ECOFEMINISMOS

13.08.2026

Ningún sistema por encima del ecosistema 

Fotografía: Julieta Espinosa 2026

Dra. Ana Gabriela Castañeda Miranda

Fotografía: Dra. Ana Castañeda

La humanidad ha construido sistemas económicos, políticos, productivos y urbanos para organizar la vida y satisfacer sus necesidades. El problema comienza cuando alguno de estos sistemas se considera más importante que el ecosistema que lo sostiene y se privilegian la rentabilidad, la productividad o la expansión urbana, aunque impliquen contaminar el aire, agotar el agua, degradar el suelo o eliminar otras formas de vida.

 

Desde una perspectiva científica, esta jerarquía es insostenible. La economía puede modificar sus reglas, una ciudad puede replantear su crecimiento y un sistema productivo puede transformar sus métodos; sin embargo, un ecosistema degradado puede tardar siglos en recuperarse o alcanzar un punto de no retorno.

 

El marco de los límites planetarios, impulsado por Johan Rockström y otros investigadores, advierte que las actividades humanas ya han sobrepasado siete de los nueve límites que regulan la estabilidad del planeta. No enfrentamos daños aislados, sino alteraciones en los procesos fundamentales que hacen posible nuestra vida.

 

Tres sistemas por encima del ecosistema

 

El primero es el sistema económico basado en la extracción y el crecimiento ilimitado. Minerales, hidrocarburos, madera y agua se explotan como si fueran infinitos y como si la naturaleza pudiera recibir residuos indefinidamente.

 

Milton Friedman sostuvo que la responsabilidad principal de las empresas era incrementar sus beneficios dentro de las reglas establecidas. El problema aparece cuando esas reglas no incorporan los costos ecológicos: las ganancias se privatizan, mientras la contaminación, las enfermedades y la restauración ambiental se convierten en responsabilidades colectivas.

 

El segundo es el sistema agroalimentario industrial. Aunque la agricultura es indispensable, su intensificación ha provocado deforestación, erosión, sobreexplotación del agua y contaminación por fertilizantes y plaguicidas. Los monocultivos pueden ser comercialmente eficientes, pero son ecológicamente vulnerables: reducen la diversidad genética, los polinizadores y los organismos que mantienen la fertilidad del suelo. Producir más durante algunos años no significa producir sosteniblemente.

 

El tercero es el sistema urbano centrado en el automóvil y la expansión territorial. Muchas ciudades privilegian vialidades, estacionamientos y desarrollos inmobiliarios por encima de árboles, áreas de infiltración y corredores biológicos. El concreto incrementa la temperatura y el riesgo de inundaciones, mientras el tránsito libera gases y partículas contaminantes.

 

Incluso, algunas soluciones aparentemente verdes, como sustituir vegetación por pasto sintético, privilegian la apariencia sobre la función ecológica. El plástico verde no realiza fotosíntesis, no alimenta polinizadores, no infiltra agua ni regula biológicamente la temperatura. Conserva el color de la naturaleza, pero elimina sus funciones.

 

Quienes han colocado al ecosistema en el centro

 

Frente a esta visión existen personas que han demostrado que el desarrollo sólo es viable cuando respeta los procesos naturales. Rachel Carson evidenció los efectos ecológicos de los plaguicidas; Wangari Maathai relacionó la restauración forestal con la justicia social; Elinor Ostrom demostró que las comunidades pueden gestionar responsablemente los bienes naturales compartidos; y Sandra Díaz explicó la relación entre biodiversidad, funcionamiento de los ecosistemas y bienestar humano.

 

En México, José Sarukhán y Julia Carabias han defendido la conservación de la biodiversidad y la incorporación de la ciencia en las políticas públicas. A ellos se suman pueblos originarios, comunidades rurales, agricultores tradicionales, guardabosques y defensores ambientales que protegen bosques, humedales, semillas y fuentes de agua.

 

Colocar al ecosistema por encima de cualquier sistema no es una postura romántica ni antitecnológica, es una necesidad científica. Ninguna economía funciona sin agua, energía y materias primas; ningún sistema alimentario existe sin suelo fértil y polinizadores, y ninguna ciudad puede ser habitable sin aire limpio y regulación climática.

 

El ecosistema no es un sector que compita con la economía o la infraestructura. Es la base física y biológica dentro de la cual todos los sistemas humanos existen. Cuando un sistema destruye el ecosistema que lo sostiene, no está progresando, está eliminando las condiciones de su propia existencia.

 

 

«Ningún sistema debe estar por encima del ecosistema, porque todo sistema creado por el ser humano puede transformarse; el ecosistema, una vez destruido, puede no volver jamás».

Dra. Ana Gabriela Castañeda-Miranda

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