ECOLOGÍA DEL PAISAJE HOY

13.12.2017

[Desarrollo sustentable], el peligro de ser irrelevante. Parte VI

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

 

Corría el año 1992, los tiempos eran turbulentos y ¿cuándo no?; ciertamente, la turbulencia venía de antes, de 1991, 1990, 1989, 1988, 1987, después de haberse publicado el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiental y el Desarrollo. En dicho contexto, lentamente se fue gestando un gran acontecimiento, uno que antes de nacer no se sabía lo grande que sería: el 3 de junio de 1992 se inauguraría la Segunda Cumbre de la Tierra, ahora en la ciudad de Río de Janeiro.

 

Poco antes de la cumbre, hubo ciertos acontecimientos políticos y económicos que, sin intención, la marcaron -como dije- para que fuera grande. El 3 de enero se reanudaron las relaciones entre Estados Unidos y Rusia (recordemos que se disolvió la Unión Soviética oficialmente el 25 de diciembre de 1991); y se creó la Unión Europea con el Tratado de Maastricht, el 7 de febrero. Acontecimientos mundiales ambientales relevantes, por su parte, fueron la detección de la gran disminución de la capa de ozono en el Ártico y el norte de Europa, el 4 de abril; y la lluvia de fragmentos de meteoritos del 14 de agosto, en Uganda. En México, algo político pero de materia ambiental sucedió y su trascendencia alcanzó hasta la actualidad: desapareció la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología para dar paso a la Secretaría de Desarrollo Social (8 de abril); y el 21 de agosto, se decretó Reserva de la Biosfera Lacan Tun en Chiapas.

 

Este artículo no es un almanaque de 1992, sólo quise ilustrar cómo los eventos se suceden continuamente para ver que el hoy es un instante en la línea del tiempo, que tiene un pasado largo en el que nosotros creamos escenarios futuros, tantos como decidamos, unos factibles, otros fantasiosos y unos más que se quedarán en el imaginario colectivo. Cuentan los mayores que no hay plazo que no se cumpla, ni tiempo que se detenga; pero como dijo Facundo Cabral, perdón si me puse moralejo.

 

Recapitulando, los acontecimientos político-ambientales iniciados al concluir la II Guerra Mundial (reseñados en la primera parte de esta serie), desencadenaron los eventos de la década de los 60 en materia ambiental (segunda parte) y éstos, abonaron la incertidumbre y acrecentaron los miedos sobre nuestro futuro como especie biológica en la Tierra y de nuestro sistema económico (tercera parte); de tal manera, que el Club de Roma tomó cartas en el asunto, solicitó un informe de las cuentas de la Tierra y le exigió a Naciones Unidas una cumbre urgente para buscar soluciones. En 1972 se desarrolló la primera Cumbre de la Tierra en Estocolmo (cuarta parte); uno de cuyos resultados fue el programa El hombre y la Biosfera y la creación, en 1984, de una comisión para dibujar un panorama de cómo sería nuestro futuro común de seguir con acciones dañosas al ambiente natural, conocida como Comisión Brundtland (quinta parte). Los frutos de esta comisión vieron la luz en 1987 con el informe Nuestro futuro común.

 

El Desarrollo duradero (sostenible o sustentable) saltó a la fama a mediados de 1987, se volvió tema de conversación de viejos políticos, actores, ambientalistas, hippies recalcitrantes, anarquistas optimistas, demócratas desorientados, punks, terroristas, nuevas juventudes políticas, vamos, todos hablaban de este nuevo concepto, pero algo le faltaba a la cultura-mundo para que se volviera la estrella indiscutible de nuestra sociedad hiper-moderna: tener su propia cumbre. Así, cuando la coyuntura política se relajó con los acontecimientos del fin de la guerra cultural fría y la unificación europea, en términos económicos y algunos sociopolíticos, se tuvo el camino llano para la Segunda Cumbre de la Tierra, en un país tropical, altamente biodiverso: Brasil.

 

Relatan los ambientalistas que como todavía estaban embriagados los políticos del orbe por los cambios geopolíticos recientes y, enfrascados en desentrañar los posibles escondrijos económicos del Tratado de Maastricht y el alcance de los resultados finales de la Perestroika en la política internacional, los alcanzó la Cumbre de Río 92 dormidos y firmaron, casi sin darse cuenta, como si estuviesen en un sueño, lo que ya no podrían detener: El convenio de la Diversidad Biológica (México firmó el convenio el 13 de junio de 1992 y lo ratificó el 11 de marzo de 1993). La secuela de convenciones y protocolos derivados de esta cumbre es larga, pero sobresalen: Convención Marco sobre Cambio Climático, Convención sobre la Desertificación, Convención sobre la Diversidad Biológica, Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología (firmado el 24 de mayo de 2000 y ratificado el 27 de agosto de 2002), Protocolo de Nagoya sobre el Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios Derivados de su Utilización (firmado el 24 de febrero de 2011 y ratificado el 16de mayo de 2012), Declaración del Milenio (8 de septiembre de 2000), y Acuerdos de la COP-13 de Cancún -en los que se pretendió detallar las acciones para fortalecer la aplicación del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 y las Metas de Aichi en materia de biodiversidad (17 de diciembre de 2016)-. Todavía no sabemos qué sigue, pero continuará…

 

Alcanzar la sustentabilidad es la meta mundial y el instrumento de la política global es el desarrollo duradero, sin lugar a duda. Además, es el eje vertebrador de toda esta vorágine de cumbres económicas con tintes socioambientales, cuyos objetivos centrales son promover la conservación de la diversidad biológica, el uso sustentable de sus componentes y, la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización de los recursos genéticos.

 

Este concepto sirve, para todo. Por ejemplo, hay más de 96 millones de páginas en Internet que hablan de Sustainable development, de las cuales sólo una 25ª parte es de trabajos científicos, el resto es de cualquier otra cosa. En español, hay un artículo científico en Internet por cada 2,753 entradas de diversos tópicos que hablen de desarrollo duradero, sustentable y sostenible (con aproximadamente 37 millones de entradas). Dicho en otras palabras, es muy bajo el trabajo académico reportado en nuestro idioma sobre este tema, pero es muy prolija la aparición de páginas para hablar de él, tanto que como hemos visto, lo hacen parecer irrelevante. Quienquiera puede hablar de él sin conocimiento de causa, sólo por estar a la moda. El término es un buzzword (palabra de moda que se utiliza más para impresionar que para explicar). Pero nosotros no nos perdamos, desarrollo duradero, mucho más que un concepto es un MENSAJE. Mensaje que al parecer no ha quedado claro: «Si deseamos prosperidad económica a largo plazo hay que proteger el ambiente, erradicar la pobreza y alcanzar la equidad social». Su enfoque actual es a través de la economía verde, recordándonos que es un concepto tan complejo que ha dejado de ser operativo en la toma de decisiones, pero que sigue siendo deseable y, sobre todo, ¡que no se irá!

 

 

 

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