Dra. Tercia Cesaria Reis de Souza,  una vida por la nutrición animal

Julieta Espinosa

Dra. Tercia Cesaria Reis de Souza / Fotografía: Jorge Alcántara

El 27 de febrero, la Asociación Mexicana de Especialistas en Nutrición Animal, A.C. (AMENA) entregará la presea Dr. Salomón Molerés a la Dra. Tercia Cesaria Reis de Souza y al Dr. Germán David Mendoza Martínez por sus aportaciones a la nutrición animal. Un reconocimiento que lleva por nombre el de uno de los más grandes impulsores de la nutrición animal en México, considerado dentro de los 25 médicos veterinarios más distinguidos del gremio.
Profesora-investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Autónoma de Querétaro, la Dra. Reis de Souza narra su trayectoria, iniciada en su país de origen, Brasil, y hecha patente en los más de 20 años que ha dedicado a la nutrición animal en México.

 

La incursión en la nutrición animal

Cuando terminé la licenciatura, fue difícil encontrar trabajo como mujer veterinaria. Tuve la suerte de entrar a trabajar en una empresa que producía minerales y vitamínicos para animales, donde me desempeñé muy bien. Al inicio fue muy complicado, el primer empleo siempre es complicado, pero me asignaron el cargo de responsable técnico y tuve el gusto de poder desarrollar algunos productos. De ahí nació el gusto por la nutrición animal, ya que durante mi carrera pensaba en dedicarme a la clínica pero el trabajo hizo que me fuera gustando el área.
Tiempo después, hice una propuesta para realizar una maestría en el área de nutrición animal. Desde mi época de estudiante, me gustaban mucho los cerdos y quería hacer mi tesis de maestría sobre nutrición de cerdos, pero tuve algunos problemas de financiamiento y lo que pude hacer fue trabajar con pollos. ¡También me gustó mucho!, y es que los animales de explotación se dividen en rumiantes y no rumiantes, y los pollos y los cerdos son no rumiantes; es muy similar su alimentación. Y así, hice mi maestría, aunque primero dos especialidades: una en nutrición animal y, otra en producción y sanidad de cerdos.
En la licenciatura surgió también la oportunidad de concursar por una plaza en la Universidad Federal de Bahía, Brasil, que trabajaba el área de avicultura y porcicultura. El departamento, en el que tuve la fortuna de obtener una plaza de profesor de tiempo completo (1983-96), fue el de producción animal. Ahí, impartí las cátedras de avicultura y porcicultura, y comencé a desarrollar proyectos en el área de nutrición. Después, necesité complementar mi formación y fui a Francia a hacer mi doctorado, que fue meramente sobre nutrición animal.

 

Un enfoque distinto sobre la nutrición animal

La nutrición animal es considerada uno de los tres puntos básicos de la producción (salud, nutrición y reproducción), la cual ha evolucionado mucho desde que incursioné en el área; antes era visto el animal sólo como organismo animal, es decir, no se pensaba en que iba a convertirse en alimento humano.
Fue con el surgimiento de nuevas áreas en el campo de la veterinaria y la producción animal -en este caso, la inocuidad alimentaria-, que la gente comenzó a preocuparse por lo que comía. Antes, las personas comían porque tenían que comer y comían lo que el dinero podía comprar.
La preocupación por la salud humana llevó, entonces, a considerar que la nutrición del animal podría ser una fuente de salud o de enfermedad para el humano. Así, se comenzó a cuidar más al animal y lo que comía, pues éste va a incorporar en su músculo (que es nuestra carne) el alimento que se le destine dependiendo de si queremos un animal más desarrollado o menos desarrollado, con más o menos grasa, etcétera.
En la actualidad, la línea de investigación que desarrollo es sobre lo que llamamos salud intestinal, es decir, el cuidado del intestino animal que es la puerta de entrada del alimento. En el pasado, la salud intestinal era controlada en torno a los antibióticos. Los mismos antibióticos que nosotros empleamos, les eran prescritos en pequeñas cantidades y, con ello, se controlaban las poblaciones bacterianas perjudiciales a la salud del animal y la nuestra.
En las últimas décadas, se ha observado un incremento en la resistencia a los antibióticos; cuando uno se enferma y toma un antibiótico, éste no sirve, las bacterias se han hecho resistentes a él. Una de las causas, si bien no la principal, es que al compartir hombres y animales prácticamente las mismas bacterias, si éstas se tornan resistentes en el animal, al comerlo se transfiere esa resistencia a los humanos.
Ante la adquisición de dicha resistencia a los antibióticos, en los últimos años, en Europa se prohibió el uso de antibióticos en la alimentación animal. Allá tienen mucho más control, han promulgado nuevas leyes que obligan a tener medicamentos para uso veterinario diferenciados de los de uso humano.
Ésta ha sido mi línea de investigación en los últimos años: buscar alternativas nutricionales al uso de antibióticos, que controlen los problemas intestinales, principalmente diarreas. Yo trabajo con lechones, que son los más susceptibles a la falta del antibiótico debido al estrés que sufren cuando se destetan. Hay animales que no resisten y mueren. Dentro de las alternativas que he encontrado está la incorporación de alimentos funcionales a la dieta -como los probióticos- y la disminución de la cantidad de proteína que se les da al comer para, con ello, cambiar los patrones de fermentación y controlar algunas bacterias.

