Ilustración: Jorge Alcántara

La pedagogía colectiva y la investigación participativa

M. en A. Siglinde Langholz

La ciencia necesita del arte para provocar el misterio, pero el arte necesita de la ciencia para que no todo sea misterio; por ello es necesario indagar en la textura y en la fuerza de una pedagogía colaborativa de interconexiones con ambas ramas. El desenvolvimiento y el ritmo de este texto son informados por esta inmediatez.

Esta pedagogía surge a modo de contrapunto crítico al modelo establecido por la educación moderna. Crea una educación como una instancia de posibilidad alternativa social en beneficio de la colectividad. De modo tal que la relación entre lo social y lo educativo se manifiestan mediante el desarrollo de una acción que tiende al bien común. Se utiliza esta pedagogía para generar prácticas que incluyen: la educación popular, la co-investigación, la práctica colectiva, la educación crítica, la investigación-acción participativa, entre otras.

Es importante atender estos procesos con un enfoque que motive la necesidad de rastrear la continuidad de las prácticas colaborativas entre el arte, la ciencia y sus intersecciones con el objetivo de pensar en las implicaciones de los procesos con un enfoque social desde la experiencia pedagógica, las prácticas interdisciplinarias y las metodologías colaborativas.

 

«La institucionalizada pedagogía ha creado la falsa imagen de que el conocimiento es algo que necesita ser producido y consumido. Se basa en el postulado de que sólo hay valor en lo que puede ser en realidad sujetado, captado o sensorialmente percibido. La pedagogía institucionalizada ahora tiende a coincidir con los mandatos del neoliberalismo: la realización de valiosas vidas, el orden de lo sensible, la explotación de lo que sanciona como útil.»

 

La pedagogía que propongo está relacionada con una crítica inmanente de las economías de supervivencia, de las que nosotros (el estudiante, el trabajador, etc.) somos continuamente cuestionados por abrazar una practicidad que toma dirección y que es parte de la forma de nuestra vida. Esta pedagogía se formula de forma colectiva provocando así que el arte y la ciencia co-evolucionen en nuevos procesos, prácticas e investigaciones participativas, las cuales pueden ser tangibles e intangibles.

Estas ramas tienen una íntima relación, entre ellas cooperan y se nutren -a pesar de las diferencias que las pueden caracterizar- formulando así la transgresión de fronteras, lo que provoca el desenvolvimiento de un universo interdisciplinario activo. A pesar de las diferentes técnicas, se comparte un mismo interés por la experiencia; sus creaciones fueron actos de exploración, intentos por abordar misterios que no se lograban comprender. Todo experimento es brillante al igual que todo proceso creativo, ya que comienza con un acto de imaginación y exploración.

No hay que preocuparse demasiado por ver a través de los hilos. No nos preocupemos demasiado por dibujar una línea. Haz que el aprendizaje sea un tejido colectivo interdisciplinario.

 

Empezar por en medio del arte y la ciencia

 

Cuando estudiamos la forma en que entramos en el aprendizaje colectivo, debemos olvidar el hábito del parar el pensamiento con el fin de comenzar de nuevo. Somos más que un entramado de células eléctricas y espacios sinápticos, hay que aprender a ver, experimentar y colaborar desde en medio de los procesos. Algunos de los filósofos que trabajan en medio de éstos y con el pensamiento de que el movimiento va de momento a momento con conexión a las potencialidades y fuerzas de la acción son Nagarjuna, Spinoza, Whitehead y Deleuze.

Al aprender a escuchar desde en medio de las conversaciones, de los procesos, y al ver en medio de cuerpos animados, se siente una respiración colectiva. Tal es el caso del reciente proyecto llevado a cabo en el marco de Simbiosis, llamado El Último Aliento; en él, la ciencia, la sociología, el arte, y otras disciplinas se unen para entrar en una colectividad y estar en conexión con la comunidad de mineros a partir de los quiebres sociales. Este proyecto va generando, poco a poco, un aliento colectivo en el desenvolvimiento de su experimentación.

El Último Aliento es una instalación interdisciplinaria que intenta reflexionar sobre la problemática de la minería, que hoy día afecta a los ámbitos económico, político y social. El Último Aliento parte de micro-historias y tradiciones de la minería de Real del Monte, que han influido la investigación sobre un sin fin de procesos interdisciplinarios en colectivo. Así, se generaron una multiplicidad de piezas dependientes de este contexto, dando lugar a entretejimientos históricos, procesuales y multi-sensoriales.

