08.07.2026
Dra. Sheila Iraís Peña Corona
En colaboración con la Dra. Ma. Del Rosario Tarragó Castellanos y Dra. Edith Arenas Ríos
Todos hemos recurrido al té de jengibre (Zingiber officinale) cuando tenemos malestar estomacal o náuseas, sin embargo, rara vez nos preguntamos por qué una preparación tan simple puede tener un efecto tan importante en nuestro cuerpo. En esta ocasión, hablaremos de las propiedades de esta raíz y de cómo su preparación puede modificar su eficacia.
Desde tiempos antiguos, la humanidad ha recurrido a la naturaleza en busca de compuestos naturales que sirvan de remedios para curar enfermedades. Entre las plantas más valoradas destaca el jengibre, una raíz que ha trascendido culturas, épocas y sistemas médicos. Hoy en día, la ciencia moderna comienza a respaldar muchas de las propiedades que la medicina tradicional ya intuía.
El jengibre es una planta que ha mantenido su relevancia a lo largo de la historia. Presente en las cocinas de diversas culturas, también ocupa un lugar destacado en múltiples sistemas de medicina tradicional. Más allá de su uso como ingrediente aromático, el jengibre destaca por su amplia gama de efectos biológicos y su potencial impacto en la salud.
Pero ¿qué es lo que realmente lo hace especial? Todo se debe a su composición química. La raíz alberga compuestos bioactivos, como los gingeroles, responsables no sólo del sabor picante, sino también de sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
Cuando el jengibre se seca o se somete a altas temperaturas, los gingeroles se transforman en shogaoles, compuestos con mayor actividad biológica, particularmente en términos de actividad antiinflamatoria, antioxidante y citotóxica en modelos experimentales. Junto con estos compuestos se encuentran la zingerona y varios aceites esenciales que definen su aroma característico y poseen actividad antimicrobiana.
Por estas razones, la forma en que se consume el jengibre también influye, ya que factores como la temperatura y el tiempo de preparación modifican su perfil fitoquímico y, en consecuencia, su actividad biológica. No es lo mismo ingerir jengibre fresco que en infusión o en seco, ya que el calor modifica su composición química.
Esta importante combinación química ha captado la atención por sus efectos en diversos sistemas. El más conocido es, quizás, el efecto que tiene sobre el sistema digestivo. Desde hace siglos se utiliza para aliviar las náuseas y puede ser eficaz incluso en condiciones especiales, como el embarazo, la quimioterapia o el mareo por movimiento. Además, se ha observado que favorece la motilidad gástrica, contribuye a una digestión eficiente y modula los procesos inflamatorios a nivel celular, lo que ha despertado un interés particular en su uso para el tratamiento de afecciones como la artritis o los trastornos metabólicos.
En términos fisiológicos, estos efectos se relacionan con la estimulación de receptores gastrointestinales y la modulación de neurotransmisores implicados en el reflejo del vómito, lo que explica su potencial utilidad clínica.
El conocimiento que se nos ha transmitido de que sólo tenemos que dejar hervir el jengibre por 10 o 15 min está respaldado (https://goo.su/KKVs4Ye), ya que, si se deja hervir por un tiempo mayor, el perfil de compuestos orgánicos cambia.
En relación con el metabolismo, se sugiere que el consumo regular podría ayudar a estabilizar los niveles de glucosa en sangre, mejorar el perfil lipídico e, incluso, coadyuvar al control de la presión arterial. Aunque faltan muchos estudios por realizar, el jengibre puede ser una estrategia complementaria en el manejo del síndrome metabólico.
Otro campo que considera el jengibre como una alternativa prometedora es la investigación oncológica. Nuestro grupo de trabajo ha revisado el uso del shogaol, un compuesto bioactivo, como tratamiento potencial contra el cáncer (https://goo.su/JUESfJ). Experimentos de laboratorio han mostrado que ciertos compuestos presentes en el jengibre pueden interferir con el crecimiento de células tumorales, inducir su muerte programada y limitar la formación de vasos sanguíneos que nutren los tumores.
Es importante mencionar que estos hallazgos se han realizado en el ámbito experimental, pero aún no se han traducido en aplicaciones clínicas. Este tipo de estudios se centran en modelos preclínicos in vitro e in vivo, por lo que su extrapolación a humanos requiere ensayos clínicos controlados.
Incluso en el ámbito de la reproducción, el jengibre comienza a captar la atención. Al igual que en el caso anterior, los estudios experimentales sugieren que sus propiedades antioxidantes podrían proteger los tejidos reproductivos y mejorar parámetros como la calidad espermática, especialmente en contextos de estrés oxidativo. Esto es particularmente relevante en las líneas de investigación actuales, en las que el estrés oxidativo se asocia con la infertilidad masculina y con alteraciones endocrinas.
Sin embargo, como ocurre con muchos productos naturales, «natural» no es sinónimo de «inofensivo». El consumo de jengibre en cantidades elevadas, ya sea en cápsulas, directamente en alimentos o en exceso de tés, puede provocar molestias gastrointestinales como acidez o irritación.
Es importante señalar que puede interactuar con ciertos medicamentos, especialmente con anticoagulantes, lo que puede aumentar el riesgo de sangrado. Las personas que tienen cálculos biliares o siguen tratamiento para la presión arterial o la glucosa deben tener cuidado con las cantidades que consumen. Es importante mencionar que los efectos de esta raíz pueden variar entre los individuos; por ello, dos personas pueden experimentar efectos distintos según la dosis, la frecuencia de consumo y su estado de salud.
En el embarazo, pequeñas cantidades se consideran seguras y útiles para controlar las náuseas, sin embargo, el consumo elevado o excesivo está en debate, por lo que debe consumirse con mucha cautela. El jengibre es un ejemplo de cómo la tradición y la ciencia convergen; sus múltiples propiedades lo convierten en un recurso valioso para mantener una dieta equilibrada y un estilo de vida saludable.
Se recomienda un uso informado y moderado en condiciones específicas o en combinación con alimentos. Al final, esta raíz milenaria nos recuerda que, en ocasiones, los ingredientes más cotidianos pueden esconder una complejidad y un potencial mucho mayores de lo que imaginamos.