CAMBIO CLIMÁTICO: HIDROLOGÍA Y SOCIEDAD

Las ciudades se ahogan y pierden su patrimonio cultural, ¿es la urbanización del planeta o el cambio climático, el causante?

Dr. Enrique González Sosa

 

Las inundaciones originadas por eventos hidrometeorológicos han sido más recurrentes en las últimas dos décadas y, generalmente, han sido valoradas a partir de un origen de eventos extremos o extraordinarios refiriéndose, sin duda, a precipitaciones no presentes en la cronología, o bien, a fenómenos poco estudiados o bien favorecidos por el cambio climático. Los efectos en la sociedad han sido devastadores, tanto en lo económico como social y psicológicamente. Por mencionar lo económico, en Sonora -domingo 4 de octubre de 2015- los efectos del huracán Marty produjeron pérdidas materiales estimadas en 550 millones de pesos.

Las inundaciones ya son eventos recurrentes en todo el planeta y sus impactos son semejantes: pérdidas materiales totales y perdidas del patrimonio cultural. En este contexto, la valorización y magnitud de las pérdidas parecen estar sólo inscritas en el elemento económico dejando al margen el elemento de cultura, el cual es fundamental en la identidad de una sociedad. En lo referente al componente económico, tanto en los países desarrollados como en los países emergentes, los daños suelen resarcirse, total o parcialmente, por la capacidad de las compañías aseguradoras y, por otra parte, por la capacidad misma de los gobiernos.

No obstante que en lo cultural las repercusiones también son semejantes, puede haber diferencias significativas. En México continúa siendo primigenia la valoración del patrimonio cultural adquirido a lo largo de los siglos -en la mayoría de las veces- en entidades como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, entre las principales. Asimismo, la cultura de la prevención es limitada por falta de entidades gubernamentales que apoyen la investigación. En cambio, en países como Estados Unidos y Francia, donde igualmente han ocurrido afectaciones significativas por inundaciones recientemente, es esencial preservar el patrimonio cultural y fortalecer una cultura de adaptación a los efectos del cambio climático, por lo que hay una interacción entre la sociedad y gobierno para restaurar los dos elementos al mismo tiempo.

No obstante su capacidad tecnológica de punta y ciencia vanguardista, grandes centros especializados en el estudio del clima -METEOFRANCE, NASA- con modelos de gran capacidad de resolución numérica y matemática, para disponer de una predicción acertada en tiempo y forma de los eventos hidrometeorológicos catastróficos, aún siguen sufriendo embates en algunos casos severos.

A título de ejemplo, está el caso del sureste de Francia -22 h, sábado 3 de octubre de 2015-. Dos días antes de la inundación en la zona de Niza, altamente turística, estaban previstos eventos de lluvia entre 100 mm - 200 mm, sin precisar la hora exacta del evento; el más severo fue de 120 litros por metro cuadrado en una hora -5 garrafones de agua-. Aquí es donde uno se cuestiona, ¿es la alta urbanización de la zona la que favoreció la inundación, o bien, la gran precipitación prevista por modelos matemáticos? La respuesta parece simple desde el punto de vista gubernamental, es un fenómeno favorecido por una gran evaporación del Mediterráneo y las corrientes de aire frío que descienden, así como por la gran masa de vapor de agua que quedó atrapada por las montañas de la zona. Técnicamente, parece una explicación simple y comprensible socialmente, sin embargo, los daños son irreversibles en el patrimonio cultural y en la psicología social, o bien, deberá pasar un tiempo para asimilar los daños.

Ante cada evento de esta naturaleza, el patrimonio cultural se va perdiendo sin encontrar una explicación clara de quién es el responsable, la sociedad misma o la ligereza de los gobiernos para resolver los problemas bajo un contexto sin respuestas científicamente soportadas. Y cuando ocurren eventos de esta naturaleza en otros lugares del planea, o bien, en ciudades del altiplano de México, llegamos a la misma respuesta: crecimiento urbano sin planeación para afrontar tales contingencias y eventos extraordinarios originados por el cambio climático global -no previstos-, o una falta de valorización cultural -pérdida de recuerdos o documentos de identidad personal-, o bien, falta de respuestas científicamente soportadas para afrontar este gran mal del siglo actual.

 

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Dr. Enrique González Sosa

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