ECOLOGÍA DEL PAISAJE HOY

[Desarrollo sustentable], el peligro de ser irrelevante. Parte III

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

 

De los años 60 mucho se ha hablado, en gran parte, por los contrastes de la sociedad. Los jóvenes se revelaban contra la generación que ostentaba el poder; pisaban fuerte, proclamaban derechos a la dignidad humana y, en general, a la vida. Más enérgica fue su proclama en ese entonces que en 1948, cuando por decreto surgió las Declaratoria Universal de los Derechos Humanos. Los jóvenes luchaban convencidos de lo que decían, tenían pasión, energía para enfrentar cambios fuertes en la estructura de poder de los anquilosados gobiernos que cada día engordaban más, se hacían más torpes y lentos en su actuar para alcanzar consensos político-sociales y todo lo resolvían por la fuerza.

 

Las telecomunicaciones, con la televisión, comenzaban a llegar a millones de hogares de jóvenes capitalinos; extendían su poder de convocatoria, la llamada a salir a la calle, a expresarse, a ser uno mismo en la multiplicidad de la sociedad. Se fortalecía la juventud. San Francisco, era la capital libertaria del mundo, había hippies por todos lados, hetero, homo, negros, blancos y amarillos; el feminismo recurrente se consolidaba: «ni dios, ni amo, ni marido», rezaban pancartas en sus manifestaciones que lo decían todo; nacía un gran himno con muchas letras a ritmo de rock; fusión, por otro lado, de diversas corrientes musicales y culturas radicadas en el seno de la América prometedora. Prometedora de libertad, de un gobierno más anárquico, justo, balanceado y armonioso con la naturaleza humana. Hombre y naturaleza también se volvían a entrelazar hasta refundirse en uno mismo.

 

¿Cómo entender al hombre sin comprender el significado que tiene su naturaleza animal, salvaje, solidaria con otros humanos y con el resto de la naturaleza? Pregunta recurrente en aquel mundo que luchaba por salir adelante. Los movimientos sociales de los 60 y 70 eran pluriclasistas y multimilitantes, el joven universitario se apuntaba a una manifestación por los derechos de las mujeres, tanto como a una por los derechos de los negros o, de los animales y la naturaleza. El sistema capitalista era atacado constantemente por ser portador de las mayores catástrofes ambientales de la era moderna. El dilema moral más grande de nuestra historia crecía: ¿cómo desarrollar cada sociedad sin deteriorar la naturaleza que nos debe abastecer de todos los bienes materiales e, incluso, místicos?, ¿qué importa más, superar la pobreza en el mundo o proteger la naturaleza, cuando las comunidades más pobres habitan en los sitios más prístinos del planeta y su desarrollo social o crecimiento económico entraña la desarticulación de las funciones ecológicas que soportan los llamados recursos naturales materiales e intangibles?

 

Las guerras y la contaminación industrial habían degradado en unas pocas décadas los ambientes naturales y harían insostenible la vida en la tierra como la conocemos, de no actuar rápido y con contundencia. El mismo Club de Roma se tomaba en serio las protestas de los ambientalistas y para 1970 encargaba a Dennis L. Meadows, profesor del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), un estudio sobre los problemas y amenazas reales del modelo económico de crecimiento imperante en el capitalismo.

 

Dicho trabajo se terminó en 1972 y se publicó bajo el título Los límites del Crecimiento. El panorama expuesto por los economistas del MIT era tétrico, a tal grado que declaraban que, de no cambiarse el modelo actual de desarrollo, la situación sería crítica para el año 2000 y catastrófica para el 2100: «Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, contaminación ambiental, producción y agotamiento de recursos, el planeta alcanzará los límites del crecimiento en los próximos cien años». Tanta alarma creó el informe Meadows que Naciones Unidas convocó, a mediados de ese mismo año, a una cumbre en Estocolmo (Suecia), conocida como El Hombre y su ambiente.

 

Si bien es cierto que la comisión Meadows se constituyó en 1970 y fue el detonante final para la cumbre del Hombre y su ambiente, ésta se venía preparando desde años antes por las preocupaciones de los chicos del Club de Roma [Declaración 2398 XXIII (Asamblea General ONU 1968)]. Naciones Unidas, en su resolución 2581 (XXVI) (1969), señaló la urgencia de una cumbre dedicada en exclusiva a temas ambientales: «Servir como un medio práctico para alentar y proporcionar directrices... para proteger y mejorar el medio humano, y para remediar y prevenir su deterioro» (1970). Preocupaba sobremanera que en el futuro no hubiese recursos suficientes para alimentar a la población humana, con un crecimiento exponencial frente a un crecimiento aritmético de la producción alimentaria, lo cual colapsaría indiscutiblemente en poco tiempo el sistema económico impuesto desde la posguerra por Estados Unidos y sus aliados.

 

La declaración UN Doc.A/CONF.48/14, at 2 and Corr.1 (1972) contiene siete proclamaciones y 26 principios, de los cuales transcribo los que más impactan al futuro concepto de Desarrollo Sustentable:

 

«Proclamación 1: El hombre es, a la vez, obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da el sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral, social y espiritualmente. En la larga y tortuosa evolución de la raza humana en este planeta, se ha llegado a una etapa en la que, gracias a la rápida aceleración de la ciencia y la tecnología, el hombre ha adquirido el poder de transformar, de innumerables maneras y en una escala sin precedentes, cuando lo rodea. Los dos aspectos del medio humano, el natural y el artificial, son esenciales para el bienestar del hombre y para el goce de los derechos humanos fundamentales, incluso el derecho a la vida misma».

 

«Principio 2: Los recursos naturales de la Tierra, incluidos el aire, el agua, la tierra, la flora y la fauna y especialmente muestras representativas de los ecosistemas naturales, deben preservarse en beneficio de las generaciones presentes y futuras, mediante cuidadosa planificación u ordenación, según convenga».

 

México envió su primera Ley Ambiental como otros Estados, por lo mismo, esta cumbre es considerada el parteaguas del derecho ambiental mundial moderno. Cabe decirse que en esta misma cumbre se propuso al 5 de junio como el Día Mundial del Ambiente.

 

 

 

 

[Desarrollo sustentable], el peligro de ser irrelevante Parte II

Dr. Pedro Joaquín Gutiérrez-Yurrita

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