DOPAMINA SIN FILTRO
15 de septiembre de 2026
Leilani Reséndiz
Durante millones de años, la comida era escasa y conseguirla requería un desgaste calórico enorme, de ahí que nuestro cerebro evolucionara bajo la regla de supervivencia: «si no es para cazar, recolectar o huir de un depredador, no gastes energía». Con los años, nuestros alimentos y estilos de vida cambiaron, aunque la premisa persiste hasta la actualidad.
Hacer ejercicio previene enfermedades, mejora el estado de ánimo y mantiene la salud a largo plazo; sin embargo, interpretamos salir a correr o ir al gimnasio como un gasto energético «inútil» que no proporciona una recompensa inmediata. Dicha situación genera una resistencia instintiva, ya que contamos con un cerebro acostumbrado a recompensas inmediatas obtenidas con el mínimo esfuerzo; de ahí que vencer los primeros cinco a diez minutos de entrenamiento implica sobreponerse a esa inercia biológica, mediante el control inhibitorio voluntario de nuestra fantástica corteza prefrontal.
El ejercicio es un remedio ampliamente recomendado y no es vano; ayuda a regular el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal (HPA), encargado de liberar cortisol, que a su vez es asociado con el estrés. Cuando entrenamos, procesamos el estrés físico de forma eficiente y controlada, lo que reduce la reactividad ante el estrés psicológico cotidiano.
También ayuda a nuestras reservas cognitivas y de memoria, aumentando el volumen del hipocampo y la perfusión sanguínea en la corteza prefrontal, lo que mejora la concentración, la memoria de trabajo y la flexibilidad mental.
Otro factor positivo que obtenemos del ejercicio es la calibración del sueño, favoreciendo la presión homeostática de éste, aumentando las fases de sueño profundo no-REM, indispensables para la recuperación del sistema nervioso.
Hacer ejercicio es un estresor fisiológico controlado, los músculos se contraen, el ritmo cardíaco se eleva y se liberan catecolaminas -como la adrenalina y noradrenalina-, que agudizan la atención y el estado de alerta.
Otro valioso elemento es la producción del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), «fertilizante neuronal», liberado principalmente en el hipocampo, estimulando la creación de nuevas neuronas y reforzando las conexiones sinápticas.
Durante el ejercicio, también existe la liberación de endocannabinoides, a los que se atribuye la sensación de bienestar, ya que reducen la percepción de dolor y generan calma mental. Como éstos, existen muchos otros procesos generados a partir del ejercicio y que respaldan su recomendación por parte de los especialistas de la salud.
La relación entre la dopamina y el ejercicio es estrecha. Al ejercitarnos, el esfuerzo inicial provoca que los niveles de dopamina se eleven de forma progresiva y sostenida, manteniéndose altos durante horas sin generar un estado de déficit posterior, lo que no sucede con las redes sociales u otros elementos liberadores de dopamina rápida.
El ejercicio conlleva un desgaste energético, debido a que entrenamos a nuestro cerebro a que debe realizar un esfuerzo real antes de obtener una recompensa. No sólo entrenamos nuestro cuerpo, sino enseñamos a nuestro cerebro a esperar para obtener una recompensa; esto, en un mundo sobreestimulado y lleno de dopamina rápida, es muy valioso.
Actualmente, ser fitness, ir al gimnasio, hacer pilates y tener un «cuerpo perfecto» es una moda, no obstante, lo importante es mantenerte en movimiento. Cada disciplina brinda beneficios particulares, pero la prioridad debe ser el movimiento del cuerpo y el disfrute: salir a caminar, nadar, correr, andar en bicicleta, hacer calistenia, levantar pesas, bailar o cualquier otra alternativa son benéficas para el cuerpo, la mente y la salud. En lugar de seguir una tendencia, mueve y celebra tu cuerpo de forma enriquecedora para tu vida.