Trabajado con la comunidad mediante diálogos íntimos con el Sindicato de Mineros en Hidalgo, durante los meses de octubre y noviembre del 2015, se recolectaron alientos, narraciones, fotografías, dibujos y sonidos de 16 ex-mineros. Este proyecto también constó de varios talleres comunitarios, conciertos en vivo con las bacterias que se incubaron de los alientos de los mineros y de un espacio móvil que recorrió las comunidades mineras. El Último Aliento dio como resultado una variedad de procesos de interacción social desde el: arte, ciencia, tecnología, filosofía y antropología logrando una simbiosis en constante movimiento.

Es importante mencionar que este proyecto fue posible por la colaboración de residentes, artistas locales, biólogos, panaderos, mecánicos, y carpinteros de Pachuca y Real del Monte en Hidalgo, México. Todas las formas de vida, se puede ver y decir, se han desplegado a partir de las interacciones entre microorganismos, energía, vibraciones y en colectivo. En este proceso están intersectados el paisaje sonoro, el movimiento de bacterias como sonido colectivo y el aliento que se desborda debido a la interacción social y colectiva interdisciplinar.

 

La colectividad del arte y la ciencia en el paisaje sonoro

 

La experiencia humana del paisaje sonoro es parte de los cuerpos en colectivo, en movimiento, en un entorno que no se detiene. Estos procesos están entrelazados en el ritmo. Hay que pensar el paisaje sonoro como:

 

«Cuando escuchamos la música, hay que rechazar la idea de que la música sólo ocurre únicamente cuando el músico entra y recoge un instrumento; la música es también la anticipación del performance y los ruidos de la apreciación que genera y el hablar que pasa a través y alrededor de ella, hace que se haga, estando en él mientras se escucha».

 

El paisaje sonoro colectivo entre disciplinas está rodeado de indicios que residen debajo del umbral de la percepción real, pero ¿qué pasaría si fuera una percepción que se encuentra en medio? Pensemos en el sitio donde el aprender interdisciplinario pueda ser elocuente y escuchemos cómo suena, incluso, si no se puede oír. Esto hace una diferencia.

El paisaje sonoro se sitúa interdisciplinariamente entre el arte, la ciencia, la geología, entre otras, como un sistema de signos que adquiere una serie de valores en contextos determinados pero que, al mismo tiempo, contiene un valor simbólico y estético por el que deviene un esfuerzo por desactivar el aura objetivadora, lo que se devuelve multiplicado, permeable y abierto, a infinidad de posibilidades y relecturas.

La colectividad es resultado del interactuar de un proceso y, en ocasiones, su desenvolvimiento depende de su transformación en recorrer. Es parte de interpretaciones, de concebimientos y experimentaciones sirviendo también, en ocasiones, como una poderosa herramienta para generar flujos.

El reto de un artista es hacer visible lo invisible, inaudible lo audible; éste es lanzado casi de inmediato en el ámbito de la energía al borde del arte y la ciencia. Por ejemplo, Leslie García en el proyecto Pulsu (m) Plantae usa traductores y amplificadores, los cuales nos permiten escuchar a las plantas. Las plantas responden al tacto, al sonido y a las conexiones entre ellas. Pulsu (m) Plantae se basa en la filosofía de Felix Guatarri, quien acuñó la idea de Chaosmosis, que enfatiza la respuesta adaptiva de seres en un universo al azar, ya sea un aplauso, el contacto con algo, una conexión.

A través del sonido, podemos rebasar la interpretación interdisciplinaria visual, ya que no está cimentada en un espacio cerrado. Gilles Deleuze y Félix Guattari mencionan que un espacio está «abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones […], iniciado por un individuo, un grupo, una formación social.». Éste se permea de los remanentes, texturas, ritmos, flujos y colaboraciones del universo de moléculas en movimiento que se van activando conforme a la serie de experimentaciones, logrando transgredir fronteras.

