TIERRA DEL ZORRO Y EL ERIZO

04.06.2026

El Día de la Tierra y la geoeducación

Fotografía: Julieta Espinosa 2024

Dr. Eduardo Becerra Torres

Fotografía: Dr. Eduardo Becerra Torres

El 22 de abril de 1970 marcó el inicio de una conmemoración peculiar, el Día de la Tierra. Una fecha nacida de la iniciativa de un senador estadounidense, preocupado por la contaminación del agua y del aire. En 1990, este evento se internacionalizó y tomó cuerpo desde las corrientes ambientalistas. En nuestros días, ha tomado múltiples aristas, pero definitivamente es considerado por muchos la mayor celebración laica del mundo.

 

La relación entre nosotros y nuestro planeta no es fácil, y en buena medida se debe a que aún no entendemos en toda su amplitud cómo funciona. Celebramos la Tierra, pero ¿la conocemos? Hacemos eventos para protegerla, sin embargo, ¿la entendemos? En muchos países, incluido el nuestro, las Ciencias de la Tierra no son una ciencia que se enseñe en los niveles básicos de educación. Quiero dedicar este artículo más que a la Tierra, al proceso de construir conocimiento y un poco de entendimiento de nuestro entorno: la geoeducación.

 

La geoeducación nace como una propuesta distinta al método tradicional de aprendizaje. Busca construir conocimiento colaborativo, que promueva la discusión y que integre múltiples visiones. Las personas que nos dedicamos a la enseñanza de las Ciencias de la Tierra estamos convencidas de que entender a nuestro planeta requiere de ciertas habilidades específicas. La razón es que la Tierra es un sistema con una dimensión en el espacio y en el tiempo muy difícil de relacionar con la escala espaciotemporal de los seres humanos.

 

A manera de ejemplo, si el tiempo que lleva existiendo la Tierra, 4567 millones de años, fuera un día (24 horas), la humanidad habría surgido a las 11:58:43 pm, es decir, sólo representaríamos 77 segundos. Comparemos un poco nuestras escalas. La Tierra, si fuera un globo terráqueo de escritorio (30.5 cm de diámetro), un humano sería de 40 nm, esto es la mitad de lo que mide un virus de influenza, ¡seríamos visibles sólo en un microscopio electrónico de barrido (el microscopio más potente con el que se cuenta).

 

Un segundo nivel de complejidad al que tiene que enfrentarse la geoeducación es la identificación de la inmensa cantidad de variables que están involucradas en los procesos del sistema terrestre. La identificación de las variables no es lo único, además, debe construirse la capacidad de descifrar cómo se relacionan y ponderan ante cada fenómeno que ocurre en la Tierra.

 

Pongamos el caso de los huracanes, un proceso terrestre frecuentemente asociado en México con eventos trágicos. Para que los huracanes se formen, es necesario contar con mares calientes por encima de los 25.5 °C, un componente de viento con poca fuerza para mantener la columna del huracán y una distancia de al menos 5° del ecuador. Estas variables, aunque tradicionalmente son las consideradas, no son las únicas requeridas para visualizar todos los alcances de este proceso.

 

Para ejemplificar lo anterior, la temporada de huracanes se extiende si la temperatura de los océanos de ese año tiende a incrementar, como en los años calientes que hemos experimentado últimamente. De manera opuesta, el incremento de la distribución del polvo del Sahara -sí, algo así de lejos influye- disminuye las ondas de calor tropical y reduce la tendencia de huracanes.

 

La geoeducación, entonces, debe buscar estrategias para desarrollar entre las poblaciones esta visión sistémica y compleja que tiene la Tierra. Desde la sensibilización del espacio y tiempo de los procesos que han formado nuestro entorno, hasta la multitud de factores que explican por qué percibimos los procesos naturales de la Tierra de la forma en la que lo hacemos.

 

La geoeducación ayuda a construir una cultura de reconocimiento de los procesos terrestres como claves para nuestra sociedad y, que las tragedias asociadas a ellas sólo ocurren cuando no terminamos de entender sus impactos y alcances en todos los ámbitos cotidianos.

 

Volvamos al caso de los huracanes. Aunque asociados a la destrucción, son clave para suministrar una buena parte de los recursos hídricos de México durante los meses de verano. Esta dualidad implica que los procesos terrestres deben ser comprendidos desde una multitud de posiciones y no sólo desde el costo inmediato. Por si fuera poco, el coste económico de los huracanes es potenciado en buena parte por la degradación de los sistemas costeros. Estos sistemas integrados por árboles y otros elementos estabilizadores del suelo amortiguan los impactos e, incluso, limitan los costes económicos inmediatos y potencian los beneficios.

 

La pregunta es: ¿qué características, desde la geoética (ver columna TEMU envía de todo menos geoética), tiene la geoeducación, enfocada en la toma de decisiones y el análisis de fenómenos terrestres? Los procesos de enseñanza deben ser universales y plurales, y deben considerar la diversidad de contextos culturales y sociales.

 

La geoeducación implica que ninguna posición está por encima de otra. Los espacios geoeducativos deben considerar la multiplicidad de personas, pero de temas, áreas de conocimiento y grados de profundización. Lo anterior sólo toma acciones en los espacios reales de las comunidades cuando se establecen mecanismos pedagógicos. En estos casos, el desarrollo de la geoeducación tiene el cometido de accionar en contra de la imposición y ponderar el conocimiento como el elemento más importante para ser conscientes de la Tierra y nuestra responsabilidad ante ella.

 

El 22 de abril resulta un excelente espacio para conversar sobre cómo podemos construir conocimiento de manera colectiva, holística y clave para entender las relaciones complejas de nuestro planeta; sobre todo, sabiendo que existen problemas que no pueden resolverse de manera simple, sino visualizándolos como crisis socioecosistémicas, en las que la geoeducación proporciona parte de su solución.

 

La crisis hídrica, los problemas alimentarios, la transición energética y, sobre todo, un cambio de paradigma para la gestión responsable de recursos naturales son temas que serán atendidos un poco mejor, si enseñamos y aprendemos sobre la Tierra que habitamos.

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