 

Las granjas de cerdos en el mundo

Hay una línea común entre las granjas de cerdos en el mundo. Hoy en día, subsiste el sistema de traspatio, muy propio de América Latina, que no vamos a encontrar en Europa o América del Norte; sin embargo, a nivel de granjas tecnificadas es muy uniforme en el mundo su manejo, no hay mucha diferencia.
Tal vez, lo que ha diferenciado a Europa del resto del mundo es su población mayormente preocupada por la salud y el bienestar animal. Europa tiene más tradición en ese sentido que EE.UU. y Latinoamérica. Yo estudié en Francia y, aunque no era como es actualmente, estaban presentes: el concepto de los alimentos bio, los mercados de los pequeños productores que hacían quesos, carnes y embutidos orgánicos… Su preocupación por la salud viene de muchos años atrás, tal vez por el tipo de producción que persiguen, más casera, más familiar. Son granjas tecnificadas pero atendidas por una familia. Esa es la gran diferencia. En México y en EE.UU., las granjas tienen un dueño y un grupo de empleados que las atienden, en Europa utilizan toda la tecnología existente pero en un entorno familiar.

 

Fotografía: Jorge Alcántara

La pasión por la docencia

Lo que más me gusta ser es profesora, la parte académica es la que más disfruto. He tenido muchos estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado, son mi mayor tesoro. La docencia junto con la nutrición animal y, dentro de la nutrición, la fisiología digestiva es lo que podría considerar más importante.
Mi grupo de trabajo es el único en México que estudia al animal por dentro, no sólo lo que consume, y la preparación que debe tener para ser aprovechado como alimento: estudia la digestibilidad de los alimentos.
Cuando llegué a México, establecimos la metodología para trabajar aspectos de digestibilidad en cerdos. En bovinos es un tema de tradición pero en cerdos, no. La multidisciplinariedad es una de nuestras características, trabajamos con patólogos, cirujanos y biólogos moleculares. En estos 19 años de trabajo en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), hemos conseguido ir de lo macro a lo micro y eso sólo se debe al impulso que nos han dado los alumnos. 

 

El arribo a México

Fue algo que respondió a un aspecto muy personal de la vida. Los mexicanos y los brasileños se entienden muy bien. Cuando llegué de Francia, al terminar mi doctorado, conocí a mi marido. Estábamos en el área de nutrición animal de cerdos, trabajábamos en el mismo laboratorio y nos hicimos amigos.
Él trabajaba en la Universidad Nacional Autónoma de México y estaba becado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), mientras que yo estaba adscrita a la Universidad Federal de Bahía y becada por el Ministerio da Ciência, Tecnologia e Inovação. Ambos teníamos que regresar a nuestros países, yo me fui a Brasil y él para acá. Era una época en la que Brasil estaba muy mal económicamente y México era lo máximo.
Entonces, pagué el tiempo que tenía que estar en Brasil por la beca y nunca conseguimos un trabajo para él allá. Brasil era muy especial en cuanto a la revalidación de estudios, y es que durante el gobierno militar, se cursaba la materia de Estudio de problemas brasileños, por la cual ningún extranjero podía revalidar sus estudios al no contar con ella.
Fue hasta después, con la democracia, cuando enviamos todos sus documentos, sin embargo, entró en huelga la Universidad y nada se pudo hacer. Entonces, decidí venir a México con un permiso por dos años de trabajo que me dio la Universidad Federal de Bahía. Llegué a Veracruz por una cátedra que en esa época se llamaba Cátedra patrimonial de excelencia de Conacyt, que era para extranjeros.
Eran sólo dos años de permiso y tenía que decidir qué hacer. Como él nunca pudo revalidar sus estudios en Brasil, pues yo ya estaba aquí y aquí me quedé. Aquí se me abrieron las puertas. Cuando ya no pude estar en Veracruz, pues me quitaron la beca del Conacyt a causa de que el país entró en recesión en 1995, el Dr. Armando Shimada Miyasaka me rescató. ¡México me ha acogido muy bien!
La decisión de trasladarme a Querétaro la tomé en la entrevista que sostuve con el Dr. Shimada en uno de los congresos de la Asociación Mexicana de Especialistas en Nutrición Animal, A.C. (AMENA). Él me habló del proyecto de la Facultad de Ciencias Naturales de la UAQ en el que estaba participando y de la posibilidad de incorporarme en él. Entonces, mientras mi esposo se había integrado al Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap), yo hice lo propio en la UAQ, lugares en los que hemos trabajado para hacer de ellos unas mejores instituciones.

 

La presea Dr. Salomón Morelés 2015 de la AMENA

No me la esperaba, creo que hay personas mejores que yo. Fue una sorpresa; no el que me dieran la presea, sí que me postularan mis compañeros. Fueron seis colegas quienes me postularon. Son personas que conozco, con las que tengo buena relación, pero de las que no sabía que valoraran tanto mi trabajo. ¡Fue una sorpresa muy agradable!
Desde el punto de vista personal, me da mucho gusto recibirla porque no es fácil alcanzar un logro así en otro país que no es el de uno y siendo mujer en un ambiente en el que predominan los hombres. Significa una gran superación. Toda la vida he luchado, nunca ha sido fácil, cambiar de país, dejar la familia, aprender un idioma que todavía no domino…
Tengo el gusto de trabajar en un laboratorio que es de excelencia, tengo muchos estudiantes desde licenciatura hasta doctorado. Ahora lo que me preocupa y que es exactamente en lo que he estado trabajando es en quién se quedará en nuestro lugar pues, en unos años más, nos vamos. La intención es dejar el laboratorio en buenas manos. Tenemos algunos jóvenes que estamos formando y estamos buscando más que puedan sumarse a nosotros. La idea es pasarles la experiencia y recibir de ellos sus ideas innovadoras, sobre todo en el área de Biología Molecular. Queremos entrar en los nuevos campos de la nutrición animal a partir de los jóvenes.

 

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