30 de julio de 2026

Tierras raras y vehículos eléctricos, la contaminación que no vemos

Fotografía: Dominika Alcántara 2026

Mextli Moreno

La transición hacia la electromovilidad es una de las grandes apuestas para enfrentar el cambio climático y reducir la dependencia de los combustibles fósiles, sin embargo, detrás de esta industria existen costos ambientales desconocidos, provenientes de la necesidad de extraer elementos como el litio, el cobre y las tierras raras para la fabricación de vehículos eléctricos y sus componentes.

 

Dichos elementos son indispensables para producir motores, baterías, pantallas y dispositivos electrónicos, cuya obtención depende de procesos mineros altamente contaminantes que requieren enormes cantidades de agua y generan impactos irreversibles en los ecosistemas.

 

La promesa de un futuro más limpio y sostenible convive con una contradicción: para alcanzar la comodidad tecnológica es necesario abrir minas a cielo abierto que dejan profundas huellas en el medioambiente. En este sentido, la Fundación Vida Sostenible informa que las consecuencias ambientales para abastecer aparatos electrónicos, tecnologías, coches eléctricos son desconocidas por un gran porcentaje de la sociedad.

 

De acuerdo con la fundación y a manera de ejemplo, para la producción de 1 t de tierras raras se produce hasta 1 t de residuos radiactivos, hasta 12 000 m3 de gas residual concentrado con ácido clorhídrico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico, así como 75 000 l de aguas residuales ácidas.

 

Investigador del Instituto de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Dr. Gilles Pierre Levresse explica que las tierras raras están presentes en casi todas las rocas que existen, pero en baja concentración, por lo que para ser explotadas y generar ganancias, deben de estar más concentradas. «Es necesaria una concentración suficiente para ser explotable».

 

A nivel mundial, son pocos los lugares en los que es posible extraer tierras raras. Principalmente, están localizados en regiones de China como Bayan Obo, la mayor mina de tierras raras a nivel mundial. Cuenta con 80% de las reservas conocidas de niobio; un elemento relevante empleado en la fabricación de imanes de alta fuerza, destinados a tecnologías civiles y militares como los motores eléctricos.

 

A pesar de su amplia aplicabilidad, el costo de la extracción de tierras raras es alto debido a su limitada disponibilidad. En palabras del investigador, las tierras raras no están disponibles en todo el mundo, ya que es necesaria una corteza continental gruesa y ciertos factores particulares.

 

«Es indispensable sumar eventos anómalos en un mismo lugar; la ubicación de una mina no es una decisión arbitraria, depende de la existencia de varios factores. Uno de los problemas recurrentes es la falta de entendimiento de la diferencia entre lo que es una anomalía química y lo que es un proyecto minero».

 

Desde inicios del siglo XXI, la apuesta es hacia la electromovilidad, es decir, hacia la transformación de los automóviles de gasolina a eléctricos, lo que ha incrementado la demanda de diversos componentes como el litio. En este sentido, el Dr. Levresse explica que las tierras raras, de forma indirecta, están asociadas al proceso, ya que son utilizadas dentro del motor eléctrico, pantallas y electrónicos.

 

La electromovilidad fue impulsada por EE.UU., Canadá y Europa del Oeste, a pesar de sus afectaciones ambientales. Fue ideada como una alternativa para reducir las emisiones de CO2 y el uso del petróleo.

 

Además del sector de la electromovilidad, las tierras raras son utilizadas en la industria armamentista, particularmente, como protección antiperforación de vehículos blindados y drones, así como en la fabricación de cañones y bombas.

 

La comodidad anhelada, en la que las tierras raras juegan un papel predominante, representa un problema: «queremos un mundo cómodo, muy electronificado, pero no queremos industrias primarias, desde la mina hasta los altos hornos, porque son contaminantes».

 

Si bien cada actividad humana tiene un impacto ambiental, el caso de las minas es particular, ya que su ubicación no es elegida de forma deliberada y, en la mayoría de los casos, son situadas en zonas alejadas, industrializándolas con un considerable impacto ambiental.

 

De acuerdo con el Dr. Levresse, en dicho contexto, para generar una red eléctrica es fundamental la minería. A manera de ejemplo, es fundamental el cobre, por su conductividad. «En un automóvil eléctrico, el problema es el litio, las tierras raras… pero también la cantidad de cobre para fabricar el motor. Hay que producirlo, hay que extraerlo de las minas de tajo abierto».

 

La contaminación en los automóviles eléctricos es invisible. «Las personas físicamente no la ven, no ven de dónde viene la electricidad, ni de dónde viene el automóvil, no visualizan la contaminación generada para producirlo».

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