TIERRA DEL ZORRO Y EL ERIZO

24.07.2026

Las ciudades mundialistas desde su geología

Fotografía: Julieta Espinosa 2026

Dr. Eduardo Becerra Torres

Fotografía: Dr. Eduardo Becerra Torres

Este mes está profundamente marcado por la justa futbolística, más aún en nuestro país al ser parte de la tercia de países sedes. En ese sentido, todos hemos visto montones de reportajes, reels, notas y tiktoks explicando los grandes colosos deportivos de Ciudad de México (CDMX), Guadalajara y Monterrey, pero cuántos de nosotros conocemos sobre los colosos geológicos más significativos que enmarcan estas ciudades: el Cerro de la Silla, el Bosque de la Primavera y las sierras que delimitan la cuenca de México.

 

En esta entrega, haremos un recorrido por estas formaciones emblemáticas siguiendo un orden cronológico; nos remontaremos al momento en el que lo que hoy es Monterrey era dominado por dinosaurios, hasta cuando en el centro de la CDMX no existía nada parecido a un lago.

 

Monterrey y su zona metropolitana están ubicadas dentro de la cordillera de la Sierra Madre Oriental, por loque el icónico Cerro de la Silla es parte de este conjunto de montañas. Esta serranía esconde dos historias muy contrastantes. La primera nos cuenta que, durante el Jurásico, mientras los dinosaurios dominaban la Tierra -aproximadamente 166 millones de años-, no había montañas, sino todo lo contrario, el terreno era dominado por grandes planicies marinas. Toda la sierra son los depósitos de rocas acumuladas en 30 a 70 millones de años. Sólo como referencia, la extinción de los dinosaurios ocurrió hace 66 millones de años; esto quiere decir que hubo un Monterrey cubierto de mar 100 millones de años atrás de la extinción masiva de estos grandes animales.

 

La segunda historia que guarda el Cerro de la Silla nos transporta por el proceso que transformó la región de planicies, muy similares a como hoy vemos la península de Yucatán, a la impactante sierra que marca la capital regiomontana. El proceso formador de montañas, conocido como orogenias Sevier (de 130 a 50 millones de años) y Laramide (de 93 a 43 millones de años), no solo formó toda la Sierra Madre Occidental, sino el paisaje extendido hasta el norte de EE.UU. y parte de Canadá. El Cerro de la Silla es un pliegue de gran magnitud que alcanza 42 km de longitud y una altura de 1820 m.

 

La CDMX, cuenta la canción interpretada por Guadalupe Trigo, es chinampa en un lago escondido; pues resulta que no siempre hubo un lago escondido y es una historia relativamente reciente de nuestro país, al menos en tiempo geológico. Si los fanáticos del futbol visitan la capital del país se sentirán en una olla rodeada de volcanes, es decir, una cuenca. Al norte, la Sierra de Guadalupe, emblemática por el Cerro del Chiquihuite, y el resto de las montañas detrás de él tienen una edad de entre 20 y 13 millones de años. A los costados, la Sierra de las Cruces, que inicia al norte a los 3.7 millones de años hasta los 400 mil años del Ajusco simbólico, parque ecológico al sur de la ciudad. En el oriente, la Sierra Nevada, protagonizada por el Tláloc, Telapón, Iztaccíhuatl y Popocatépetl, los grandes volcanes que se formaron hace 1.8 millones de años y presentes con las erupciones de Don Goyo.

 

Vamos un poco más lento con la CDMX. Todos estos volcanes condujeron afluentes de río hacia el interior, pero al sur nada los detenía y, fluían hacia Cuernavaca y luego al mar; esto hacía imposible que se formara un lago. Esto fue así por varios miles de años hasta que hace un millón de años y hasta hace apenas unos 4 mil años, se formó la Sierra de Chichinautzin, que bloqueó el flujo del agua. Construyó la cuenca cerrada y nos regaló un lago y, por supuesto, un sitio maravilloso para comer quesadillas.

 

Por último, la perla de occidente. La ciudad de Guadalajara goza de un magnífico parque justo a las afueras de la ciudad, al oeste. Esta vegetación boscosa se ha instalado gracias a un suelo fértil, producto de los extensos materiales volcánicos que alguna vez hicieron erupción de este masivo volcán-caldera, conocido geológicamente como la Caldera Coli. La última erupción que produjo esta colosal estructura de 11 km de ancho sucedió hace apenas 92 mil años. Lo más impresionante de este sitio es que aún es un cuerpo volcánico activo con aguas termales, géiser e incluso valor en energía geotérmica.

 

Nuestra gran ciudad tapatía convive con un inmenso peligro latente y, sobre todo, con una historia eruptiva muy reciente. La Primavera, como otras grandes caleras en el mundo como Yellowstone, resulta ser un gran atractivo natural, pero requiere una gran cultura de prevención e información para evitar que suceda una tragedia tan colosal como la fiesta futbolista de la ciudad.

 

Queridos lectores, hay muchas más historias que resguardan las rocas, el suelo, y el agua que cubre nuestro país; en otras ediciones de esta columna me encantaría que las recorriéramos. Por ahora, espero que esta lectura les acompañe en estos días futbolísticos y que, a la par de sorprendernos con los colosos estadios que albergan los partidos de futbol, recordemos a los imponentes cuerpos que han moldeado las ciudades mundialistas. 

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