Los insectos son como libros: Dr. Robert W.  Jones

L.P.C. Julieta Espinosa

Dr. Robert W. Jones. Fotografía: Jorge Alcántara

Dedicado al estudio de la sistemática y ecología de los insectos, así como de la biodiversidad de ecosistemas tropicales, el Dr. Robert Wallace Jones Schueneman es iniciador y continuador de una colección única en el estado de Querétaro: la colección entomológica de la Licenciatura en Biología de la Facultad de Ciencias Naturales (FCN) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).
Especímenes organizados y preservados para estudios científicos componen la colección que, además de presentar la historia de la existencia evolutiva de las especies que la forman, constituye una fuente de información invaluable en la atención a problemas como las plagas, la intervención irresponsable del hombre en el medio ambiental y el estado de riesgo de desaparición que presentan algunas especies.
Licenciado en Entomología por la Universidad de Massachusetts, Maestro en Ciencias y Doctor en la misma rama por la Universidad de Texas A&M, el Dr. Robert W. Jones compartió con Serendipia su experiencia de 17 años al frente del laboratorio y la colección entomológicos académicamente más importantes de la entidad. Una charla que refleja su trayectoria académica orientada al estudio de los insectos y que lo ha hecho miembro de la Entomological Society of America, la Sociedad Mexicana de Entomología, la Coleopterist Society y del Sistema Nacional de Investigadores en su nivel II.


El inicio de la colección entomológica de la FCN-UAQ

Inició cuando yo ingresé a la UAQ en 1996. Anteriormente, yo había estado en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) en San Cristóbal, Chiapas, donde apoyé en la formación y consolidación de su colección entomológica, y en la alimentación de sus bases de datos computarizadas. En la UAQ, uno de mis principales objetivos fue, entonces, iniciar una colección entomológica de investigación y docencia para la Licenciatura en Biología de la FCN.
Empecé casi de cero, tuve que conseguir gabinetes con la ayuda de la UAQ y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), buscar carpinteros para hacer las cajas, y… siempre quise partir de cero con alta calidad y un elevado nivel de investigación.
Ha sido una lucha constante, por ejemplo, conseguir la espuma que soporta los alfileres significó un reto, ya sabes, en México, uno tiene que conocer muy bien a todos los proveedores para llegar al producto que necesita.

 

La importancia de las colecciones entomológicas

Siempre he colectado insectos, desde mis 12 años, y puedo decir que son una fuente de información de importancia no sólo para la biodiversidad, sino también para cuestiones -por ejemplo- de manejo de plagas; y es que el paso principal cuando se presenta una plaga es identificar de qué se trata. A manera de anécdota, en los 90, presté mi auxilio al Comité Estatal de Sanidad Vegetal de Querétaro, A.C., que llevaba a cabo un proyecto de lucha contra chapulines y desconocía con certeza de qué plaga se trataba.
Las colecciones entomológicas tienen además importancia en el control biológico de plagas, es decir, el manejo de éstas mediante el uso de depredadores, parásitos u otros medios naturales. Esto es de suma importancia, ya que muchas veces se presentan problemas de plagas en el campo por el sobreuso de insecticidas, al eliminar todos los enemigos naturales de éstas.
También la entomología médica es impactada por las colecciones, ya que los insectos y arácnidos son los vectores (portadores) más importantes de enfermedades como el dengue, la malaria, Chagas, entre otras.

