20.05.2026
Dra. Sheila Iraís Peña Corona
En colaboración con la Dra. María del Rosario Tarrago Castellanos y la Dra. Edith Arenas Ríos
Los fitoestrógenos se encuentran de forma natural en una amplia variedad de alimentos de origen vegetal, siendo la soya y sus derivados -como leche, tofu y fórmulas infantiles- las principales fuentes dietéticas debido a su alto contenido de isoflavonas, en particular, genisteína y daidzeína. También están presentes, aunque en menores concentraciones, en leguminosas -lentejas, garbanzos-, en semillas -linaza, ajonjolí-, en cereales integrales y en algunos frutos secos. Además, pueden encontrarse en productos procesados que contienen soya como ingrediente añadido.
La cantidad y la biodisponibilidad de estos compuestos dependen del tipo de alimento, del procesamiento industrial y de la microbiota intestinal, lo que influye directamente en su actividad biológica en el organismo.
En los últimos años, los productos de origen vegetal han ganado popularidad como alternativas «más saludables» en la alimentación humana. Entre ellos, la leche de soya, con un alto contenido de fitoestrógenos como la genisteína y la daidzeína, ocupa un lugar destacado, especialmente entre poblaciones con intolerancia a la lactosa que buscan opciones más sostenibles.
Sin embargo, detrás de esta tendencia existe una pregunta clave: ¿qué efectos tienen estos compuestos en el organismo durante etapas críticas del desarrollo? En esta ocasión, hablaremos de cómo estos compuestos pueden alterar la homeostasis endocrina de los organismos biológicos.
Aunque se les ha atribuido efectos positivos a los fitoestrógenos -antioxidantes o protectores frente a enfermedades crónicas-, también pueden actuar como disruptores endocrinos. Esto significa que pueden alterar el equilibrio hormonal normal del organismo.
En nuestro laboratorio, trabajamos con fitoestrógenos, compuestos naturales presentes en plantas, que poseen una estructura química similar a la del estradiol, una de las principales hormonas sexuales humanas. Esta similitud les permite interactuar con los receptores hormonales del cuerpo y modificar procesos biológicos esenciales como la diferenciación sexual.
La diferenciación sexual es un proceso complejo que comienza en etapas tempranas del desarrollo. No sólo depende de los cromosomas, sino también de la formación de las gónadas -ovarios o testículos-, de la organización del cerebro y de la expresión posterior de conductas reproductivas. Durante este proceso, las hormonas desempeñan un papel central.
En modelos animales, como las ratas, se ha demostrado que pequeñas variaciones en la exposición hormonal durante la gestación o el periodo neonatal pueden modificar de forma permanente la estructura cerebral, la función gonadal, la fertilidad y el comportamiento sexual. Esto implica que el organismo en desarrollo es altamente vulnerable a sustancias externas capaces de imitar o interferir con las hormonas naturales.
Diversos estudios en modelos animales han demostrado que la exposición temprana a estos compuestos puede provocar:
En ratas, por ejemplo, se ha observado que la exposición neonatal a la genisteína puede modificar regiones cerebrales clave para la reproducción. Aunque estos hallazgos provienen de modelos animales, tienen implicaciones importantes para la salud humana.
En México, el consumo de productos a base de soya ha aumentado considerablemente y su uso en fórmulas infantiles constituye una fuente significativa de exposición a fitoestrógenos en etapas tempranas de la vida. Algunas de estas pueden contener entre 6 mg/L y 12 mg/L de isoflavonas, lo que representa una exposición hormonal exógena significativa.
Se ha estimado que los niveles plasmáticos derivados de esta ingesta pueden superar ampliamente las concentraciones de estradiol endógeno en lactantes, alcanzando magnitudes miles de veces superiores. Este tipo de exposición, especialmente en etapas tempranas, plantea interrogantes sobre posibles efectos de dependencia a la dosis en el sistema endocrino.
Uno de los sistemas más afectados por los fitoestrógenos es el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), encargado de regular la respuesta al estrés. Durante el desarrollo temprano, este sistema es altamente plástico. La exposición a compuestos hormonales puede generar cambios epigenéticos duraderos que afectan la respuesta al estrés, el comportamiento emocional y la salud metabólica en la vida adulta. Esto sugiere que los efectos de los fitoestrógenos no se limitan al sistema reproductivo, sino que pueden afectar todo el organismo.
Ante este panorama, surge la interrogante: ¿es posible reducir o contrarrestar los efectos de los fitoestrógenos? Hay compuestos que se han utilizado para dichos fines, como el resveratrol y las vitaminas, que modulan la respuesta y disminuyen el daño; sin embargo, su efecto depende de la dosis. A concentraciones bajas puede actuar como agonista estrogénico, mientras que a dosis más altas puede ejercer efectos antagonistas. Esto lo convierte en una herramienta prometedora, pero también compleja desde el punto de vista terapéutico.
Este tipo de investigación tiene un impacto directo en la salud pública. En un contexto en el que los productos «naturales» se perciben como seguros, es fundamental generar evidencia científica que permita tomar decisiones informadas. Entonces, la evidencia disponible sugiere que la exposición a fitoestrógenos durante etapas críticas del desarrollo puede tener consecuencias a largo plazo, de ahí que es necesario:
¿Qué ocurre cuando un organismo en desarrollo recibe señales hormonales que no corresponden a su etapa fisiológica? La evidencia actual sugiere que los fitoestrógenos pueden modificar procesos biológicos fundamentales cuando la exposición ocurre en momentos críticos del desarrollo.
La pregunta ya no es si estos compuestos tienen efectos, sino en qué condiciones, en qué etapas de la vida y en qué magnitud pueden representar un riesgo. En un contexto en el que lo «natural» suele asociarse con seguridad, resulta indispensable replantear esta idea a la luz de la evidencia científica y promover decisiones informadas que prioricen la salud a largo plazo.