07.01.2026
Dra. Sheila Iraís Peña Corona
En colaboración con el Dra. Dinorah Vargas y Dr. Juan Carlos Ramos-Martínez
Si hoy alguien nos dijera que una simple infección urinaria podría poner en riesgo nuestra vida, probablemente lo consideraríamos una exageración, pues existen antibióticos que nos han acompañado durante décadas y atacan estas infecciones. La realidad es inquietante; actualmente, los antimicrobianos están fallando, no porque hayan dejado de funcionar, sino porque los microorganismos han ido aprendiendo rápidamente a defenderse de ellos. Y lo están logrando muy bien. En esta ocasión, hablaremos brevemente de algunos ejemplos de resistencia a los antimicrobianos en nuestro país y de cómo puede evitarse.
La resistencia a los antimicrobianos no es algo nuevo, de hecho, ha existido desde mucho antes de que los humanos descubrieran los antibióticos. Se han encontrado rastros de tetraciclina en huesos de hace más de mil años y, se han identificado bacterias resistentes en momias y en sedimentos de miles de años de antigüedad. La resistencia a los antimicrobianos forma parte de la naturaleza microbiana. Lo preocupante es que ahora se acelera, alimentada por nuestros hábitos y el uso indiscriminado de medicamentos.
En nuestro país, hay estudios que muestran que Escherichia coli, un patógeno que provoca infecciones en el tracto urinario -una de las causas más frecuentes de consulta médica-, es resistente a la ampicilina en más de 80% de los casos y al ciprofloxacino en hasta 79% de los casos. Esto significa que los antibióticos más utilizados podrían no funcionar en una gran proporción de pacientes.
En México existe la Red PUCRA, una red de hospitales e institutos que colabora para informar y controlar la resistencia antimicrobiana. Estas instituciones han documentado niveles alarmantes de resistencia en bacterias como Klebsiella pneumoniae, Pseudomonas aeruginosa y, especialmente, Acinetobacter baumannii, que llega a presentar resistencias cercanas a 70 % frente a múltiples fármacos. Estas bacterias no solo son difíciles de tratar, sino que ponen en riesgo cirugías, cuidados intensivos y tratamientos contra el cáncer -por ejemplo-, ya que se relacionan con infecciones en heridas, asociadas a catéteres o ventiladores, septicemias, entre otros. Por lo tanto, sin antibióticos eficaces, cualquier intervención se vuelve peligrosa.
No todas las bacterias son patógenas; la gran mayoría convive con nosotros todos los días, pues regulan diversos procesos, como la digestión y hasta el sistema inmune. Nuestro cuerpo alberga un ecosistema impresionante: billones de microorganismos y más de 3.3 millones de genes microbianos, 150 veces más que los genes humanos.
Nuestro microbioma es una comunidad fuerte, sin embargo, cuando tomamos antibióticos sin necesidad, no sólo debilitamos a los patógenos, sino que perturbamos a esta comunidad interna, facilitando el intercambio de genes de resistencia entre microbios residentes y transitorios.
En el intestino, la transferencia genética ocurre 25 veces más rápido que en otros ambientes microbianos, lo que convierte nuestro propio cuerpo en un acelerador de la resistencia a los antimicrobianos. Entonces los microbios que han adquirido el «conocimiento» para resistir a un antimicrobiano pueden transferir ese «conocimiento» a su descendencia, convirtiéndose en un riesgo.
La resistencia a los antimicrobianos no se limita a las bacterias. Numerosos estudios en México reportan hongos cada vez más difíciles de eliminar; por ejemplo, Candida glabrata es hoy uno de los patógenos fúngicos más frecuentes en muestras de orina reportadas en Jalisco y ha mostrado resistencia a diversos antifúngicos. En pacientes con VIH, las infecciones por Candida albicans y especies relacionadas pueden complicarse si no responden a los tratamientos habituales.
También se ha encontrado resistencia en hongos como Aspergillus fumigatus, cuyo tratamiento resulta especialmente complicado en pacientes inmunocomprometidos. Algunos aislamientos clínicos en la Ciudad de México ya muestran resistencia a azoles como el ketakonazol y el fluconazol, fármacos que son de los más utilizados en estos casos.
En comunidades rurales del Estado de México se ha sospechado la presencia de parásitos resistentes a ivermectina y fenbendazol en animales destinados al consumo humano. Esto no sólo afecta a los productores, también compromete la seguridad alimentaria y puede generar riesgos para la salud pública si estos organismos se vuelven más difíciles de erradicar.
Como se mencionó anteriormente, la resistencia a los antimicrobianos es un fenómeno biológico, sí, pero actualmente se ha convertido en un problema humano. Hay varias causas de su diseminación, como la automedicación frecuente; el que a veces no terminemos todo el tratamiento antimicrobiano recomendado por los médicos; prescripciones injustificadas basadas sólo en síntomas; uso de antibióticos para enfermedades virales que confundimos con signos de enfermedades bacterianas; el consumo indiscriminado de antimicrobianos en la ganadería; etc.
Hay reportes de que hasta 50% de los antibióticos prescritos no son necesarios o están mal indicados. Cada uso inadecuado es una oportunidad para que un microorganismo sobreviva, mute y se haga más fuerte. Con el tiempo, los medicamentos dejan de ser una barrera y las infecciones se vuelven más difíciles de tratar.
Si estos medicamentos dejan de funcionar, procedimientos como cesáreas, trasplantes, quimioterapias y cirugías simples podrían volver a ser de alto riesgo. ¿Qué se puede hacer actualmente? Hay organismos gubernamentales que realizan campañas educativas (OPS, https://goo.su/eNN9KF), así como la regulación estricta del uso de antimicrobianos en la industria alimentaria, guías de prescripción actualizadas y el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica (Red PUCRA, https://goo.su/psEVn). Pero estas acciones sólo funcionarán si no participamos.
Es necesario que dejemos de automedicarnos, que completemos los tratamientos que se nos recetaron y que no tomemos antibióticos para infecciones respiratorias leves o virales. Te invitamos a leer el capítulo VII (Resistencia a los antimicrobianos en la población mexicana) del libro Residuos de antimicrobianos y su impacto en la salud integral: Perspectiva legal y responsabilidades del Médico Veterinario para obtener más información (https://goo.su/BCF9Mg). Gracias por leer.