DRAMATURGIA FÓSIL

07.02.2022

Protagónico: El mamut lanudo del Ártico

Dr. Adolfo Pacheco Castro

Mammuthus primigenius.
Fotografía: Jorge Alcántara

Primer acto: el desenterramiento

 

Pocos lugares hay en la Tierra en donde los inviernos parecen no terminar nunca y las antiguas primaveras siguen contenidas en el subsuelo congelado o permafrost. En esos paisajes cubiertos de nieve, algunos recuerdos cálidos se mantienen intactos por miles de años y los vestigios de sus antiguos habitantes yacen debajo como si estuvieran dormidos. Así ocurre con una gran cantidad de registros fósiles de megafauna -mamíferos con un peso mayor a los 40 kg-, destacando rinocerontes lanudos, bisontes, caballos, lobos, leones cavernarios y los poderosos mamuts lanudos.

 

En regiones heladas de Rusia, tales como Yakutia en Siberia, o bien, en el Yukón de Norteamérica entre Alaska y Canadá, cada día es más común encontrarse con algún resto fosilizado o momia congelada de estos mamíferos de la era del hielo. Al parecer, sus tumbas ahora se ven profanadas por el calentamiento global, la deforestación de los bosques, la erosión de sus tierras, el incremento de desarrollo urbano y una mayor prospección por parte de paleontólogos en instituciones oficiales, así como por cazadores de mamuts.

 

Los cazadores de mamuts son rastreadores profesionales de fósiles en las estepas congeladas del Ártico, los cuales trabajan en temperaturas que rara vez alcanzan a subir hasta los 0 °C. Lo hacen no por fines científicos, sino para vender su más preciado producto en los mercados legales e ilegales de Asia: los colmillos de mamut. Estos dientes de proboscídeos extintos han ganado una enorme notoriedad entre los coleccionistas por sus cualidades excéntricas y su origen milenario.

 

Los colmillos ofrecen múltiples ventajas a su favor en contra del marfil de elefantes africanos, ya que a diferencia de éstos, los colmillos de mamuts son más grandes, miles de años más antiguos y -al preservarse congelados por tanto tiempo- mantienen intactas sus propiedades físicas como materia artesanal. Por otro lado, arrancarlos de su portador no supone llevar a la extinción a ninguna especie.

Lamentablemente, cuando estas piezas del pasado terminan convertidas en peones de ajedrez o esculpidas a manera de dragón chino, el conocimiento contenido en esas láminas de esmalte y cemento dental se pierden: una ventana al pasado que reconstruye la vida y obra de uno de los más grandes caminantes de la historia.

 

De entre los miles de colmillos de mamut que cada año se comercializan en el mundo, sólo algunos de ellos terminan en colecciones científicas y de éstos, apenas un puñado ha sido estudiado a detalle. Tal es el caso de un par de asombrosos colmillos de mamut lanudo macho (Mammuthus primigenius), de los que el más grande de ellos ostenta una longitud de 1,7 metros. Fueron colectados en el Yukón de Alaska y catalogados en la colección del University of Alaska Museum Earth Science (UAMES). Woller y sus colaboradores (2021) analizaron estos ejemplares mediante modernas técnicas de isotopía, que ayudaron a revelar por primera vez la enorme capacidad de desplazamiento que estos organismos tenían durante su vida.

 

Segundo acto: el rostro del protagónico

 

Los fósiles más conocidos de los mamuts son sus enormes dientes incisivos, coloquialmente llamados colmillos, una estructura que sin duda los dota de una sonrisa muy particular, dejando de lado otras extravagancias en su morfología, como lo es su enorme nariz -raramente preservada-.

 

Estos gigantescos dientones, aparentemente migraron por todo el mundo y como vestigio de ello están los incontables colmillos que dejaron tras de sí. Cierto es que su magnificencia no se encuentra únicamente en sus dientes, pues quién no se ha visto empequeñecido al estar frente a frente con uno de sus esqueletos en algún museo, reflexionando sobre lo poderoso que sería ese animal de más de cuatro metros de altura.

 

Hoy sabemos que los enormes colmillos de mamut no eran sólo un accesorio excéntrico que les otorgaba ventajas adaptativas para la búsqueda de alimento, protección o lucha entre ellos para incrementar su eficiencia reproductiva. Estos dientes también parecen ser una especie de paleo GPS (Sistema de Geoposicionamiento Global, por sus siglas en inglés), mejor dicho: un GPS isotópico, pues en estas técnicas se utilizan las relaciones entre átomos de estroncio y oxígeno para reconstruir las andanzas de estos mamíferos por todo el orbe. Pero… ¿cómo puede saberse en qué lugares estuvo un mamut hace miles de años con sólo mirar sus dientes?

