¡SERENDIPIAS!

Velcro

L.P.C. Julieta Espinosa

Múltiples productos comparten un mecanismo de cierre, conocido bajo la marca Velcro. Un invento surgido de la casualidad, que continúa insertándose en nuevas aplicaciones para la optimización del cierre y la sujeción de objetos.

 

La idea que dio origen a su invención surgió durante el verano de 1941, al término de una cacería en las montañas de Jura, Suiza. El ingeniero Georges de Mestral, luego de regresar a casa, notó en su ropa y en el pelaje de su perro los frutos adheridos del lampazo o «pegarropas» (Arctium lappa).

 

Difíciles de retirar y motivado por la curiosidad, Mestral observó bajo el microscopio el fruto esférico para encontrarse con una cubierta de pequeños garfios, que hacía posible la fuerte sujeción. Tras buscar los materiales idóneos para replicar el diseño de la naturaleza, halló en el nilón y el poliéster la respuesta.

 

El cierre consistió en dos tiras textiles; una de nilón cubierta de pequeños ganchos y otra de poliéster formada por un tejido en forma de bucles, inicialmente fabricada de algodón. El contacto entre ambas superficies permitía el acoplamiento de alta resistencia, que hoy empleamos con naturalidad.

 

El nuevo producto no fue bien recibido por la sociedad, no obstante, Mestral fundó la empresa que popularizaría su invento: Velcro; un nombre proveniente de las palabras francesas velours (terciopelo) y crochet (gancho) en alusión a las características del sistema de cierre.

 

La resistencia desapareció ante las múltiples aplicaciones del producto, que llegó a comercializarse anualmente hasta por 55 000 km. Dicha situación, llevó a Mestral a solicitar en 1957 una patente suiza, que le fue concedida dos años después (DE1115201).

 

A treinta años de su registro, la patente caducó en 1978 sin que por ello la compañía perdiera fuerza ante la competencia, y es que a partir de entonces ha asegurado los derechos de propiedad intelectual de cada una de sus aplicaciones comerciales e industriales desarrolladas.

 

Georges de Mestral murió el 8 de febrero de 1990 a los 83 años, dejando un legado millonario que inició con un molesto «pegarropas».

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© Julieta Isabel Espinosa Rentería