 

Las formas de colecta

Hay muchísimas maneras de colectar, está la forma de mano, las redes de golpeo y las redes de mariposa que son las técnicas más generales, cada una con sus ventajas y desventajas.
Yo uso un aspirador para los insectos pequeños. Generalmente, los estudiantes en las clases de Entomología van sobre los insectos grandes, pero la mayoría de las especies son pequeñas, tanto que no se pueden apreciar realmente hasta que se ven bajo un microscopio. También, se pueden poner trampas en el suelo, tales como unos vasos al ras del suelo en los que los insectos caen mientras caminan.
Hay redes de golpeo con las que se pega a la vegetación y los insectos caen; hay trampas malaise, que son una especie de tienda de campaña para colectar insectos voladores; hay redes para insectos; y una de las técnicas más famosas: colocar carne podrida, se pone y llegan gran cantidad de insectos.
Colectamos también de hojarasca porque hay una cantidad enorme de insectos y muchas especies nuevas en todos los grupos, son súper endémicos. Uno de los proyectos que estamos desarrollando corresponde a éstos; en él, un estudiante de Biología, Jesús Luna, efectuó la revisión de un nuevo género de hojarasca en Chiapas y encontró 39 especies nuevas. ¡Tienen una diversidad increíble!

 

La colección entomológica de la FCN-UAQ

La mayoría de los ejemplares de la colección pertenecen a la súper-familia Curculionoidea (picudos o gorgojos), pues esa es mi área de interés. Casi no hay especialistas en ella, pero es una de las familias más grandes con al menos 70 mil especies en el mundo. Es maravilloso pero también es una pesadilla porque hay tanta diversidad que, probablemente, 50% de las especies de México no se han descrito. Sobre ella, acabamos de terminar un proyecto de Conabio, en el que presentamos más de 300 especies identificadas en la colección.
Tenemos una colección más o menos grande de mariposas, que quiero crecer porque son de los grupos más fáciles de identificar. La colección incluye también insectos acuáticos, de gran importancia en lo relacionado con la calidad del agua, al ser indicadores de ésta.
Otras colecciones son la de insectos de hojarasca, en la que un posdoctorante ha emitido nuevos registros de hormigas para Querétaro y el país; y la de plagas agrícolas básicas de Querétaro y la región, iniciadora de mi trabajo en la entidad.

Fotografía: Jorge Alc´ántara

Para ser entomólogo se necesita…

Primero, un amor enorme a la naturaleza; segundo, curiosidad y, tercero, superar el miedo natural a los insectos. Recuerdo que a mis doce años, encontraba un nuevo insecto y decía: «¡ah, qué es esto, ah!», pero ese temor se supera conociéndolos. Esa es una tarea importante de los entomólogos, erradicar la entomofobia natural de la gente. Todo cambia cuando a la gente se le dice: «ese insecto no pica, hasta puede tomarlo».
Factor fundamental para un entomólogo es el gusto por el campo. A mí me gusta mucho, me gustan las aves, las plantas y los insectos… quienes me dan una visión en pequeño de la Naturaleza y con quienes nunca falla encontrarlos; es lo más bonito de ellos, puedes ir a un ambiente muy frío y, aun así, encontrarlos.

 

El futuro de la colección entomológica de la FCN-UAQ

Estamos pensando en desarrollar nuevos proyectos bioinformáticos, con el objetivo de ser una referencia sobre la biodiversidad de Querétaro, mediante la conjunción de información básica y la resultante de la atención de áreas específicas.
En ese sentido, los insectos son como libros. Es un animal en un alfiler pero tiene una historia detrás, tiene conectada toda su información taxonómica. Tal vez, uno no vaya a leer un libro viejo en la biblioteca hasta que surja un tema importante que nos lleve a él o, en este caso y a manera de ejemplo, emerja una plaga.
Ahora, como consecuencia del cambio climático están apareciendo ciertas plagas en sitios antes no afectados por ellas. La importancia de estos proyectos, entonces, está en que –en el caso de los picudos de los que soy conocedor-  cada vez llega más gente a pedir el reconocimiento de las plagas, cuya identificación no es sencilla, debe cotejarse y encontrar su clave correspondiente. El objetivo es convertir la colección en un Centro Fitodiagnóstico de Insectos y Plagas.

