¡SERENDIPIAS!
L.P.C. Julieta Espinosa
Encontrar una prueba testimonial de la ocurrencia del Big Bang no era el objetivo de los entonces empleados de los Bell Telephone Laboratories, Arno Allan Penzias y Robert Woodrow Willson, cuando trabajaban con la antena de bocina, Holmdel Horn Antenna, en la medición de emisiones de radio de nuestra galaxia.
Durante su labor con la enorme antena, de 6 m de apertura cuadrada de boca, detectaron un zumbido constante proveniente de todas direcciones. Ante ello, el físico estadounidense de origen alemán, Arno Penzias, y el radioastrónomo estadounidense, Robert Wilson, plantearon varias hipótesis, entre la que destacó la suciedad de la antena.
Ubicada en Crawford Hill, Holmdel, Nueva Jersey, EE.UU., la antena fue limpiada del excremento de paloma acumulado, pero el zumbido no cesó. Ya en 1965, decidieron consultar a un grupo de investigación de la Universidad de Princeton (Jim Peebles y David Wilkinson), liderado por el físico Robert Dicke, en busca de una solución.
Casualmente, el equipo de Dicke buscaba teóricamente esa radiación fósil del Big Bang y estaba construyendo una antena para logarlo, pero fue ese zumbido inesperado el que pondría al frente del descubrimiento a Penzias y Wilson.
Su formación académica los llevó a concluir que su interferencia, una señal constante de 3.5 K, era el eco del Big Bang. El descubrimiento fue comunicado telefónicamente a Dicke, quien, al colgar el teléfono, expresó a su equipo: “Boys, we’ve been scooped!” [¡Muchachos, nos han ganado la primicia!].
Tras el acontecimiento, ambos grupos decidieron publicar el hallazgo de manera conjunta en el Astrophysical Journal; sin embargo, en 1978, el Premio Nobel de Física fue otorgado únicamente a Penzias y Wilson, dejando fuera al equipo de Princeton.