ECOLOGÍA DEL PAISAJE HOY

[Desarrollo sustentable], el peligro de ser irrelevante. Parte IV

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

 

La estadísticas que llevaron a la Organización de las Naciones Unidas a convocar una reunión «ambiental» fueron más de naturaleza económica y social, que ecológica. Ya para finales de la década de los 60, mucho se había hablado sobre si la ecología era un problema social, económico o ambiental. Si fuese del tercer tipo, no sería prioritario ocuparse de ella, aunque en el discurso de todos los políticos del orbe siempre resulta de interés nacional la conservación del ambiente para armonizar el crecimiento económico con el social, y transitar hacia al desarrollo duradero.


Bajo ese tenor, los problemas ecológicos se perfilan dentro de una política coyuntural: se esgrime la ecología como «prioridad» en el momento de hacer proselitismo político para articular estrategias de desarrollo integral; se le utiliza al promover el discurso gubernativo para un crecimiento económico y humano sostenido, sin tener verdadera intención de poner en práctica lo que se promueve cuando se llegue al poder; se utiliza una retórica ecológica para suscitar el uso responsable de los recursos y como acicate para promulgar nuevas leyes o reformas a las legislaciones vigentes con el fin de ganar adeptos políticos, más que con la meta de limitar el poder de la industria y eliminar las externalidades.

 

A principios de 1970, hubo un debate público organizado por el Consejo de Población de Nueva York, que asentó la división del pensamiento que se tenía sobre la conservación ambiental, el desarrollo económico y el futuro de la humanidad, cargando la balanza de la inmadura política ambiental hacia un lado, el de la economía.


El centro de atención fueron dos biólogos famosos por sendos libros que fueron best sellers en EE.UU.: Paul y Ann Ehrlich, quienes escribieron Population Bomb (1968), tomando el título de William Draper cuando estableció la Comisión para la Crisis Poblacional y de un panfleto de Hugh Moore enfocado al control demográfico en 1954. Los Ehrlich eran nacionalistas y fatalistas, en el sentido de que afirmaban que el crecimiento exponencial de la población acabaría con los recursos naturales en unos pocos años y que no tendríamos alimento, ni tierras para producirlo, debido a que el planeta es finito y limitados deben ser todos los crecimientos biológicos. Esta visón del mundo, emanada de una mala interpretación de los escritos malthusianos, proponía severos controles de natalidad.

 

Por otro lado, Barry Commoner, el llamado Paul Rever de la ecología por abrir camino hacia los movimientos ambientalistas bajo el estandarte del eco-socialismo, tenía una postura muy diferente a la oficial, la cual fue expuesta en The closing circle (1971). Este biólogo, que se decía más rojo que verde, acusaba al gobierno norteamericano y sus aliados de ser causantes de los males del planeta por su idea desarrollista a través de un capitalismo salvaje y liberal, basado en una producción que condiciona al consumo, fomentándolo a niveles en los que el mal uso de la tecnología nos acabaría matando: produzco, luego consumes; consumes porque produzco, no porque necesites… y así generamos residuos, deterioramos y contaminamos el entorno natural, al tiempo que enfermamos a la sociedad. Bajo la premisa de Commoner, se han generado cuatro teoremas socio-ambientales interesantes: 

 

 

  • Todas las cosas y situaciones están conectadas entre sí dentro de la ecosfera.
  • Todo residuo y contaminante va a parar a alguna parte dentro de la misma ecosfera.
  • La naturaleza es mucho más sabia que la humanidad y no la podemos mejorar.
  • Todo lo que hacemos tiene una respuesta natural, el daño causado se regresará.


A 46 años de suscitado este debate político, mas no científico, seguimos sin poder decir quién tenía la razón, ya que la política ambiental al radicalizarse perdió su integralidad. Las dos posturas son complementarias, no excluyentes; y en ambas posturas, el gobierno debe generar una política de Estado que controle tanto la natalidad como el uso de nuevas tecnologías y viejas prácticas de producción alimentaria e industrial. No obstante, triunfó el oficialismo y se siguió con el desarrollo duradero propuesto por el Club de Roma, con algunos matices verdes, los cuales se pretendieron declarar en el documento de Naciones Unidas, El hombre y su ambiente. Surge, oficialmente, la era del Antropoceno, para reemplazar, también oficialmente, la del Holoceno.


Si el Holoceno se caracterizó por la configuración de un planeta postglacial sin intervención humana aparente -considerando que la última gran glaciación culminó hace aproximadamente 12 mil años, según Paul Gervais (1867) y la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (2005)-, en el Antropoceno la actividad humana es la que marca las directrices de cambio en el planeta, un cambio abrupto que nace en la primera gran revolución industrial de los Siglos XVIII-XIX y que se consolida con la revolución verde de mediados del S. XX, de acuerdo con el Premio Nobel de Economía 2002, Robert Lucas, continuando con las reflexiones de Paul Crutzen, Premio Nobel de Química 2000. 


Para resumir este contexto histórico previo, durante y post Cumbre de Estocolmo, podría decir que la simiente del concepto de desarrollo sustentable se enraíza en la Economía, más que en la Ecología. Abriéndose una nueva puerta de estudio, la Economía Ambiental (posteriormente se llamó Economía Ecológica y todavía más tarde Ecología Económica, que es casi lo mismo, pero con matices en prioridades, por ejemplo). La razón también es clara, la Economía es la ciencia que versa sobre la investigación de las elecciones más eficientes y de promover su aplicación, a fin de maximizar los beneficios para la sociedad como un todo; toma en cuenta que todas las sociedades humanas están inmersas en un sistema de producción y consumo de bienes y servicios, por cuanto implica hacer elecciones de su uso aún a expensas del costo de oportunidades. Mientras que la Ecología estudia tanto la distribución y la abundancia de las poblaciones biológicas como sus causas, evolución y organización a diferentes escalas espacio temporales. 


Es más fácil entender la vida humana bajo el contexto sociocultural actual, que bajo el contexto de la evolución biológica por selección natural. La mayor parte de la gente se ve alejada de los ecosistemas naturales, pocos asumen que seguimos siendo animales y que nuestra dependencia del medio ambiental es igual ahora que hace un millón de años.  Lo importante, es conciliar nuestra manera de utilizar los elementos de la naturaleza acercando el concepto de capital natural al de bienes producto.

 

 

 

[Desarrollo sustentable], el peligro de ser irrelevante Parte III

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

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