24.10.2026
Dra. Sheila Irais Peña Corona
En colaboración con el M.C. Juan Isaac Chávez Corona y la Dra. Dinorah Vargas Estrada
Todos hemos tenido alguna herida, ya sea por el rasguño de una rama, la mordedura de un animal, una picadura o una lesión ocasionada durante algún procedimiento médico, que cicatriza y cierra por completo en un par de semanas cuando no hay complicaciones, sin embargo, en ocasiones esta herida puede infectarse por larvas de mosca provocando una miasis.
En esta ocasión, hablaremos de las miasis causadas por el gusano barrenador. Su nombre puede generar dos confusiones. La primera es pensar que se trata de un gusano que vive en el suelo. En realidad, es la fase larvaria de una mosca llamada Cochliomyia hominivorax. La segunda es creer que únicamente afecta al ganado. Aunque los bovinos se encuentran entre los animales más perjudicados, también puede infestar a caballos, ovejas, cabras, cerdos, perros, gatos, animales silvestres e, incluso, seres humanos.
El gusano barrenador no es un problema nuevo. Durante décadas ocasionó pérdidas económicas importantes y graves afectaciones al bienestar animal en distintos países de América. México fue declarado libre de gusano barrenador en 1991, tras una extensa campaña basada en la vigilancia sanitaria, la atención de heridas, el control del movimiento de animales y la liberación de moscas estériles.
Actualmente, el problema del gusano barrenador es de interés nacional. A diferencia de las larvas de otras moscas que se alimentan principalmente de materia orgánica en descomposición, las del gusano barrenador consumen tejido vivo. Esta característica convierte una lesión aparentemente sencilla en una emergencia médica y veterinaria que requiere atención inmediata.
La mosca adulta del gusano barrenador busca heridas recientes, lesiones húmedas o cavidades corporales para depositar sus huevos. Cada hembra puede colocar cientos de ellos agrupados en los bordes de la lesión. Entre 12 y 24 horas después, las larvas emergen y comienzan a introducirse en el tejido, orientadas con la cabeza hacia el interior de la herida.
Al alimentarse, profundizan y amplían progresivamente la lesión, como si realizaran una perforación en forma de tornillo. De esta conducta proviene el nombre de «barrenador». Las larvas permanecen varios días en el animal y, cuando completan su desarrollo, caen al suelo, se entierran y se transforman en pupas. Posteriormente emergen como moscas adultas capaces de reiniciar el ciclo.
La lesión también puede atraer a otras moscas, lo que incrementa el número de larvas, el daño en el tejido y la probabilidad de infecciones bacterianas secundarias. Sin tratamiento oportuno, el animal puede presentar dolor intenso, pérdida del apetito, debilidad, fiebre, disminución de la producción y deterioro general. En infestaciones extensas, las complicaciones pueden provocar la muerte.
Cualquier herida puede convertirse en una puerta de entrada. En los animales de producción, existe un mayor riesgo en el ombligo de las crías recién nacidas y en lesiones relacionadas con la castración o con partos difíciles. En perros y gatos, la infestación puede comenzar en heridas producidas por peleas, rasguños, accidentes, cirugías, tumores ulcerados o irritaciones de la piel.
La mosca también puede depositar huevos cerca de cavidades naturales, como la nariz, la boca, los ojos y los oídos. No siempre existe una herida grande y evidente al inicio del problema. En abril de 2026, por ejemplo, se notificó un caso en un perro de la Ciudad de México. La infestación se encontraba en una herida en la base de una oreja, ocasionada durante una pelea con otro animal. La detección y el reporte por parte del médico veterinario permitieron activar las medidas oficiales de atención y contención.
No todas las larvas encontradas en una herida pertenecen necesariamente a Cochliomyia hominivorax. Existen otras especies de moscas que también causan miasis. Por eso, además de atender al animal, es necesario recolectar muestras y realizar una identificación especializada; sin embargo, encontrar una «gusanera» siempre debe considerarse una urgencia. No se debe esperar a confirmar visualmente qué especie está presente antes de buscar atención.
¿Qué no hacer ante una infección por larvas? Ante una lesión con larvas, puede parecer lógico extraer únicamente las visibles. El problema es que muchas quedan profundamente incorporadas en el tejido y pueden pasar inadvertidas. Si permanecen en la herida, continuarán alimentándose y aumentando el daño.
Tampoco deben aplicarse gasolina, petróleo, cloro, insecticidas domésticos, productos corrosivos, aceites irritantes ni otros remedios caseros. Estas sustancias pueden producir quemaduras, intoxicaciones, inflamación y mayor destrucción del tejido, además de dificultar el tratamiento posterior.
El manejo debe ser realizado o supervisado por un médico veterinario. Dependiendo de la gravedad, puede requerir la extracción completa de las larvas, limpieza profunda, retiro del tejido dañado, aplicación de medicamentos autorizados, control del dolor, tratamiento de infecciones secundarias y seguimiento de la cicatrización.
¿Cómo se combate a la mosca, liberando más moscas? La estrategia puede parecer contradictoria: para disminuir una población de moscas se liberan millones de ellas. La diferencia es que las moscas liberadas han sido esterilizadas. La técnica del insecto estéril consiste en criar grandes cantidades de Cochliomyia hominivorax en instalaciones especializadas. Durante la fase de pupa, los insectos son expuestos a una dosis controlada de radiación ionizante que altera su capacidad reproductiva, pero les permite desarrollarse, volar y aparearse.
Cuando un macho estéril se aparea con una hembra silvestre, los huevos producidos no generan nuevas larvas. Si se liberan de manera constante suficientes moscas estériles en una zona, aumenta la probabilidad de que las hembras silvestres se apareen con ellas y disminuye progresivamente la aparición de nuevas generaciones.
La principal medida preventiva es revisar a los animales con frecuencia y atender de inmediato cualquier herida, aunque parezca pequeña. Las lesiones deben limpiarse, desinfectarse y protegerse según las indicaciones de un médico veterinario. En las personas, las cortaduras, raspaduras y picaduras también deben lavarse con agua y jabón, desinfectarse y mantenerse protegidas hasta su cicatrización.
El gusano barrenador demuestra que la salud animal, la salud humana y el ambiente no pueden abordarse de manera aislada. Una infestación afecta directamente el bienestar de los animales, pero también puede disminuir la producción de carne y leche, ocasionar pérdidas económicas, restringir el movimiento y el comercio de ganado, amenazar a la fauna silvestre y representar un riesgo para las personas.
De acuerdo con el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA), si hay sospecha de gusano barrenador, se debe reportar a través del teléfono 800 751 2100, del WhatsApp 55 3996 4462 o del correo gestioncpa.dgsa@senasica.gob.mx.