25.02.2026
Dra. Sheila Iraís Peña Corona
En colaboración con el M. C. Adrian Emmanuel Iglesias y la Dra. Marcela Vergara Onofre
¿Cuántas veces nos hemos preguntado si es necesario el uso de animales vivos para la enseñanza quirúrgica en los médicos veterinarios?, pero ¿cómo se siente el estudiante que está aprendiendo? En esta ocasión, vamos a hablar del uso de simuladores quirúrgicos en la medicina veterinaria.
La cirugía suele ser una especialidad de gran interés para los alumnos, quienes se imaginan que en su primer día de clases estarán en un quirófano realizando procedimientos de alto riesgo, sin embargo, para ello pasarán por horas de entrenamiento y coordinación mano-ojo, lecciones en el salón y anécdotas por parte del docente; todo para culminar con ese primer día, en el que el estudiante de medicina veterinaria y zootecnia entrará a un quirófano real.
En ese momento, hay un silencio distinto, una concentración densa y un paciente anestesiado, cuya vida depende, en parte, de lo que ocurra en esa mesa y el equipo que formen los profesionales presentes en la sala. Hasta ese momento, el estudiante conoce la teoría: ha leído protocolos, ha visto procedimientos, ha memorizado pasos, ha repasado la anatomía y un número cuantioso de huesos, músculos y órganos para estar en ese espacio, pero su cuerpo todavía no ha vivido esa experiencia. En ese primer acercamiento, el estudiante sólo observará cómo se realiza cada procedimiento y será esta observación la que reforzará su aprendizaje.
Tradicionalmente, la enseñanza quirúrgica se basaba en la observación directa y en la práctica progresiva con pacientes reales, no obstante, este modelo ha comenzado a transformarse con la incorporación de simuladores quirúrgicos. Actualmente, antes de intervenir a un animal vivo, los estudiantes practican con modelos cadavéricos, simuladores de sutura y ejercicios de anestesia, lo que les permite cometer errores, corregirlos y perfeccionar sus técnicas en un entorno controlado. Esta preparación previa reduce el riesgo durante las cirugías reales y fortalece la confianza del futuro profesionista.
Los simuladores quirúrgicos pueden presentarse de diversas formas. Existen modelos anatómicos elaborados con materiales como silicona o látex, que reproducen la consistencia de tejidos y órganos; maniquíes que permiten entrenar el manejo prequirúrgico del paciente, incluyendo canalización, intubación y control de emergencias; así como simuladores de realidad virtual y aumentada, que recrean entornos quirúrgicos tridimensionales e incluso procedimientos de mínima invasión. Más allá de su nivel tecnológico, todos comparten un objetivo común: mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje sin poner en riesgo la vida de un paciente.
En un quirófano real, la presión puede bloquear el razonamiento, aumentar la ansiedad y convertir el error en una experiencia traumática para el futuro profesionista. Los simuladores quirúrgicos ofrecen algo que rara vez se menciona o se considera en los programas académicos: un entorno emocionalmente seguro para aprender, donde se pueda concentrar en entender el procedimiento, coordinar sus movimientos y anticipar decisiones, sin temor a equivocarse o causar daño al paciente y, aún mejor, todas las veces que el estudiante considere necesarias. Es esta tranquilidad la que se traduce en mayor confianza y mejor desempeño cuando finalmente llega el momento de intervenir a un paciente real.
La parte ética también es sumamente importante, ya que tradicionalmente el entrenamiento quirúrgico implicaba trabajar con animales vivos anestesiados o con cadáveres frescos, lo que generaba preocupaciones sobre el bienestar animal y colocaba al estudiante en una situación de alta responsabilidad desde etapas muy tempranas de su formación.
Con la incorporación de simuladores, es posible que el estudiante adquiera experiencia previa antes de intervenir a un animal real, reduciendo errores, minimizando el sufrimiento y mejorando la comunicación entre los integrantes del quirófano. De esta manera, la enseñanza quirúrgica se alinea, de forma práctica, con los principios de reemplazo, reducción y refinamiento en el uso de animales para la docencia.
Dentro de los simuladores, están aquellos modelos sencillos para practicar patrones de sutura, estructuras anatómicas simuladas de bajo costo para aprender procedimientos como la ovariohisterectomía o maniquíes para entrenamiento básico, los cuales cumplen un papel crucial en las etapas iniciales del aprendizaje. Estos modelos, incluso, pueden ser realizados de forma casera por el estudiante y adaptados a las condiciones de cada uno de ellos; así, conforme el estudiante avanza, puede integrarse a simuladores de mayor fidelidad, incluyendo plataformas virtuales que recrean escenarios complejos. Cada nivel de simulación aporta una pieza distinta a la construcción de la habilidad quirúrgica.
Los estudiantes, además, desarrollan habilidades que van más allá de la técnica: comunicación efectiva, trabajo en equipo, liderazgo y manejo del tiempo, competencias esenciales en cualquier entorno quirúrgico. La simulación, por tanto, no sólo entrena las manos, sino también conductas y actitudes profesionales; por ello, algunas instituciones educativas de medicina a nivel internacional ya están considerando no sólo integrar simuladores complejos, sino también otorgar certificaciones a sus alumnos que evidencien su entrenamiento y dominio quirúrgico con estas herramientas.
En México, diversas universidades ya han incorporado estos recursos en la formación veterinaria. Instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad del Valle de México integran simuladores para la enseñanza clínica, zootécnica y quirúrgica en pequeñas y grandes especies. En algunos casos, incluso, estas instituciones organizan ciclos de conferencias, foros o congresos en los que se fomenta que el propio estudiantado diseñe y construya modelos anatómicos y quirúrgicos, lo que fortalece su comprensión de la anatomía y de los procedimientos, mientras contribuye a la docencia futura.
Hoy en día, se está trabajando para integrar la inteligencia artificial en estos simuladores y realizar análisis de movimientos que permitan una evaluación objetiva de la destreza adquirida, los tipos de movimientos utilizados, el tiempo de cada procedimiento realizado y las decisiones tomadas por el practicante; todo ello para ofrecer una evaluación, análisis y retroalimentación al estudiante y al docente, permitiendo corregir de manera más precisa.
Los simuladores quirúrgicos veterinarios representan, en esencia, una nueva forma de entender la enseñanza: más práctica, más ética, más segura y más efectiva. Aprender cirugía ya no significa poner en riesgo una vida para adquirir experiencia, significa practicar hasta dominar para que, cuando llegue el momento real, las manos ya sepan exactamente qué hacer.