ECOLOGÍA RIZOMÁTICA HOY
16 de enero de 2026
Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita
El desastre provocado por las fuertes lluvias en la última temporada de ciclones (septiembre-octubre de 2025), generó inundaciones en el Valle de México, la zona de la megalópolis y estados aledaños, concentrados en el centro del país, desde el Pacífico hasta el Golfo de México. Eventos hidrometeorológicos comparables con los acontecidos en esta vasta región desde la inundación de Tenochtitlán.
Los códices prehispánicos de 1455, que documentan la inundación de Tenochtitlán, narran cuando Moctezuma solicitó ayuda a Nezahualcóyotl y éste ordenó la construcción del albarradón, el cual fue derribado por mandato de Hernán Cortés en 1521 y reconstruido en 1555, aunque ya con nombre cristiano, Albarradón de San Lázaro. Con el Albarradón de Ecatepec, pasó algo similar, se reconstruyó después de otra gran inundación en 1604 y se le nombró Albarradón de San Cristóbal.
Cabe mencionar que las crónicas cuentan que esta inundación (1604) era la mayor registrada de la historia, sin embargo, otra inundación en 1607 dejó claras dos cosas: a) los albarradones no podían contener las inundaciones y b) los gobernantes, por fin, se enteraron de que no era un valle donde se encontraban, sino una cuenca hidrográfica cerrada (endorreica), y que debían hacer una salida artificial de agua o irse a otro lado.
Cuentan las leyendas que lo meditaron, desde tiempos de Cortés, pero que decidieron continuar con los paisajes precolombinos de acuerdo con la traza de Tenochtitlan y seguir creciendo urbanísticamente en el «valle», con sus suelos fangosos por la acumulación de sedimentos finos -materia orgánica en descomposición, limos y arcillas-; sus suelos comprensibles y expandibles, lo que hacía que hubiera movimiento en las construcciones; sus suelos que amplificaban las ondas sísmicas de los movimientos telúricos por diferencias en densidad con suelos más duros en profundidad; y sus suelos que absorbían agua y propiciaban hundimientos naturales, que debilitaban y dificultaban la creación de edificaciones y favorecían el mantenimiento de la humedad por inundaciones.
Entonces, para sacar el exceso de agua de la cuenca, inició la construcción del Canal de Huehuetoca en 1607, sin concluirse por falta de presupuesto, interés o voluntad política. No obstante, la inundación de México-Tenochtitlán de septiembre-octubre de 1629 -quizás la más documentada de todas, por el tiempo que quedó inundada la cuenca, de cuatro a cinco años, y por la cantidad de vidas que cobró, entre 30 mil y 40 mil personas- propició la continuación de la construcción del Canal de Huehuetoca, conocido ahora como Tajo de Nochistongo.
Aunque podemos seguir enumerando las inundaciones de las ciudades asentadas en el sistema lacustre del Cem Anáhuac y de las cuencas aledañas en el Centro de México -hasta las más recientes, como las de 1999 y 2013, y claro, las de 2025-, estos ejemplos son más que ilustrativos de que tenemos una gran cuenca cerrada y, muchos ríos y lagunas fuera de ella que son estacionales y dependen del hidroperiodo y del régimen hídrico que le propicie la temporada de lluvias circanual.
En este punto hay algo claro, de que de que se van a inundar las tierras, comunidades y ciudades adyacentes a estos paisajes limnológicos, se van a inundar… a menos de que las autoridades construyan obra pública bien hecha y con mantenimiento continuo, mensual, por lo menos.
Bajo esta perspectiva, nos damos cuenta de que los fenómenos hidrometeorológicos no se pueden entender únicamente como catástrofes naturales, ya que no alcanzan la categoría ecológica de evento catastrófico natural, porque su efecto pernicioso no se manifiesta en los ecosistemas, sino en los paisajes que hemos construido. Los «eventos naturales extremos» tienen un efecto devastador enorme en el entorno social y económico del país.
Los hidrometeoros de gran magnitud son un fenómeno natural frecuente como hemos visto, tanto cuando llueve como cuando no llueve; todos los años llega la temporada de lluvias y posterior a ella, la de huracanes y, luego, un periodo seco. La naturaleza, con impactos humanos o sin ellos, no se ve afectada, pero mientras más está antropofizada, los impactos negativos son más fuertes para las comunidades humanas locales y, con ello, la vida de las personas está en grave riesgo
Una vez pasado el evento, viene el no menor impacto negativo en la reconstrucción del tejido social y económico de la región. Aquí es donde los afectados directos dan cuenta a las autoridades administrativas de sus daños, en pérdidas de vidas y desaparecidos, menoscabo del patrimonio y de su economía. ¡¿Y por qué estos fenómenos recurrentes siguen causando tanto daño?! La gran pregunta a la autoridad es: si se sabe que son sucesos naturales frecuentes, ¿por qué no se ha hecho la obra pública adecuada para aminorarlos y prevenir el daño social, en primer lugar, y económico, en segundo?
