06.08.2020

La fragilidad humana ante el advenimiento de las nuevas catástrofes climático-sanitarias  

Dr. Enrique González Sosa

Crisis climáticas. Jorge Alcántara 2020

Al presente, no sabemos cómo va a terminar, ni comprendemos cómo debimos iniciar, ni tampoco sabemos cómo va a continuar, ni cómo debemos enfrentar las nuevas pandemias derivadas de catástrofes climático-sanitarias.

 

Si bien el mundo está conformado por una población de diversos orígenes étnicos, el mundo ha cambiado, el orden actual está integrado por grandes bloques económicos. La respuesta y su participación ante las nuevas catástrofes climático-sanitarias y su indolencia por los organismos internacionales tienen un importante impacto global. Ante el menosprecio que se tiene por las entidades internacionales (OMS, ONU, IPPC), aunado a la falta de preparación y experiencia para enfrentar nuevos eventos catastróficos, todos los que vivimos en este planeta tenemos la obligación moral de compartir responsabilidades ante las nuevas catástrofes climático-sanitarias.

 

Las pandemias y sus consecuencias agudizan nuestra fragilidad ante los nuevos cambios climáticos y la readaptación de la naturaleza para mantener un equilibrio que favorezca la vida en el planeta. Tal parece que nuestra memoria es corta ante las lecciones vividas por ciertas comunidades, tanto local, regional y globalmente. Hoy es la pandemia del SARS-CoV-2 que nos une y exige un ejercicio de reminiscencia social para recuperar y recolectar los hechos de nuestro aprendizaje solidario.

 

Para resistir la pandemia, no obstante la competencia natural entre los países por encontrar una solución, hay signos de integración para resolver un problema común, la COVID-19. De igual forma, ese apetito global por resolver el actual problema de sanidad mundial debe ser un hecho detonador para repetirlo como uno de los esfuerzos por contener los efectos del cambio climático y un proceso precursor que deje al margen la arrogancia de las sociedades altamente industrializadas, permitiendo recuperar y superar las dificultades que afectan la vida en el planeta.

 

Reducir la desigualdad de bienestar humano, sin importar la cultura y condiciones étnicas, contribuye a disminuir los daños por las nuevas catástrofes climático-sanitarias que padecemos hoy en día, ya que muy probablemente se agudicen si continuamos desvalorizando los hechos vividos, comprometiendo el futuro de las nuevas generaciones.

 

Hoy en día es invaluable una bocanada de aire puro sin temor a contagiarnos de la COVID-19, razón por la cual en las ciudades con mayor incidencia del virus, los bosques urbanos revalorizan la trascendencia de la naturaleza. La calidad del aire es sin duda vital, hay un virus oculto en el ambiente que diariamente mata a miles de personas.

 

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