 

Detrás de un ejemplar

Este tema me gusta. Un individuo es como tú y yo. Está muerto pero tenía vida, tenía un objetivo evolutivo en su vida: tener hijos; si no tuvo hijos, no dejó -en términos evolutivos- su genética. Entonces, tenía una vida y era parte de una población, tenía padres, abuelos y toda una ascendencia extendida a todo el árbol evolutivo.
El insecto estaba dentro de una población como nosotros, con otros individuos en una población grande o chica. Una población hecha de una especie, a veces, extendida hasta E.U.A., a veces, hasta Sudamérica o, a veces, muy restringida en el espacio; pero conectada con otras especies a través de relaciones evolutivas en el tiempo geológico de millones de años.
Cada insecto es una rama de la evolución, una ramita representada en un individuo. Somos parecidos, estamos conectados en el árbol evolutivo; con ventajas y desventajas seguimos vivos y nuestro linaje sigue vigente.

 

La docencia de la Entomología

Me gustan los estudiantes, son entusiastas en lo general y muchos tienen interés en la Entomología, aunque es nuestro trabajo inculcar el interés en ellos. Un docente me dice: «a todos los estudiantes les gustan los insectos», ¡ja!, todos los animales tienen su encanto; los que estudian mamíferos, al ver un jaguar se impresionan porque no se ven mucho; en los insectos, sí, hay mucho estímulo.
Los insectos se ven, se pueden colectar. Siempre pido un año de colecta a mis alumnos. Hacen su propia colección de insectos, bien preparada; y es que soy exigente en la manera del montaje, del etiquetaje, de todo el proceso. La colección es una manera de incorporarse a la Naturaleza, a la comprensión del funcionamiento de los ecosistemas.

 

La Bioética y los insectos

La eutanasia para los insectos que comprenden la colección es realizada mediante el uso de acetato etílico en una cámara letal para una muerte rápida. Hay quienes me dicen: «¡ay, pobrecitos!, matar insectos» y yo no río de eso. Cada insecto es un individuo y lo respeto, por lo que no tomo a la ligera su muerte. Lo respeto, en el ámbito de la Bioética, como un individuo de la colección, importante para su estudio y preservación.
Si damos la vuelta al tema, cuando se habla de Bioética escucho: «¡ah bueno, los insectos qué importan, mátalos si quieres», pero no. Puedo colectar 50 ejemplares pero sin afectar a su población. Estoy quitando la vida a un individuo del programa evolutivo, pero es importante para la ciencia. No hay que quitar a los insectos del campo de la Bioética.

Fotografía: Jorge Alcántara

Los números de la colección

Tras un proyecto de Conabio que estamos terminando con 3 500 picudos, calculo que la colección alberga 15 000 ejemplares. Ese es un número pequeño si lo comparamos con la colección de la Universidad de Texas, en donde estudié, en la que llegan un promedio de 100 000 nuevos ejemplares al año.

El reto de la divulgación entomológica

Yo la veo como un reto como universitario, es parte de nuestro trabajo promover el conocimiento. Tenemos planes para la construcción de un mariposario, para el cual estamos consiguiendo fondos y apoyos. Me gustaría ver cómo sus visitantes aprehenden la idea de la biodiversidad de Querétaro y el país.

 

Su especie favorita

Bueno, uno que describí, una especie nueva llamada Zapote sórdidas que es una especie del semidesierto queretano-hidalguense, muy restringida. Su vida está asociada con la tarea, tiene una vida muy difícil pensando que, al principio, del árbol come sólo las raíces y de adulto únicamente sale en la noche, sube a los árboles, come un poco de hojas, produce huevos y, baja para excavar y esconderse durante el día. Es un bicho queretano, luchador, ahí está haciendo la misma labor todos los días. Los individuos viejos ya no tienen ni un pelo, están raspados por enterrarse y subir todos los días, y continúan. Para mí, es un símbolo muy humilde de Querétaro.

Dr. José Mauricio López Romero, Ajq´ij contemporáneo de México

 

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