 

Para responder esta pregunta debemos de estudiar estos colmillos de mamuts tal y como lo hacemos en los elefantes. Sabemos que los colmillos de elefantes continúan creciendo a lo largo de su vida -aproximadamente 15 centímetros por año- ganando capas concéntricas de dentina y esmalte que en una vista transversal recuerdan a los anillos de crecimiento en los árboles. Asimismo, pueden observarse longitudinalmente si se siguen estas líneas de crecimiento de la punta del colmillo a la base del diente, lo que permite conocer la edad del animal. De la misma forma, estos patrones de crecimiento se observan en los colmillos de mamuts y otros proboscídeos extintos.

 

El patrón de crecimiento fue crucial para determinar el desplazamiento de los mamuts en el Ártico, pues los paleontólogos buscaron entre cada capa de diente rastros de átomos de estroncio y oxígeno, que fueron obtenidos cuando los mamuts lanudos se alimentaban. Esto debido a que los isótopos -átomos de diferente masa- de estroncio del suelo y las plantas adquieren una firma única dependiendo del tipo de roca de cada región en el planeta. Por otro lado, la relación de isótopos de oxígeno ayuda a identificar la cantidad de humedad entre las distintas regiones y su variación climática. De esta manera, mediante el estudio isotópico de un sólo colmillo se pueden determinar aspectos íntimos en los patrones de desplazamiento espacial de este mamut lanudo, mucho tiempo después de su muerte.

Tercer acto: interpretación viva

 

El mamut lanudo de la especie Mammuthus primigenius, número de catálogo 29496 en el University of Alaska Museum Earth Science (UAMES), fue un mamut que vivió y murió en los fríos parajes del Yukón en el Ártico Norteamericano, hace 17 200 años. Durante su vida, deambuló principalmente por los paisajes abiertos de estepas y praderas cubiertas de nieve, pues la última glaciación estaba a miles de años de concluir.

 

Este mamut nació en la cuenca baja del Río Yukón, en el interior de Alaska. Sus primeros dos años fueron muy tranquilos, con muy poco desplazamiento de su lugar de nacimiento. Pero una vez cumplidos sus tres años, comenzó a caminar y no se detuvo hasta el día de su muerte. Durante su etapa juvenil, recorrió miles de kilómetros alrededor del Círculo Polar Ártico, desde el interior de Alaska hasta las cadenas montañosas de Brooks, en una dirección oscilante Norte-Sur, prefiriendo siempre aquellas tierras bajas, estepas abiertas dominadas por pastizales. Aunque por momentos desplazándose de forma lateral, hacia la península Seward al Oeste.

 

Este patrón de desplazamiento podía abarcar una superficie de más de 250 000 km2 y los recorrió hasta que cumplió los 16 años y se convirtió en un mamut adulto. Se infiere que estos 13 años de migración -siendo un organismo juvenil- pudo llevarla a cabo dentro de una manada dominada por un grupo matriarcal, tal y como sucede con los elefantes actuales.

 

En su etapa adulta, después de los 16 años, su desplazamiento incrementó y comenzó a recorrer distancias mayores. Desplazándose hacia el Este del continente, pero siempre yendo y viniendo de Norte a Sur, desde el interior de Alaska, por debajo del Círculo Ártico hasta las laderas norteñas de la cadena montañosa de Brooks cerca del Océano Ártico.

 

Este rango de movimiento mayor de más de 500 000 km2 se infiere como el momento en el que este mamut lanudo dejó la manada para reproducirse con otras poblaciones de mamuts, pero al recorrer distancias mayores más cerca del Círculo Ártico, los inviernos le obligaban a tener que regresar al sur, en búsqueda de mejor alimento.

 

A los 26 años, luego de estar 10 años migrando efusivamente, su rango de movimiento comenzó a ser menor. En sus últimos dos años de vida habitó en una región muy reducida, no mayor a los 100 000 km2, al norte de la cadena montañosa del Brooks, al norte del Círculo Ártico. Debido a esto, los últimos dos crudos inviernos dejaron mella isotópica en sus colmillos, pues sin poder migrar más al Sur hacia territorios más benevolentes, este mamut lanudo sufrió bastante para obtener alimento y murió lentamente de inanición.

 

Es probable, que aún bajo estas condiciones de frío extremo, atravesando senderos de nieve espesa, con la nariz congelada por buscar el más mínimo vestigio germinado de vegetación, nuestro mamut caminó y caminó, hasta el momento en el que exhaló su último aliento cálido y por fin descansó.

 

Referencia:

Wooller et al,. 2021. Lifetime mobility of an Artic wolly mammoth. Science, 373:806-808. DOI: 10.1126/science.abg1134

 

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