Si contamos con la tecnología y el diseño de ingeniería necesarios, entonces, ¿la causa es la carencia de recursos económicos para realizar bien las obras necesarias? Si tenemos un gobierno que constantemente nos dice que el ambiente es una de sus prioridades principales, en lugar de impulsar leyes que no pueden aplicarse, dado que la naturaleza no se conserva por decreto, sino por actos bien estudiados y trabajados por autoridades, comunidades y expertos, debería enfocarse el dinero en este tipo de obras. Entonces, ¿por qué lo gastamos -digo gastamos porque es mi dinero el que se usa, de mis lectores y más…- en eventos populares de cantantes en macroplazas públicas El acceso a la cultura es también necesario, por supuesto, pero no han trabajado en nuestros museos para que siempre sean gratuitos a los mexicanos, no les dan el mantenimiento que requieren y no conservan nuestro legado cultural, sólo usan a algunos artistas populares como propaganda política.
Promesas de campaña y discursos sobre que lo que más le importa a esta administración es el ambiente y la conservación de la naturaleza para nuestro beneficio y seguridad, las hay, pero el cumplimiento de las mismas, es otra cosa. Por ello digo, qué bien dijo aquel que dijo: «Prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila» -este refrán popular no es nuevo, puede verse ya en una caricatura de Rafael Lillo de 1911, en la cual aparece un campesino recriminando a Madero sus promesas incumplidas y éste sólo se rasca la cabeza supuestamente «avergonzado» …-. El discurso demagógico está en el poder y no desde hace pocos años.
El arte de la agnotología, esto es, el discurso intencionado que promueve la ignorancia de la gente, desviando la atención del ciudadano para no decir lo que ha pasado y las causas reales que lo propiciaron, sino apelando a las emociones y haciendo énfasis no en lo que se ha hecho, con datos claros, sino en lo que se va a hacer en el futuro para evitar el desastre. La agnotología genera desinformación al omitir las causas por las cuales un fenómeno ambiental frecuente ha terminado en una catástrofe socioambiental.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define esta situación con el neologismo posverdad: «distorsión deliberada de una realidad en la que priman las emociones y las creencias personales frente a los hechos objetivos, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales». Los gobiernos demagogos son expertos en agnotología y nosotros, el pueblo, ¿seguiremos siendo receptores pasivos de ese discurso demagógico?, ¿hasta cuándo? Preguntas retóricas, claro.
Lo que ha pasado en el Parque Ecológico Lago de Texcoco (PELT), al tener otra vez agua en sitios donde no la había tenido tiempo atrás, no es por las buenas obras de la autoridad actual, es porque la naturaleza tiene memoria hidrometeorológica y geológica, y ha recuperado sus paisajes inundables, pero ya se está pasando y la obra humana para contenerla no está resistiendo porque no es la adecuada ni se le ha dado mantenimiento. Las áreas recreativas están excesivamente cementadas y, mal planificadas y administradas; únicamente se ha puesto a funcionar una planta de bombeo -que no fue suficiente y que ya estaba ahí de muchos años antes, no es logro reciente-, de tal forma, que las inundaciones ya sobrepasan los límites del PELT y han llegado a las comunidades circunvecinas.
Si aproximadamente 30% del PELT está destinado a la recuperación del Lago de Texcoco, restauración ecológica le dicen, el resto del parque son áreas de uso agropecuario, forestal y recreativo. Entonces, ¿cómo podemos esperar que contengan inundaciones y vuelva la zona a tener un funcionamiento ecológico como antes de la colonia española o incluso antes, cuando los nahuas construyeron sus ciudades, que también impactaron enormemente la cuenca?
El discurso de que se ha recuperado el Lago de Texcoco por decreto, al establecer el PELT, es demagógico y la atención que se le ha dado a que la «X» del proyecto aeroportuario anterior, que ahora está inundada, sólo es agnotología para que el pueblo desvíe la atención a que ese era un mal proyecto y el buen proyecto es el del Aeropuerto Felipe Ángeles.
No nos dejemos engañar, el Lago de Texcoco y la Cuenca del Cem Anáhuac «se recuperan» porque los patrones ecológicos son repeticiones de eventos climáticos y geológicos, tanto como vivos; una vez que la lluvia regresa a la zona, trae consigo las especies migratorias, tanto las que vienen del norte como las que llegan del sur. Rutas milenarias que se llenan de vida como cuando esto era una cuenca natural, sin humanos. Un mundo sin humanos permitirá que nuestros paisajes, muy antropofizados o bioculturales, vuelvan a ser ecosistemas naturales, aunque tengan diferente diversidad biológica y funciones ecológicas a las que conocemos nosotros.