiperinflación del dólar y falta de recursos para el tesoro de este país. Aunque no sabemos cuando esto pueda ocurrir, México debería estar planeando una menor dependencia económica, financiera y energética del vecino del norte. En particular, no podemos dar por sentado que seguirá existiendo un mercado para los productos de exportación de la maquila mexicana y un flujo importante de turistas internacionales hacia nuestro país. Tampoco podemos pensar que tendremos gas abundante a precios abordables desde los campos de Texas y Pensilvania, cuando EE.UU. quiere exportar su excedente a Europa y Asia por barco y dado que la producción no se ha incrementado desde 2019.

 

El conflicto ruso-ucraniano está acelerando la crisis energética y la desglobalización. Ojalá que México empiece a considerar estos temas de fondo con una mirada más estratégica a la hora de planear su futuro energético y económico.


1  Ferrari l., 2018. El fin de los petrodólares y el regreso a un mundo multipolar. Serendipia

2  https://www.reuters.com/article/ukraine-crisis-basf-de-idINL5N2VY7L2

3  Ferrari L., 2021. Crisis energética y crisis climática. Serendipia

4  https://www.usdebtclock.org/

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