05.11.2019

Eutanasia climática  

Dr. Enrique González Sosa

Composición: Jorge Alcántara 2019

Nuestra presencia en la Tierra está llena de coexistencias. Así como nuestra vida puede expresarse como la forma en que fluye la extensión de nuestro cuerpo, de manera similar podríamos expresar que el clima es la condición en la que fluye la vida en el planeta.

 

Actualmente, estamos cubriendo el precio del cambio climático. Diversas voces hablan de la fundición de los polos, de las enormes pérdidas de especies animales y vegetales, de eventos catastróficos, incluso de alarmantes pronósticos, si no cambiamos en los próximos decenios nuestros hábitos de vida. Los sucesos de vida en el universo y en el planeta van en sintonía: pérdida de glaciares y perdida humanas por catástrofes asociadas a fenómenos hidrometeorológicos; en ambos casos, se llevan a cabo réquiems para guardar en la memoria los recuerdos de su presencia.

 

La desolación que invade a los seres humanos por la pérdida de ecosistemas conlleva a las coexistencias. «Primer funeral por la pérdida de un glaciar Islandés, Okjökull»: en 118 años (1901-1919) pasó de una superficie de 38 km-2 a 1 km-2, a un ritmo de extinción de 31,35 ha /año (El País, sábado 19 de octubre de 2019). Puede parecer irónico, pero es una realidad; los ríos, los lagos, las presas, ecosistemas, aves, insectos, entre otros, poco a poco se van extinguiendo.

 

Más allá de parecer una profecía climática, se asemeja a un proceso de eutanasia climática. ¿Llegó el momento de buscar vida en otros planetas del universo? Si la desesperanza nos invadiera, diríamos que sí, sin embargo, hay muchas razones para seguir conservando la vida en el planeta y la del mismo planeta.

 

Los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPPC por sus siglas en inglés), aunque técnicamente son duros, con sutil pesimismo provocan preocupación en la sociedad ocasionándoles depresión por el cambio climático. Por un lado, por la evidente coexistencia entre el ser humano y el planeta, y por otro, porque estimula una paranoia social ante los escenarios posibles y la desarticulación entre las acciones individuales y las acciones globales.

 

El mundo debe encontrar formas efectivas para que los programas y políticas ambientales pasen del estatus «nada es suficiente» a «lo estamos haciendo», porque no basta que los gobiernos y políticos incluyan en sus discursos y programas electorales enunciados de medidas de mitigación o de emergencia climática, sino que deben aplicarse acciones efectivas para evitar una decisión terminal, «eutanasia climática».

 

Habrá los escépticos, los optimistas y pesimistas, pero si no vemos la realidad, cada vez aparecerán nuevos fenómenos asociados al cambio climático y el tiempo para su comprensión se acorta. ¿Qué hacemos?, ¿desconectamos el planeta y lo dejamos agonizar, en una actitud irresponsable para las nuevas generaciones, o bien, reaccionamos y actuamos todos juntos pensado en el futuro, por el bienestar de nuestros hijos, nietos, bisnietos, por el bien de la humanidad? Aunque aún parece un misterio hasta qué punto nos afecta el cambio climático, si ya sabemos lo que no sabemos, ¿cómo es que se extingue el planeta?

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