La interacción entre la ciencia y el arte provoca una adaptación creativa y una extensión sensorial transformando experimentaciones en potenciales para el desarrollo de procesos alternos, a través de una modalidad, una visión alternativa del mundo. Tal es el caso de Kuashien Auson, artista ecuatoriano que genera música a partir del movimiento y la interacción de miles de hormigas entorno de un sensor óptico biomimético. Esta instalación, llamada 0h!M1gas, consiste en amplificar el fenómeno de estridulación (fricción entre los cuerpos de las hormigas) mediante micrófonos convirtiendo a las hormigas en entidades instrumentales que generan ondas de sonido, frecuencias y ritmos musicales. La pieza de Kuashien Auson hace un análisis profundo de los microsistemas sonoros que produce, en este caso, una colonia de hormigas, sus interconexiones colectivas y sus potencialidades que pueden generar partir de su recorrer.

 

Procesos de multiplicidad y potencialidades en la participación

 

La investigación participativa se fundamenta a partir de los procesos que tienen el potencial para activar visiones del mundo de forma alternativa, proporcionando evidencia para convertirse en un proceso creativo infinito y múltiple entre disciplinas. Esta investigación como proceso tiene la potencialidad de generar flujos relacionales generativos. En colectivo se puede crear y explorar un nuevo enfoque a la investigación, que combina las prácticas artísticas con bases participativas basadas en la comunidad y los contextos de colaboración a través de diversas disciplinas.

En cuanto a la variedad de formas de arte, performance y poesía, los colaboradores exploran cómo el proceso de creación interdisciplinario genera y difunde conocimiento colectivo relacional. Los procesos interdisciplinarios basados en el arte son formas de conocimiento experimentales, que toma el sistema participativo basado en la comunidad con un enfoque de colaboración para explorar cuestiones, crear conocimiento y después compartirlo. Así como en el caso de las abejas, éstas toman decisiones colectivamente y democráticamente, cada año, se enfrentan con el problema de vida o muerte de elegir y viajar a un nuevo hogar y apuestan por un proceso que incluye hechos colectivos y la creación de consenso. De hecho, como lo revela Thomas Seeley, investigador del comportamiento animal, estos insectos tienen mucho que enseñarnos con referencia a la colectividad y a la toma de decisiones.

Lo anterior, en un proceso colaborativo que en las artes genera enfoques que implican la colaboración en múltiples capas y la experimentación interdisciplinaria desde diversas perspectivas. Tanto Derrida y Nagarjuna postulan un mundo que los budistas llaman codependent arising, en el que las cosas, las ideas y el yo surgen si tienen sentido en relación con otros en un proceso de un continuo devenir y de conectividad rizomática. A partir de la experiencia, hasta en el más rígido de los sistemas hay colectividades y devenires emergentes que encuentran la manera de encontrarse con la parte especulativa de la experiencia, explorando nuevos colores del evento en su pragmatismo.

Cuando uno es participe de un colectivo y sus potencialidades, nos podemos encontrar con una nueva forma de conocimiento que ha estado allí todo el tiempo: el borde, la frontera, como ya se había mencionado con anterioridad. Esta forma de conocimiento tiene el potencial de crear nuevas formas de colectividad dentro de la experiencia en el hacer. Los procesos de potencialidad en la participación generan nuevas técnicas de percepción en la ecología de las diversas prácticas o procesos. En la ecología de las prácticas no es la mente la que habla, lo que emerge no es una narrativa centrada en el sujeto, sino una explicación de cómo se mueve el pensamiento, cómo nos mueve y cómo se mueve el mundo. Una práctica de aprendizaje colectivo es sobre el movimiento del pensamiento interdisciplinario, que hace intervenir al pensamiento en el límite inmanente donde todavía está totalmente en el acto.

 

Rose Antoinette, Ronald. (Abril 2015). If the earth is the pedagogy en Université Paris VIII, Inflexions 8, Radical Pedagogies. Pp. 116117. www.inflexions.org

2 Lehrer, Jonah. (2010) Proust y la neurociencia. Paidós. Pp. 1820.

3 Manning, Erin. (Abril 2015). 10 propositions for a radical pedagogy, or how to rethink value en Inflexions 8, Radical Pedagogies. Pp. 202-203. www.inflexions.org

4 Harney, Moten, Halberstam (2013). The Undercommons: Fugitive Planning & Black Study. Autonomedia. Pp. 9.

5 Deleuze, Gilles y Guattari, Félix. (2002). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia, Pre-Textos. P.p. 18.

 

 

 

 

 

 

 

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